miércoles, 24 de mayo de 2023

“Esta pelea se perdió, Wilmar”

Ha partido un amigo del alma, de esos que dejan huella, ni el grupo de los “Inútiles” en Apartadó ni el grupo de Estudio “Chingalé” tendrán ese motor que nos impulsaba al pensamiento crítico.

Por: Wilmar Jaramillo Velásquez
Opinión El Pregonero del Darién.

Una tarde de tertulia en la casa
  del artista Gonzalo Moreno.

*A la memoria de Rodrigo Patiño Caro.

*A Marielena Valencia, su compañera de viaje.

*Al médico Luis Alfonso Ossa, el amigo que nunca falla.

 Con el alma y el corazón destrozados, despido a mi amigo Rodrigo Patiño Caro, lo despido en físico, porque siempre caminará a nuestro lado como guía y ejemplo del buen ciudadano, de hombre rebelde y firme contra las injusticias, como el espadachín en solitario luchando contra la corrupción. (“Preocupado con tanta corrupción”) se leía en el estado permanente de su teléfono.

Lo recordaré como el devorador de libros que nos movía a leer y hasta nos llevaba los libros para hacernos más fácil la tarea. También lo recordaré en tardes soleadas en la cafetería de Polo, allá en Apartadó, al lado del médico Luis Alfonso Ossa, discutiendo con vehemencia temas de trascendencia, nada de banalidades, nada de mediocridad, allí se aportaba, o se aprendía, no había otra.

Igualmente lo recuerdo en el tercer piso del edificio de Manejemos, (su empresa favorita) donde había montado su cuartel general, siempre rodeado de vistosas obras de arte que había coleccionado con el tiempo, la mayoría compradas a artistas de Urabá a los que apoyaba sin interés, o simplemente de pintores anónimos, callejeros o finas reproducciones traídas de Europa o América. El arte lo iluminaba, lo inspiraba.

Allí nos reuníamos los fines de semana, el médico Ossa muy diligente llevaba el termo de café para mí, mientras que ellos acompañaban la charla con un par de cervezas. En ocasiones tenía listo refrigerio. Era un gran anfitrión.

Al lado de su Marien del alma

Las últimas charlas las realizamos en su casa de Uberaba, una vivienda cómoda, sin ostentaciones rodeada de jardines, arte, mucho arte, una bonita residencia que poco alcanzó a disfrutar.

Rodrigo Patiño llegó a Urabá con aire y espíritu aventurero, llegó como motero, caminante, medio andariego, pero ilusionado en hacer empresa, había estudiado ingeniería en la Universidad de Antioquia en tiempos de turbulencia política y agites sociales.

Desde muy temprano se interesó por temas de la lonja y la propiedad raíz, se   dedicó a estudiar el ordenamiento territorial, hasta convertirse en autoridad en esos asuntos, intentó con varias empresas y negocios, pero finalmente ancló en Manejemos, una empresa de conducción a la que le dedicó mucho tiempo, hasta modernizarla y convertirla en la más importante, seria y responsable de Urabá.

En sus andares encontraría a una joven mujer pereirana, Marielena Valencia, su Marien del alma y corazón, la que sería su compañera de viaje durante su existencia, su parcera y cómplice de muchas caminadas. Su otra mitad.

Fue una tarde de vinos, música y
arte, en la  que participó activamente
 el médico, Luis Alfonso Ossa.

En las afueras de Apartadó había adquirido una parcela que denominó La Candorosa, rápidamente plantó frutales y jardines, muchos jardines, es un bosque tropical, donde iba con su Marien a respirar los fines de semana, en ocasiones invitaba un par de amigos, recorría La Candorosa con ganas, con pasión, nunca tuvo interés de realizar allí una explotación comercial.

Hoy cuando Rodrigo ha partido al viaje inapelable del destino, me alivia haber sido contado entre sus pocos amigos, haber compartido con él tantos momentos de lucidez ideológica e intelectual, de su convencimiento y firmeza a la hora de actuar, de haberme permitido entrar a su casa y haber sido recibido con tanta calidez.

