En vez de las propuestas y debates sobre el futuro del país, las campañas están jugando a los escándalos, los nombramientos y las negociaciones. Cómo ha cambiado el juego electoral y qué lecciones ha dejado hasta ahora.
Por: Nadia Pérez Guevara* y Camilo Cruz Merchán*/Razón Pública
Análisis de la noticia/ El pregonero del Darién
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| Una compleja campaña |
Un cambio de escenario
Falta
menos de un mes para la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Los
escándalos rodean a las dos campañas que encabezan las encuestas, pero aún no
se producen efectos negativos en las tendencias estadísticas. Mientras tanto
las demás candidaturas ven reducidas sus posibilidades de éxito.
La contienda parece alejarse de los debates televisivos para centrarse en las redes sociales, los medios de comunicación y las alianzas electorales. Algunos hechos mediáticos bordean el escándalo y otros de tipo organizacional han definido el rumbo durante las últimas semanas.
El perdón social y las expropiaciones
Gustavo
Petro encabeza todas las encuestas y es también el candidato que despierta más
temor entre sectores pudientes, por lo cual es natural que contra él se hayan
enfocado las baterías mediáticas.
La
visita del hermano de Petro a la cárcel La Picota de Bogotá desató una
discusión alrededor del “perdón social”. Noticias Caracol publicó un reportaje
donde informaba que el candidato habría ofrecido rebajar las penas a algunos
reclusos a cambio de apoyo político. Mientras tanto el candidato ofrecía
explicaciones confusas que, en vez de aclarar la situación o el papel de su
hermano, produjeron un escándalo que muchos consideraron como un quiebre e
incluso como el final de su campaña.
A
lo anterior se sumó la solicitud de Petro a Piedad Córdoba de retirarse de las
actividades de campaña, hasta aclarar su situación sobre la Farcpolítica, las
visitas a las cárceles y los presuntos vínculos con Alex Saab.
Federico
Gutiérrez causó otro hecho mediático el 18 de abril, cuando ofreció una rueda
de prensa desde las afueras de la Picota, donde expresó que aumentaría las
penas de los corruptos en vez de rebajarlas. También comentó que la decisión de
Petro era un pacto criminal que denominó el “pacto de La Picota”.
Otro
escándalo surgió en torno al tema de la expropiación, uno de los principales
miedos alrededor de las propuestas de Gustavo Petro. Sus adversarios
aprovecharon la polémica sobre la expropiación de los aportes pensionales de
los colombianos; incluso el presidente Duque –como otras veces– participó
indebidamente en política.
Por eso, Petro y Francia Márquez convocaron una rueda de prensa donde anunciaron su compromiso de no expropiar en caso de obtener la victoria. Este compromiso se cerró con la firma de un documento ante un notario público. Pero más allá de su invalidez jurídica, este hecho muestra la tradición legalista del país y la desconfianza generalizada en los políticos.
Nombramientos con tinte electoral
Las
campañas oficializaron los nombres de los jefes de debate y estrategas de los
candidatos más importantes en la última semana.
Gutiérrez
designó como jefe de debate a Luis Felipe Henao, exministro de vivienda
(2013-2016) y ficha fundamental para el jefe de Cambio Radical, Germán Vargas
Lleras. Esta situación produjo dudas sobre el apoyo del partido y de Lleras a
la campaña, pero Henao expresó que su adhesión y trabajo era a título personal.
La esposa de Vargas Lleras aprovechó la ocasión para acusar a Henao de traición
en sus redes sociales, aduciendo temas eminentemente personales.
Por
su parte, Petro sorprendió con el nombramiento de Alfonso Prada como jefe de
debate, quien es reconocido por ser amigo del expresidente Santos,
exrepresentante por el Partido Verde (2010-2014), miembro del gabinete de
Santos como director del SENA (2014-2017) con una gestión muy discutida, y por
ser exsecretario de la presidencia (2017-2018).
Algunos leyeron su entrada como un guiño desde el “santismo” a la campaña, pero también como una muestra más del pragmatismo electoral bajo el cual opera Petro en 2022.
"En esta ocasión la inasistencia del candidato parece mostrar un agotamiento de esta práctica. Aunque es necesaria y saludable, deberían reducirse los debates para aumentar el costo de la inasistencia de los candidatos, como sucede en Estados Unidos, México o Francia"
Finalmente,
la campaña de Sergio Fajardo anunció el ingreso de la firma
norteamericana Precision Strategies, firma que ya había trabajado en
Colombia con Santos en el marco del proceso de paz como asesores de estrategia.
Por
otro lado, el senador electo de la coalición Centro Esperanza, Ariel Ávila, se
autopresentó como jefe de debate de Sergio Fajardo contra Gutiérrez, lo cual
produjo discusión dentro de la campaña que tiene como base discursiva la no
polarización y el “cambio sereno”.
Ávila
ha entablado duros debates con varios sectores políticos, principalmente contra
el uribismo; esto ha incomodado al Nuevo Liberalismo. Por eso la coalición ha
reiterado que Juan Fernando Cristo es el jefe oficial de debate.
