Un mundo feliz lejos de corporaciones y algoritmos, sin los vaivenes de una masa despersonalizada.
Por:
Juán Fernando Uribe Duque/Opinión/El Pregonero de Darién.
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| Médico/Juán Fernando Uribe Duque. |
Ese
otro mundo que ya se hace lejano, pero que puede retornar cuando volvamos a ser
hermanos como dice la canción, cuando la mercadotecnia del desespero no irradie
su luz mortífera y nos revele otra vez el engaño fantasmagórico de la vía que
lleva a la destrucción en pequeñas cuotas de placer antes de la catástrofe; esa
posible utopía que nos convoca más allá de la línea de fuga, dibujando paraísos
imaginados donde no hay religiones, ni guerras, tampoco odios... donde el
hombre habite la virtud y pueda morir tranquilo, abrazado y nutrido por el
amor.
Un
mundo feliz lejos de corporaciones y algoritmos, sin los vaivenes de una masa
despersonalizada, donde una subjetividad compasiva e inteligente provoque un
diálogo entre hermanos.
Ese
mundo soñado, el de los cuentos de hadas y brujitas buenas, sin monstruos ni
payasos asesinos, el mundo de un "Nunca Jamás" que se hace posible,
desde una tierra que te mime y te abrace mientras la asumes alegre como su
hermano, con respeto y sabiduría.
Ese
mundo...

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