No sabemos si primero fue académico y luego poeta o las anteriores juntas, pero en ambas se mueve con facilidad, tal vez el bardo más prolífico de Urabá.
Terminando
la tarea de leer un amplio paquete de libros que tengo en espera desde hace
rato, hoy le tocó el turno a “La Ortiga Lunar, justamente de Juan Mares, un escritor
que en esta parte del país no necesita presentación, toda vez que es un
referente cultural.
| El poeta/Juan Mares |
La
mayoría de escritores jóvenes de Urabá y hasta los viejos, han pasado por las puntadas
que Juan les da a sus trabajos, su impulso, su ánimo y acompañamiento.
Al
observar este reciente libro, uno se queda sorprendido con todo, su impecable presentación,
la calidad del papel, la edición en general, en la que no se dejó escapar
detalle alguno, trabajo que estuvo a cargo de la poetisa Marta Quiñonez, con portada
de nuestro reportero gráfico insignia, Francisco Luis Barrientos, el popular
Kico.
Luego
el lector se encuentra con un bellísimo prólogo escrito por Omar
Gallo, quien nos deja muy poco por decir sobre la obra, allí lo dijo todo, bajo
un limpio escrito literario, envidiable en el cual describe al poeta y su obra
con finura, con un agradable estilo, que provoca, que invita a la lectura.
Omar
Gallo deja entrever en este corto, pero ameno prólogo su vasto conocimiento de
la poesía en todo su entramado mundo.
Siempre
he afirmado que el poeta tiene que ser un gran observador, humanista por
naturaleza, de lo contrario su poesía sería fría, insípida, poco digerible al
gusto por las letras, porque la poesía es música, que ayuda comprender la vida,
la existencia, que nos muestra humanos, sensibles, más sociables. Por ello es
que nunca muere y acompaña al ser humano desde sus orígenes.
La
Ortiga Lunar, es eso observación, desde los pálpitos más inimaginables, a veces
casi insignificantes en la cotidianidad, pero que el poeta con la fuerza de su
palabra levanta con ímpetu.
Esta
es tal vez la obra más universal de Juan Mares, no solamente por la calidad del
escrito, sino por la rigurosidad de su presentación estética y sonora.
El libro es también un compendio de los caminos cruzados por el poeta, allí está el paisaje tropical, su naturaleza viva con sus colores y sus ríos, todo junto en un solo verso, un solo poema, pero también hay retazos de otros mundos poco explorados, otras latitudes dispersas en un cosmos infinito.
Vengo
del celta
Atravesando
el tiempo
Soy
el gran lobo.
Llovizna
tanto
No
deja de lloviznar
Alguien
llora hoy.
¡Cómo
aplauden hoy
¡Las
aves en su vuelo!
Viento
que cruza
¡Hay
castañuelas!
Ronda
de mariposas
¡Tarde
florida!
Son
gajos frescos
¿verdes
astas de alce?
¡Helechos cuernos!
En
rebanadas
Con
acidez de estrella
Los
carambolos.


