El presidente habló del genocidio y el desplazamiento ahora cuando la Justicia Especial para la Paz sindicó a un general de 120 asesinatos de jóvenes inocentes.
Juán
Fernando Uribe Duque*/Opinión/El Pregonero del Darién.
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| Médico/Juán Fernando Uribe Duque |
Dicen ¿No es mejor trasladar el pueblo para que puedan hacer la mina? Pues bien, estos comentarios demuestran toda la pobreza intelectual, la alienación y la falta de sensibilidad social hacia las comunidades que se encuentran en riesgo y que las corrientes políticas de renovación y cambio tienen presentes como protagonistas en la construcción de un nuevo país.
Ya esa
Colombia fragmentada y anacrónica -tal vez no viable-, vive un sopor que impide
pensar, fluir y progresar. Es, en parte, lo que hemos denominado el Síndrome
del Condominio, ese encierro protector en el que muchos medran y hace que vivan
sólo preocupados por una cita médica o por la proximidad del programa de
concurso o el noticiero.
En esa
rutina temerosa y socorrida como bálsamo constante para la incertidumbre, una
noche -antes de empezar un perverso distractor musical de imitadores-
sorprendió a la audiencia una alocución presidencial.
- ¿Pero
¿quién es éste? -me preguntaron- yo
creía que era un guerrillero asesino… pero está diciendo cosas muy interesantes
y muy graves… Y sí, el presidente emergió de los televisores de miles de
hogares colombianos, para abrir la herida y mostrarnos toda la podredumbre que
nos alimenta a manera de postre maldito. Puro veneno para adobar la muerte de
un país en donde aún creemos que los buenos son los que tienen a más de 20
millones de compatriotas aguantando hambre y en donde presurosos destacamentos
de aristócratas y ricachones de siete suelas se roban el petróleo, el carbón,
el oro, el café, el erario… y la tierra.
El presidente habló del genocidio y el desplazamiento ahora cuando la Justicia Especial para la Paz sindicó a un general de 120 asesinatos de jóvenes inocentes. ("ustedes saben que es lo que tienen qué hacer" decía el jefe mayor, y la soldadesca de inmediato salía a la cacería en veredas y barrios en busca de muchachos para asesinar y así ganarse el sobresueldo, la medalla, o una prima extra).
Y todo ello pasó en la tranquilidad de la "Seguridad Democrática". También en esos tiempos, después de las masacres del Salado y Macayepo -tema central de la alocución presidencial -, aparecieron los compradores de "buena voluntad" para apropiarse de las tierras donde antes estaba la finquita, la parcela del campesino o el pequeño emprendimiento agrícola.
Todo ello con la ayuda de notarios corruptos
quienes expedían certificados de libertad y escrituras sobre los nuevos predios
resultado de la alteración de linderos y cambios de la geografía doméstica que
hicieron que el reclamante - muchos años después, de pronto sí frente al
pelotón de fusilamiento- no reconociera el que fue su hogar, su cultivo y en
lugar de ello - como sucedió en tiempos de Laureano- encontrara un trajín de
tractores, ganado o cultivos de palma africana.
Fueron
6.600 hectáreas que Argos la cementera, compró a la fundación "Crecer en
Paz" - rimbombante nombre alegórico a un supuesto proceso de paz y desarrollo-
pero no, es el disfraz con que ocultan la tragedia que dejó a miles de familias
llorando su destino o engrosando los cordones de miseria en las ciudades y
condenando a sus hijos- como escucharon sorprendidos los espectadores de
"Yo me llamo"- a la pobreza y
muchas veces a la prostitución.
Duro fue el estrujón a lo más profundo del corazón de Colombia. Las 780 hectáreas restituidas a los campesinos de la vereda el Salado en el Carmen de Bolívar, mediante sentencia de los jueces, no es una simple donación de buena voluntad como lo quieren hacer ver los medios de comunicación; no señores, es una obligación ante la ley por un robo tras la masacre de más de cien compatriotas. Pero ¿si tendrán con que cultivar esa tierra? me preguntan incrédulos como si el campesino fuera bruto, ignorante y perezoso o como si la tierra no les perteneciera.
Han de saber que el gobierno ha implementado todo un programa de
asesoría y créditos blandos para que la tierra tenga la función social que le
corresponde: ¡la producción de alimentos!!
Todas
las guerras en Colombia han sido causadas por la tenencia inequitativa de la
tierra, y es ahora más que nunca, cuando el desempleo ha disminuido, cuando el
peso es la moneda más revaluada del mundo, los fertilizantes bajaron de precio
y la producción interna de alimentos ha aumentado, que la alocución
presidencial cae como bálsamo de confianza, confirmando su tesón e
inteligencia.
Pueden
armar todos los chismes del mundo, pueden sus cercanos hacer tropelías, bailar
Mapalé y darles gusto a busconas con dineros ajenos; pueden sus copartidarios
entrar en decadencia y rabiar, pero la historia honesta y coherente de este
luchador social saca la cara por el país, y de la mano de quienes han estado
decididos por mostrar la verdad de nuestra tragedia y una esperanza de
redención, se conducirá al país por el camino de la equidad social, el
desarrollo y la paz.
Este es
el momento que esperábamos, y debemos seguir adelante apoyando al presidente
con confianza y contundencia.
*Médico
Pediatra.

