No solo entre los desposeídos se regocija el delito, el hambre es su mejor caldo de cultivo, pero los peces gordos medran en clubes y curules, en las piscinas de sus mansiones.
Juán
Fernando Uribe Duque*/Opinión/El Pregonero del Darién.
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| Médico/Juán Fernando Uribe Duque |
Claro ejemplo son la empresa delincuencial que
construyeron los esquilmadores de Ecopetrol bajo la dirección de un encopetado
familiar de la esposa de Pastrana, o los cuarteles de ladrones del erario en
alcaldías y agencias del Estado.
Militarizar
una ciudad o llevar zafarranchos policiales (Fico) con escándalos,
allanamientos, batidas y/o redadas a los barrios populares con el consiguiente
balance de injusticias y abusos, incluyendo crímenes y desapariciones, es una
política de tierra arrasada solo aplicada en barrios pobres cuya capacidad de
expresión política tradicionalmente ha sido muy poca.
Por fortuna esas críticas que le hace Álvaro
Uribe al alcalde Quintero de ladrón e indiferente con la seguridad ciudadana,
ya no caen en el saco roto de esos procedimientos horrorosos como la llamada
Operación Orión, en donde en contubernio con los paramilitares de don Berna,
arrasaron con guerrilleros y decenas de muchachos inocentes que todavía
palpitan desde lo más profundo de la Escombrera.
No solo
entre los desposeídos se regocija el delito, el hambre es su mejor caldo de
cultivo, pero los peces gordos medran en clubes y curules, en las piscinas de
sus mansiones o en las pesebreras de sus fincas. Ya no se necesitan conciertos
en el Campestre ante los poderosos, mientras demolemos el edificio de Pablo
Escobar, tampoco el llanto de más madres por la muerte de sus hijos inocentes.
El delito se combate sin el pantallazo del escándalo de un allanamiento, la
detención callejera o la intrepidez policial ante las cámaras del noticiero.
*Médico
Pediatr