Rodrigo recibió un dictamen de salud muy adverso, hace justamente un año, nos pidió cierta discreción para manejar la situación, quería privacidad con su familia, así lo hicimos; aún bajo quebrantos de salud participó de varias tertulias, hasta su traslado a Medellín para facilitar su tratamiento.

En su apartamento de Medellín lo visité poco, a medida que la enfermedad avanzaba la dificultad para recibir visitas se hizo más difícil y solamente quedó a su lado un reducido grupo encabezado por su compañera de viajes, de aventuras, de dichas y desdichas, que terminó siendo su enfermera, su asistente de cabecera, su guía permanente.

El artista Gonzalo Moreno, disfrutó
al máximo el encuentro.


Desde Apartadó, el médico Luis Alfonso Ossa, uno de sus grandes amigos, hacía recomendaciones y formulaba, acompañaba a la distancia y se enteraba de su evolución por intermedio de Marielena.

Hace una semana hice algunos intentos por ir a saludarlo, pero las condiciones de salud habían empeorado, los últimos dos mensajes no me los respondió.

El 20 de mayo, muy temprano recibí un mensaje de su cuñado don Gustavo Valencia, acordamos tomarnos un café pasado el mediodía, yo presentía que algo no andaba bien, así lo hicimos, nos encontramos cerca del apartamento de Rodrigo por los entornos de Santa Mónica en Medellín.

El rostro de don Gustavo lo decía todo, estaba enjuto, preocupado, no sabía como romper el hielo, hasta que en el segundo café me dijo que Rodrigo lo enviaba a disculparse por no haberme respondido los mensajes, pero que su condición de salud se lo impedía, entendí perfectamente, hablamos de otros temas, además somos paisanos, ambos de Pereira.

Estábamos en esas cuando él recibió un mensaje del apartamento de Rodrigo, le decían que fuéramos a verlo, había cambiado de opinión y de inmediato llegamos al lugar.

Rodrigo estaba sentado en una silla, se veía sereno, había perdido mucho peso y se agotaba al hablar, me escuchó con atención algunos comentarios con los que buscaba paliar la tensa situación.

Solamente estaba su esposa, que le hacía masajes en los pies, un viejo amigo, Raúl Betancurt, don Gustavo y yo, eran pasadas las tres de la tarde, por el ventanal del apartamento que da a los parqueaderos se veía un horizonte oscuro, el cielo se congeló en una imagen lúgubre, sombría, triste, mientras que un frío intenso se apoderaba del lugar.

Los contertulios disfrutaron de la obra del
 artista Gonzalo Moreno, un gran anfitrión

“Va a llover” dijo Raúl- Rodrigo me miró fijamente y exclamó: “Esta pelea se perdió Wilmar, si nos volvemos a ver, bien, sino, también”, y dejó caer la mirada. No hay duda que era una despedida, el frío se hizo más intenso aún, todos bajamos la mirada y nos esforzamos por no dejar salir las lágrimas, un par de minutos eternos, interminables. En ese momento me di cuenta que no había ido a visitar a un amigo, sino a despedirme para siempre.

Un encuentro irrepetible

Raúl me dijo, vámonos que va a llover, yo lo llevo, salimos del apartamento, dejando atrás muchos, recuerdos, muchos momentos de intensos diálogos, dejando al amigo que no volveríamos a ver.

El cielo soltó un torrencial aguacero, mientras Raúl y yo cruzábamos la ciudad en penumbra, casi que, de sur a norte, apenas si nos mirábamos interrogantes.

Hoy muy temprano me han llamado para confirmar la noticia, primero el médico Luis Alfonso Ossa y minutos después don Gustavo. También Raúl me había puesto al tanto de la infausta noticia. Rodrigo había partido para siempre.

Se fue en medio de la serenidad de su hogar, de los cuidados de su Marien, esa mujer valiente, leal y fiel que hace honor a la raza pereirana, que no lo abandonó un minuto. Partió tranquilo.

De verdad Rodrigo que esta pelea se perdió, usted me lo dijo claro, en una voz que se fue convirtiendo en murmullo y que el mar en su inmensidad se fue llevando como un eco perdido en lejanía.

Quiero cerrar estas notas con dos apuntes finales, primero, un abrazo fraternal y solidario para Marielena, mujer fuerte como el acero, digna compañera de viaje de Rodrigo, mis disculpas por haber roto la confidencialidad, el corazón me lo ordenó.

