jueves, 14 de septiembre de 2023

Hace un año

¿Qué sería de Colombia en cincuenta años de seguir cómo vamos? Un país en guerra, segregado, con el 40% de la población en crisis alimentaria.

Juán Fernando Uribe Duque*/Opinión/El Pregonero del Darién.

Médico/Juán Fernando Uribe Duque

(Gasolina y prioridades)

Es muy fácil culpar al actual gobierno del aumento del precio de la gasolina y tal vez del índice inflacionario que se avecina. En menos de dos meses ya los críticos se rasgan las vestiduras mientras los medios aliados a la oposición incendian y alimentan con ejemplos ridículos una supuesta falta de competencia e improvisación.

La Ministra de Minas y Energía es un claro ejemplo, donde por un error de dicción todo el mundo se le vino encima a sabiendas que es una funcionaria altamente capacitada y conocedora a plenitud de la realidad energética mundial.

Sucede que la conciencia cambió y el modelo conservacionista basado en energías limpias se impone exigiendo un decrecimiento en el manejo de recursos fósiles. Parece que nos negáramos a entender lo que la ciencia ya ha demostrado.

¿Qué sería de Colombia en cincuenta años de seguir cómo vamos? Un país en guerra, segregado, con el 40% de la población en crisis alimentaria, los recursos amenazados, una corrupción que ya llega a escenarios surrealistas donde se tienen que desalojar edificios para evitar ser destruidos en un efecto dominó por la amenaza de aquellos que fueron construidos por ladrones como castillos de naipes. Un país con una deuda fiscal cada vez más impagable, con un aparato industrial precario, con un índice de analfabetismo funcional de casi el 50%, sin conectividad, sin agua potable, plagado de concesiones mineras que amenazan bosques, páramos y acuíferos.

Una terrateniencia impía, deforestadora, en donde es más importante el bienestar del ganado que la población circundante sin tierra y comida, muchas veces padeciendo las inclemencias de un cambio climático que los inunda o los atropella con sequías e incendios.

Hablar de un narcotráfico salvaje sin control que todo lo permea y que aboga por ser legalizado para optar por una paz estable dentro de la tragedia social que engendró, es un interrogante que sólo acepta una solución: La paz, como tema de inobjetable importancia.

Colombia es un país extraño, tan hermoso como atípico, lleno de luz y sombras.

No es el desarrollo económico de una clase financiera lo que jalona el país, pues este sólo es un índice de la inequidad y el contrasentido de un neoliberalismo que raya con el límite de una inviabilidad sin retorno.

En una neocolonia como la nuestra, infradesarrollada y dependiente, ya las mentiras de una clase dirigente que se enriqueció robando, despojando y vendiendo al país a las apetencias de las multinacionales y de las capitales golondrinas, o lo que es peor, a los hartazgos por quedarse con nuestros recursos sin importar los daños ecológicos, no convence y no cotiza.

El gobierno ha sido claro y empático al establecer prioridades, y las más importantes, las básicas, son dos: Lograr la paz con el narcotráfico y atenuar el hambre de 22 millones de compatriotas.

El amor: Droga efectiva contra el narcotráfico

 El narcotráfico vino a empeorarlo todo. Además de los últimos coletazos de la violencia partidista, Pablo Escobar y su cultura de terrorismo y dinero fácil, arrasaron con lo poco que quedó de los valores familiares y el tejido social.

Después de haber permeado todos los estamentos de la sociedad y de haberse impuesto como la forma ideal de salir de la pobreza en las clases marginadas, el narcotráfico se tomó el Estado nombrando presidentes y definiendo toda la política colombiana, al crear, además, una guerra fingida contra sí mismo y una imagen que bajo múltiples disfraces ha definido la economía y la cultura popular: música, moda, todo enmarcado dentro de un machismo grotesco aunado a la degradación de la figura femenina y a la apatía por el formalismo laboral, y que hizo del emergente un peligroso resentido social muchas veces despojador de tierra y tirano de las barriadas.

"El problema degeneró en una persecución que fortaleció el negocio y a sus mafias trayendo violencia, corrupción y pobreza"

El campo se llenó de sangre una vez los paramilitares del narcotráfico entraron a desplazar y a disputar con una guerrilla igualmente narcotraficante los territorios y las rutas como es el caso actual de Arauca, Nariño, el Cauca, la zona del Catatumbo y el Putumayo.

El narcotráfico convirtió al nuevo guerrillero en narcotraficante desvirtuando políticamente los antiguos ideales luego de la renuncia de los primeros líderes ya cansados y viejos.

Con el advenimiento de la cocaína, las drogas sintéticas y últimamente los opiodes como el Fentanilo - usado en anestesia-, el problema alcanza connotaciones dramáticas ya que los adictos van en aumento: 30 millones en USA y otros tantos en Europa sin contar el nuevo mercado que se abre a los países suramericanos, África y el corredor asiático.

Desde la guerra de Vietnam y con el surgimiento de la contracultura y el uso de la marihuana, las drogas psicodélicas como el LSD, los hongos psilocibínicos y el peyote, se inició en la administración del presidente Nixon una guerra equivocada contra el narcotráfico producto de la demanda y esta, a su vez, fruto de una drogadicción desmesurada.

Como consecuencia de esa guerra absurda en la que nunca se consideró la recuperación personal del consumidor y sí tomado como un simple delincuente, el problema degeneró en una persecución que fortaleció el negocio y a sus mafias trayendo violencia, corrupción y pobreza en los campos que dejaron de producir alimentos para convertir, a gran parte del campesinado, en cosecheros y esclavo de los laboratorios clandestinos.

Continuar reprimiendo el narcotráfico con las mismas medidas de erradicación, captura o aspersión con glifosato, sólo trae ruina y dolor. En cincuenta años de una guerra impuesta y equivocada lo único que se ha conseguido es fortalecer el negocio y acabar con el tejido social postrando al campo con miles de muertos y otros tantos acabando su vida en las cárceles.

Se debe iniciar un plan a largo plazo para prevenir la adicción y tratar de recuperar al adicto que encuentra en el uso compulsivo de la droga, el sucedáneo para soportar una soledad que de no ser superada con la creación de tejido social y mejores condiciones de vida, lo llevará cada vez más al aislamiento y la depresión.

Cada país, cada sociedad, debe convivir con sus dolores y sus vicios, reprimirlos es permitir el fortalecimiento de las mafias y consolidar la institucionalidad de un narcoestado. No está de más recordar la composición del Congreso con un 60% de parlamentarios relacionados con las diferentes agencias delincuenciales, y en una época no lejana, el 35% paramilitar.

Se impone la recuperación de los adictos con un trabajo tendiente a fortalecer la familia y crear así una nueva generación de colombianos dentro de un sólido tejido social que les brinde protección y afecto.

Drogas como la cocaína y la marihuana deben entrar en la vía de la legalización suprimiendo los componentes adictivos y conservando su valor terapéutico. Ya la marihuana es ampliamente socorrida en terapias contra el dolor, así mismo la cocaína y en sí los derivados de la hoja de coca deben retomar su valor diferente al meramente adictivo, incluso pueden convertirse en renglón importante de la economía al lado del café, las frutas y las flores.

Seguir la guerra es dividir al país entre "buenos y malos" y eso no es otra cosa que condenarnos a muerte.

*Médico Pediatra.