Los colombianos de a pie no hemos podido entender que defender a Petro, su gobierno, es defender al país, los cambios y la justicia social en general.
Wilmar Jaramillo Velásquez/Opinión/ El Pregonero del Darién.
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| Wilmar Jaramillo Velásquez. |
Cuanta
vigencia cobran hoy las tesis sobre la estupidez del historiador y economista
italiano, Carlo M. Cipolla o del teólogo y filósofo alemán, Dietriech
Bonhoeffer, este último colgado por órdenes de Hitler y quien fuera uno de los
primeros hombres pensantes que advirtiera sobre el peligro del régimen nazi en
el mundo.
Colombia
ha caído en el grado más alto de estupidez y de pereza mental, logramos un
gobierno decente que mira por primera vez la
injusticia social, que lucha contra los poderosos demonios del poder económico y
de la concentración excesiva de la riqueza, para garantizarle los mínimos a los nadies. Pero asfixiados por esa
estupidez incontrolable hoy estamos retrocediendo, al punto de entregar nuevamente el poder a esas bandas criminales
que construyeron un estado para robárselo, para garantizar sus privilegios como
familias de “bien” como se autocalifican, bien corruptas, bien ladronas y bien
abusivas del poder.
No
hemos entendido que tenemos que salir a defender el gobierno de Gustavo Petro desde la trinchera que nos corresponda, desde la posición en la que cada uno
nos encontremos por humilde y modesta que sea.
Defender
a Petro es defender a Colombia, las reformas, la justicia social, es combatir
la desmedida corrupción que se apoderó del país. Petro es un símbolo de
dignidad nacional, no podemos “dejar pasar esta ocasión única y feliz, o ya
veremos los grillos y las cadenas que os esperan” como dice la historia.
Necesitaremos otros dos siglos para volver a tener un líder de estas
dimensiones.
La
bancada parlamentaria, así se incomode ante la crítica, todos los funcionarios
al servicio del cambio deben asumir su papel protagónico en defensa de este
mandato del pueblo, la historia no les perdonaría una actitud distinta.
Las
amas de casa, los obreros, los estudiantes, los intelectuales, los
sindicalistas, los profesores, todos los ciudadanos de a pie, debemos salir a
defender con vehemencia nuestros derechos sin mezquindad, seguir avanzando en
el cambio y no dejarse desviar e hipnotizar por la propaganda fascista de unos
medios de comunicación manipuladores que son propiedad de las mismas familias y
oligopolios que se consideran dueños absolutos de la nación.
"Las masas nunca han sentido sed por la verdad. Se alejan de los derechos que no les gusta y adoran los errores que les enamoran. Quien sepa engañarlas será fácilmente su dueño, quien intente desengañarlas será siempre su víctima" Gustave Le Bon (psicología de masas, 1985)
Será este el destino de Colombia, todo lo que encierra esta frase?. Yo me niego a creer, a resignarme.
Si no tenemos la gallardía, el valor de defender esta oportunidad histórica para lograr los cambios mínimos para el pueblo desprotegido, ante la voracidad de una oligarquía acostumbrada a vivir del sudor de los menos favorecidos, no tendremos derecho a reclamar mañana cuando tengamos la soga al cuello o las cadenas en los tobillos.
Un solo partido
En días
recientes la dirigente progresista María José Pizarro lanzó, una audaz
propuesta para fusionar las 13 agrupaciones que conforman hoy el Pacto
Histórico en un solo partido, nos habla de un frente amplio para el cambio,
algo similar a lo propuesto por el presidente Petro y que pocos han escuchado.
Propone
también la señora Pizarro ingredientes tan vitales, sanos y necesarios para
avanzar, como: grandeza, generosidad y cohesión, ojalá exista voluntad en los
jefes de estos partidos para construir semejante órgano de poder político para
hacer frente real a una extrema derecha siempre unificada a la hora de
torpedear los grandes anhelos del pueblo, como lo han demostrado ahora frente a
las reformas del progresismo.
Hace
unos años en los albores de la creación del Polo Democrático Alternativo se
ventiló una propuesta similar pero los dueños de esos pequeños bloques de poder
se negaron a disolver sus personerías jurídicas, para mantener su pedazo de
poder en la geografía política nacional, más por vanidad, egos e intereses personales
que otra causa.
Hoy el
panorama es otro, tenemos presidente, una visible bancada parlamentaria, amplia
representación desde el poder popular regional, si logramos apartarnos de esos
egos, de ese fatal individualismo, estaríamos dando pasos de gigante en la
construcción de una patria justa.
No será
fácil formar listas y presentar candidaturas, hasta ahora esto ha sido el nudo
gordiano para hacer realidad esta utopía, pero no es imposible, tenemos que
intentarlo.
Para
las elecciones del 2026, jurídicamente es imposible presentar una gran
coalición como las que se han venido dando hasta ahora, entonces es mucho más
imperante la construcción de un solo partido, fuerte, democrático,
pluripartidista, pluriéctnico y pluricultural, que arrope el país que soñamos,
un partido fuerte con grandes opciones de poder, un partido que le devuelva la
dignidad al ejercicio político, que lo rescate de las mafias que lo
corrompieron. Miremos por ejemplo a Morena en México, como está avanzando.
¿Será la suerte de Colombia la misma de Argentina y la mezquindad de nuestra dirigencia prefiere entregar el poder a una fiel copia de Milei en los próximos años?
Bienvenida
la propuesta de la señora Pizarro, manos a la obra, creo que por fin empieza a
tomar fuerza esa propuesta en la que tanto ha venido martillando el médico Luis
Alfonso, siempre preocupado por la falta de un partido de estas dimensiones que
acompañe al presidente, que defienda sus propuestas, sus reformas en el legislativo
y en la calle si es del caso.
Bien lo
ha dicho el dirigente Augusto Osorno, “no debemos renunciar en la búsqueda y
consolidación de la utopía"
Pereira-Risaralda, diciembre-2023.