Segundo, me declaro dictador transitorio, y disuelvo tanto el grupo de “Los Inútiles” como el grupo de estudio, “Chingalé”, ya sin el gran timonel no tienen razón de ser.

Una tarde inolvidable, de clásica bohemia

(Las fotos  inéditas, corresponden a una tertulia en la casa  del artista Gonzalo Moreno, en Apartadó, Rodrigo no era muy amante  del protagonismo, de  figurar y mucho menos de las  fotos)

Medellín-mayo 24/2023.

Homenaje en vida

El médico Luis Alfonso, quiso hacer un homenaje en vida, a su amigo, Rodrigo Patiño y por medio de Marielena, le hizo llegar el siguiente emotivo y sentido mensaje:

Siendo el racionalista qué eres, ¡debes seguramente haber empezado ya a pensar que esta la batalla fundamental por existir, al parecer poco a poco la vas perdiendo y no hay mentira por elaborada que   esta sea que logre convencer ahora a esa tu razón de que la batalla por la vida al parecer poco a poco la estás perdiendo!

Médico/Luis Alfonso Ossa B.

No importa ahora, es lo de menos, si es cuestión de valentía o de quién sabe qué otro mérito, el que asumas, como al parecer ya lo haces, la inminencia del fin que todos siempre deseamos que viniese lo más tarde que se pueda.

Y frente a esa lucidez que hoy tienes para entender que esta batalla la estás perdiendo, quienes somos tus amigos, con mucho menos valor que el que tú tienes,  no nos acercamos  de manera frontal  a este complicado  escenario que hoy la vida nos pone, precisamente porque el dolor que nos produce ver al amigo que está perdiendo la lucha por la vida, solo nos permite acercarnos de  soslayo para compartir con él algunos momentos de esa lucidez valiente que le permite   disponer del  tiempo para ir despidiéndose, a la velocidad que la enfermedad se lo permite, de las personas que su vida  han acompañado y seguro que  poco a poco también va despojándose de  todas las demás  cosas que en la vida le han gustado y producido placer  hacerlas.

Por todo ello   Rodrigo hoy nos das muestras de un valor y una mesura consecuentes con lo que todo el tiempo has pensado y actuado frente a tus amigos y fiel a tu forma de concebir la existencia, por eso hoy nos evocas aquella situación profunda y a su vez muy dolorosa, en la que el poeta Miguel Hernández se enfrentaba a la desaparición de su gran amigo el también poeta Ramón Sijé.

Hoy entonces quiero evocar ese homenaje inmenso que Hernández le hace a su amigo para yo también hacerte a ti Rodrigo un homenaje semejante en esa condición de GRAN AMIGO que tú también eres.

Escucha entonces al poeta Miguel Hernández, quien me ha prestado su bella elegía para que yo te haga a ti en vida este homenaje que te debemos:


(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
a quien tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

(Miguel Hernández)

El adiós del médico Ossa

Rodrigo, Cuánto quisimos que le ganaras esta pelea a la muerte.!!!

Para quienes la vida continua, siempre será temprano el tiempo para morir, con mayores veraz cuando quien se va ha sido depositario del afecto de esposo, de hermano, de padre o de amigo.

 Hoy entonces despedimos a Rodrigo a quien nos unía uno cualquiera de estos afectos pero que además de eso representó para todos nosotros el amigo que con el tiempo se volvió entrañable y al que tendremos que acostumbrarnos a no encontrar más a partir de hoy cuando estamos despidiéndolo y a cuya ausencia tendremos que acostumbrarnos desde ya, cuando en los espacios que compartíamos ya no lo encontraremos a él, pero además de que   no estará, tampoco escucharemos ya su voz.

Claro que es irremediable despedir hoy al amigo, pero el recuerdo de lo compartido permanecerá con nosotros en el tiempo y ahí es cuando terminamos transando esa ausencia física por los buenos recuerdos de las cosas que juntos construimos.

Adiós amigo, no pasaste en vano por la vida en tanto son muy fuertes los recuerdos que de ti nos quedan.

Apartadó/25/2023