Concursar es también una forma de poner a prueba el talento, hacer autocrítica al trabajo y pulirlo hasta alcanzar un buen nivel estético en la obra.
Por: Iván
Graciano Morelo Ruiz/Opinión/ El Pregonero del Darién
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| Iván Graciano Morelo Ruiz |
Especial
para El Pregonero del Darién:
Los
autores y los libros poseen variados medios y formas de reconocimiento, además
del que le otorgan los lectores comunes que, puede discutirse, es el más
importante. Uno de estos medios es el premio por concurso o el estímulo al
talento. Mucho se ha discutido en tertulias y cenáculos literarios sobre lo que
habría de verdad o justicia en los veredictos de los jurados literarios, valga
para otras disciplinas estéticas.
¿Es la
literatura premiada y estimulada la mejor literatura? ¿Tales obras representan
la concepción de 'gran obra'?
Cuando se premia a un autor o una obra es precisamente por méritos y no tiene que ser necesariamente una 'gran obra', en el sentido de ser la obra total o perfecta. En ese sentido, reconocer o estimular en un concurso la producción, creación, recreación literaria o artística de un escritor, pintor o músico, es porque seguramente hay en él (y nadie puede quitar que también en los otros concursantes) alguna fortaleza y mérito estético suficientes como para resaltarlos por encima de los demás. Sin embargo, en las decisiones de los jurados siempre habrá elementos de juicio subjetivos y objetivos, que se inclinarán en favor de ésta o aquella obra según un sistema complejo de circunstancias que operan a lo largo del proceso de evaluación y selección. El escritor colombiano Evelio José Rosero, por ejemplo, cuenta que, en 2006, su novela Los ejércitos fue ganadora del Premio Tusquets por puro azar. Él había enviado la obra a Argentina, una de las sedes del concurso, y allí los pre lectores la rechazaron en primera instancia. Uno de los editores de Tusquets en España viajó a Argentina a ver cómo iba el proceso de evaluación y le dio por mirar los trabajos rechazados.
Le interesó
la novela, la leyó con entusiasmo y se la llevó para España a mostrársela a los
otros editores, los cuales concluyeron que esa obra rechazada, era la ganadora.
Similares a éste existen muchos casos de rechazo (en concursos o por editores)
entre grandes escritores, como García Márquez, Proust, Joyce, entre otros, cuyas
obras han demostrado a través del tiempo tener grandes méritos literarios.
En ese orden de ideas, opinar si es bueno o malo un libro premiado u otra manifestación artística, es de algún modo aventurado siempre y cuando no se tengan sólidos elementos de juicio que deberán ser sometidos al debate para ser probados. Hay que ser prudentes y justos a la medida para no terminar sobrevalorando un trabajo de juventud o lo contrario, desfigurando con golpes de opinión ligera una obra madura, respetable.
Por tanto, se recomienda en
estos casos evitar incurrir en apresurados juicios de valores y en otro de los casos,
evitar caer en lugares comunes, frases hechas y facilistas que no le hacen
justicia a la obra en cuestión. Si existen observaciones críticas sobre alguna
obra literaria (poesía, cuento, novela, ensayo, teatro) ganadora en algún
concurso, el asunto de la crítica, hay que subrayarlo, estaría expuesto a su
vez a una valoración o contra crítica por parte de los lectores y un amplio
círculo de conocedores, pues toda crítica está atravesada simultáneamente por
la subjetividad y la objetividad, que se
entrecruzan de acuerdo a cierto juego de percepciones y apreciaciones
del observador en un momento emocional e histórico determinado. La verdad de la
obra siempre es una construcción compartida entre el autor y el observador.
En todo caso “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Bajo esta premisa podemos mirar un caso. Casi siempre cuando un artista o autor de Urabá, mi tierra y la morada de mis ancestros, recibe un premio o estímulo por su talento literario o artístico, me pongo muy contento y las notas de la alegría tocan el tambor de mi corazón. Si fueron premiados o se les otorgó el estímulo, es porque el cuerpo de jurados (que normalmente está conformado por tres expertos) reconoció en sus obras méritos y eso, no se lo quita nadie, estemos o no de acuerdo. Por eso se llaman estímulos, es decir, reconocimientos públicos, para que los escritores y artistas se animen y crean en lo que hacen, siempre con el propósito de ir madurando sus procesos creativos en el encuentro sinérgico con los lectores.
De ahí que cualquier reflexión o divagación acerca de si un autor
se merece o no tal reconocimiento, debería ir encaminada hacia este fin, el de
contribuir a la maduración de las obras y no al simple escarnio público o enojosa
diatriba. Solo el tiempo y el culto de los buenos lectores otorgarán a las
obras el lugar que se merecen en la historia. Incluso, cabe recordar que han
existido escritores que, sin ser premiados con el Nobel de literatura, cuentan
con una legión de lectores, como los casos de Jorge Luis Borges, Virginia Wolf
o Alfonso Reyes, y mucho se ha discutido sobre las razones de esta otra especie
de rechazo.
Ahora
bien, quien se somete a un concurso, obedece a criterios personales, pero
también los hay quienes son motivados por amigos y familiares para que
participen de esas convocatorias, departamental y nacional, debido a que se
percibe en ellos un trabajo que puede ser meritorio para ser reconocido en su
momento. Concursar es también una forma de poner a prueba el talento, hacer
autocrítica al trabajo y pulirlo hasta alcanzar un buen nivel estético en la
obra, sea ésta premiada o no por los jurados. Queda el valioso premio del
reconocimiento de los lectores.
En todo
caso, van mis congratulaciones para los artistas y escritores de Urabá,
premiados y aún no premiados, que por su talento, disciplina y perseverancia
han participado en convocatorias y algunos, creo que muchos, obtenido reconocimientos
a nivel departamental y nacional, poniendo en alto el nombre de la subregión de
Urabá.
Sea la
ocasión para animar a los que aún y por alguna razón no han presentado
propuestas u obtenido un estímulo con incentivos económicos, para que continúen
trabajando, puliendo, madurando sus escritos y demás trabajos artísticos, de
modo que esas producciones puedan ser impulsadas con recursos públicos y, sobre
todo, darlas a conocer en diferentes espacios de reconocimiento. Ánimo y
muchísimos éxitos para todos.
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