sábado, 6 de mayo de 2023

Resultados para un nuevo país

Y es que Barbosa ha sido un pelele, y a ojos vistas se ha rehusado investigar varios delitos escandalosos en la historia actual del país.

 Por: Juan Fernando Uribe*/Opinión/El Pregonero del Darién.

Médico/Juan Fernando Uribe.
Las visitas del presidente a otros países son emocionantes: ver como un muchacho de clase media con un pasado de luchador político, se codea con toda la élite política que ha combatido y la que ahora lo aplaude y escucha atentamente, nos produce regocijo y por qué no decirlo, un delicioso orgullo.

Así lo neguemos, siempre nos ha gustado el boato, y en este instante, mientras esto escribo, muchos están viendo la coronación del eterno príncipe Carlos, por fin rey de los ingleses ya casi octogenario.

Igual sucede con Petro, al fin presidente después de tres intentos y más de veinte años de parlamentario. Tal vez de ahí su desfogue, su gracia y su talante de orador y maestro de juventudes como a veces parece, dado ese matiz académico que imparte a sus intervenciones que ya empiezan a sonar repetitivas y hasta empalagosas.

La realidad colombiana ya está expuesta ampliamente y necesitamos que se inicie el verdadero cambio que el país necesita. Las reformas por llegar están dando el debate en un Congreso renuente y esquivo. Además del fracaso- como era de esperarse- de la coalición, el Concejo de Estado también inicia con tropelías y obstáculos deponiendo al presidente del Senado, hábil camaleón por lo demás. Así mismo el fiscal aprovechando las mieles narcisistas del presidente -ahora paseando en Rolls Royce y cenando faisán con reyes y príncipes-, mete el dedo en la llaga y pone en evidencia cierto afán de desquite y resentimiento que parece sofocar al primer mandatario, pues es evidente que no lo soporta.

 Y es que Barbosa ha sido un pelele, y a ojos vistas se ha rehusado investigar varios delitos escandalosos en la historia actual del país, incluso estamos pendientes del resultado de las investigaciones a los supuestos desmanes del hermano y el hijo del presidente. 

El bloqueo contra la gestión presidencial ya es evidente. La vieja clase política inicia una guerra fría y es en la posesión de la tierra en donde radica lo básico del problema. Los ganaderos que prometieron vender al Estado tres millones de hectáreas fértiles han incumplido. Incluso en el Congreso se hundió un artículo que facilitaba el proceso. Urge entonces como redención fundamental una reforma agraria acorde a la situación campesina para iniciar la siembra y así sustituir importaciones y bajar los precios de la canasta básica. Importar siete millones de toneladas de maíz es un sacrilegio imperdonable en un país agrario.

La cuestión del petróleo y la desaceleración en la extracción de recursos fósiles ya son temas gastados que no es necesario volver a tratar, pues la ciencia ha demostrado la urgencia de su desmonte.

El problema ahora es el manejo de la nueva situación que atañe al gobierno: el bloqueo administrativo y parlamentario y el talante que el presidente muestre para enfrentar los nuevos retos. Ya el orador y el pedagogo han cumplido su misión. La ilustración es suficiente. Ahora se necesita actuar. Las fuerzas y sus protagonistas están en el campo de batalla y a nadie interesa otra guerra civil; a nadie, mucho menos a los grandes terratenientes y comerciantes que tendrían muchísimo que perder. 

Tampoco al presidente que está viviendo su cuarto de hora y que necesita resultados para que sus electores se sientan recompensados. No es con más discursos y homenajes en universidades, ni tampoco aplaudiendo el baile de fandango callejero de su atractiva esposa. Es mostrando resultados claros y concisos.

¿Cómo sacará a flote sus reformas? ¿Será que se hundirán sin ninguna negociación? ¿Mantendrá la rigidez -si se quiere ideológica-, en el proceso de modernización del país? ¿Insistirá en un pacto con todas las fuerzas reaccionarias y corruptas que han gobernado a Colombia?

En las cárceles hay grandes jefes de una mafia que no pasa a manteles en las haciendas de las élites y son poseedores de grandes extensiones de tierra fértil que el gobierno necesita con urgencia. Ellos también son ciudadanos con derechos y en la pretendida Ley de Sometimiento puede el Estado encontrar la redención agraria para el campesino que le ha sido negada en otra instancia.

Colombia se ha convertido - quiérase o no-  en un narcoestado, razón por la cual un gobierno consiente, debe establecer un pacto en el que todos los colombianos, (llámense blancos, negros, indígenas y mestizos, mafiosos, ricos y pobres, protestantes, guerrilleros y católicos) quepamos, para asumir la misión de dar forma al nuevo país que nos merecemos.

*Médico Pediatra.