Se nos olvidó la Colombia rural, la Colombia que sólo hace presencia en los noticieros para reseñar una masacre o una "minga desalmada".
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| Médico/Juán Fernando Uribe Duque |
Estamos
convencidos que los problemas sólo atañen a las grandes ciudades y los pequeños
centros urbanos a su alrededor. En los municipios el aparente pobre desarrollo
no se da por los reglones de "la ganadería, el cultivo del café o la
agricultura" como se enseñaba en los colegios, sino por los aportes
económicos de sus habitantes que viven en las ciudades y que envían a los familiares
remanentes con que pagar servicios, pintar la casita o surtir la tienda.
La
actividad económica de los municipios sólo involucra a muy pocos ciudadanos, de
ahí que los caseríos pintorescos sólo tengan una fachada bonita, tres o cuatro
fincas grandes, dos gamonales, un cura rico y una población estancada medrando
en el tiempo como si este se hubiera detenido en una estampa multicolor
añorando una prosperidad bucólica pretendida en otra época.
Ese
convencimiento de que todo ha mejorado, eso de "comparar con otros
tiempos" y ver que existe un desarrollo significativo, es consecuencia
natural del arrastre que produce la inercia de la tecnología: Ya hay teléfonos,
claro y también alumbrado eléctrico, mejores servicios públicos. ¿Qué tal que
no los hubiera en las atróficas cabeceras municipales o en los cordones de
miseria y barriadas suburbanas? Es lo mínimo de esperar
Se nos
olvidó la Colombia rural, la Colombia que sólo hace presencia en los noticieros
para reseñar una masacre o una "minga desalmada", la de los grandes
latifundios improductivos, la Colombia abandonada llena de biodiversidad, la
que congrega en sus cuencas fluviales pueblos de inmensa cultura y pobreza, la
que tiene la mitad del agua de la tierra. Esa Colombia solo existe para enmarcar
el abandono, alimentar el saqueo, y propiciar una guerra sorda e interminable.
*Médico
Pediatra.

