El capitalismo se detuvo en una realidad de narcotraficantes y terratenientes que desencadenaron una cultura de la ilegalidad.
Por:
Luis Fernando Uribe*/Opinión/ el Pregonero del Darién
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| Médico/Luis Fernando Uribe |
Tan
bien estructurada está la urdimbre que su movimiento es cíclico y redundante:
todo sigue igual y la comedia reinicia con los mismos protagonistas. Sólo los
resultados de la actual gestión dirigirán la oportunidad de que el país inicie
un tránsito hacia otra realidad acorde con nuevos tiempos de inclusión y diálogo.
Estamos
cansados de lo mismo, de la misma rutina que trata de recrearse con nuevos
sainetes. Lo verdaderamente importante trata de ser desacreditado con las ya
conocidas tácticas de manipulación del miedo, reforzando la fatalidad de lo que
nunca podrá ser, de lo imposible; se banaliza el mal, se obvia lo que siempre
ha sido para seguir con el viacrucis de un pueblo que es necesario tener en una
precariedad de distractores y mala educación. Es la comodidad que brinda la
ignorancia. Bien decía Pablo Freire, "la educación no cambia el mundo,
pero cambia a las personas que cambiarán el mundo".
Colombia
necesita ahora más que nunca un remozón, un cambio hacia otra dirección. El
país que se produjo es un país donde un núcleo estrecho se hizo al poder
dejando a toda una población desprotegida viviendo de dádivas y rebusque, una
clase media cuyo grado de creatividad y educación es mínimo y una propiedad
privada en manos de unos pocos que no genera trabajo ni riqueza y que sólo
permanece como baluarte de poder improductivo. La transformación de la economía
es raquítica de tipo feudal y rentístico.
El
capitalismo se detuvo en una realidad de narcotraficantes y terratenientes que
desencadenaron una cultura de la ilegalidad, pobreza y caos.
Tratar
de educar hacia la liberación creando un diálogo vinculante constante y eficaz,
es mandatorio; llegar a las regiones con posibilidades de educación y trabajo
es una redención esperada. No hay tiempo para más guerra, es ahora o nunca.
*Médico
pediatra.

