La pelea contra la guerrilla devino en un circo cuya crueldad y horror nunca serán bien entendidos.
Por:
Juan Fernando Uribe*/Opinión/El Pregonero del Darién.
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| Médico/ Juan Fernando Uribe |
El
desparpajo y la frescura con que Mancuso va narrando todos sus crímenes y los
implicados, parecen no conmoverle y es más, no sabemos por qué no se ve en la
filmación, el vaso con ron Tres Esquinas mientras va contestando al juez las
preguntas por sus desmanes, e incluso da por sabido una serie de olvidos con la
tranquilidad de que fueron muchos, por no decir todos, sus aliados en la gran
orgía de sangre y despojo que protagonizaron y siguen protagonizando las hordas
paramilitares con el pretexto de sanear al país del yugo guerrillero.
De
las 1.200 masacres registradas por la Comisión de la Verdad más de 800 se les
atribuyen durante los casi veinte años de su accionar: seis millones de
campesinos desplazados y otro tanto de hectáreas de tierra expoliadas, son los
resultados a más de miles de hogares destruidos y cientos de madres llorando
sobre la tumba o la ausencia de sus hijos. Los crímenes y las tropelías de la
guerrilla parecen ser un juego de niños al lado de semejante desastre.
La
anuencia con el ejército, con sus generales a sueldo, con los políticos,
(senadores, representantes, alcaldes, gobernadores y presidentes), algo así
como un novelón de corrupción y crimen alimentado por el tumultuoso alud de
dinero y la cultura del narcotráfico, hicieron del fenómeno paramilitar
colombiano el más horrendo espectáculo de infamia y sevicia. Ninguna perversión
en la historia de la humanidad se le compara. Si bien estados de guerra como
las que enlutaron el continente europeo fueron escenario de los más pavorosos
enfrentamientos y degradación, aquí fue un simple juego contra campesinos
indefensos, a quienes asesinaban descuartizándolos con moto sierras, violando sus
mujeres y niños entre borracheras y burlas. La pelea contra la guerrilla devino
en un circo cuya crueldad y horror nunca serán bien entendidos. Basta ver como
crecieron los cordones de miseria en las ciudades para evaluar toda la tragedia
en los campos.
¿Será
suficiente la narrativa de Mancuso para que la JEP y la Fiscalía acusen
formalmente a los implicados? Es la pregunta que todos nos hacemos, pero ya de
antemano conocemos la respuesta. ¿Acaso es la desfachatez con que nos cuenta
todo el vandalismo una prueba más de lo banal que para el colombiano representa
toda esta tragedia apenas comparada con los millones de muertos de una guerra
mundial conservando "sus justas proporciones"? Otra respuesta que ya
conocemos, pues hemos convivido con la aceptación en aras de un temor que
personalidades mesiánicas y vengativas nos han inculcado como redención contra
el mal; al igual que Adolph Eichman (encargado de campos de concentración) al
afirmar con pasmosa convicción que solo cumplía órdenes de sus superiores. O
ese día cuando a Himmler -el jerarca nazi de las SS- se le notaba compungido y
al ser interrogado por tanta tristeza respondió: "Estoy triste por no
tener el tiempo suficiente para acabar con todos los judíos...", son
claros ejemplos de nuestra alienación.
*Médico pediatra.