Las dos alianzas
El
director general del Partido Liberal, César Gaviria (1990-1994), oficializó la
adhesión del partido a la campaña de Gutiérrez mediante un video-comunicado
conjunto y un documento de recomendaciones de “cambios sociales” sugeridos al
candidato. Aunque el documento es simbólico y no obligante, la adhesión de
Gaviria marca un golpe a las gestiones de los liderazgos tradicionales dentro
del Pacto Histórico como Roy Barreras, quien pretendía la adhesión liberal para
las elecciones y la formación de bancadas legislativas.
La
respuesta de la campaña Petro fue llamar la atención sobre las adhesiones de
los liderazgos regionales del Partido Liberal, especialmente de los
representantes elegidos o en ejercicio, y los integrantes de corporaciones
públicas y de directorios regionales. Esta estrategia es liderada por el
senador Luis Fernando Velasco y hasta el momento ha conseguido la adhesión de
seis congresistas electos en 2022.
Por
otra parte, crece el rumor de una alianza entre Rodolfo Hernández y Sergio
Fajardo. Este tipo de uniones recuerda el caso de la adhesión de Antanas Mockus
a la campaña de Noemí Sanín en 1998 o la de Fajardo a Mockus en 2010.
El
rumor podría decidirse mediante encuestas; pero las penas previstas por la ley
para quien se retire después de ir a una consulta interpartidista permiten
suponer que Fajardo sería el candidato oficial. Los resultados de la encuesta
de Invamer del 29 de abril en la que Fajardo alcanza apenas un 6,5 % y
Hernández un 13,9 % de la intención de voto alejan cada día más esta
posibilidad.
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La estrategia de Petro
Petro
no ha asistido a los debates presidenciales. En esta ocasión la inasistencia
del candidato parece mostrar un agotamiento de esta práctica. Aunque es
necesaria y saludable, deberían reducirse los debates para aumentar el costo de
la inasistencia de los candidatos, como sucede en Estados Unidos, México o
Francia.
Las
elecciones legislativas del 13 de marzo desgastaron unas campañas que aún no
consiguen despegar nuevamente. Parece que quedan atrás los debates, los
discursos de campaña y el manejo de las emociones con altos efectos mediáticos.
Esto podría atribuirse a dos factores: el perfilamiento de Gustavo Petro como
ganador en todas las encuestas y la dificultad de las demás campañas para
encontrar un relato propio.
Foto: Facebook: Gustavo Petro - Petro lidera todas las encuestas y por eso atrae la atención de las demás campañas.
Petro
encabeza todas las encuestas y por eso atrae la atención de las demás campañas.
Esto produce un desgaste en el candidato y hace que no se preocupe por la
agenda mediática como hace cuatro años, cuando no se perfilaba tan claramente
como ganador.
El candidato está más enfocado en descentralizar sus acciones y aumentar sus intervenciones públicas por distintas regiones, lo cual reduce su presencia en Bogotá (lugar de los grandes debates). A esto se suma la instalación de Francia Márquez en Medellín, una estrategia para aumentar el apoyo en un departamento de mayoría uribista.
Jugándole a las otras campañas
Las demás campañas no logran conectar con el electorado. Fajardo intentó un cambio cromático en sus anuncios publicitarios, pero no son claros el énfasis de los nuevos colores y el rumbo de su imagen. Por eso no se obtuvo el efecto esperado. Lo mismo ocurrió con la presencia de María Ángela Holguín, excanciller (2010-2018) y pareja de Fajardo, en algunas actividades de la campaña como un esfuerzo por incluir su experiencia y de destacar el lado humano del candidato.
Finalmente, Federico Gutiérrez no logra transmitir otra idea que ser el candidato anti-Petro. Aún no propone un mensaje claro del país que desea construir por la desventaja de ser el candidato que representa la continuidad del gobierno actual y del uribismo. Eso sí, cada día suma más apoyos por parte de sectores de la política tradicional.
Dos lecciones
Este
proceso electoral ha dejado dos lecciones de real interés para el futuro.
Primero,
hay que tomar en serio el papel de las instituciones para garantizar la
transparencia del proceso electoral y la imparcialidad ante las preferencias de
la ciudadanía, en especial por parte del presidente de la República y de las
Fuerzas Armadas. El presidente Duque ha promovido la candidatura de su interés
y ha criticado las propuestas del candidato que encabeza las encuestas. Estas
intervenciones contradicen el principio de imparcialidad y permiten, de manera
todavía más irresponsable, que la cúpula de las Fuerzas Militares intervengan
en política.
En segundo está el papel de los medios y su capacidad de influir en las decisiones del electorado. El caso de La Picota, las supuestas visitas de Piedad Córdoba o la noticia falsa de las declaraciones del excontralor de Venezuela, muestran la necesidad de una seria reflexión editorial sobre los contenidos y la claridad de la información.
Nadia
Pérez Guevara* y Camilo Cruz Merchán*
*Politóloga de la Universidad Nacional, investigadora del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Autónoma de Bucaramanga IEP- UNAB. **Politólogo de la Universidad Nacional, doctor en Ciencia Política de la UNAM, docente de la facultad de Ciencias Políticas y Gobierno de la Universidad Bolivariana, Bucaramanga.
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| Nadia Pérez y Camilo Cruz |







