Con un panorama complejo y tras un cierre de año estrepitoso, el gobierno intenta replantear la denominada ‘Paz Total’. ¿Cuáles deberían ser las prioridades?
Sebastián
Zuleta* Razón Pública/Análisis de la Noticia/El Pregonero del Darién.
![]() |
| Las fichas del gobierno en busca de la paz total. |
Los cambios en la ‘Paz Total’
La
salida del gobierno del ex comisionado de Paz, Danilo Rueda, confirmó lo que la
mayoría de la sociedad colombiana y la comunidad internacional habían
advertido: la ‘Paz Total’ no va por buen camino y no tiene un horizonte
claro.
La
ausencia de una estrategia de negociación con grupos armados ilegales, la
imposibilidad de crear un marco jurídico para el sometimiento a la justicia de
organizaciones criminales, la pérdida de control territorial del Estado a manos
de organizaciones armadas de diversa índole y el aumento en la mayoría de los
índices de violencia precipitaron la salida de Rueda.
El
insólito episodio ocurrido en el preludio de las elecciones regionales en
el corregimiento de El Plateado, Argelia, Cauca, puso en conocimiento de la
opinión pública un desafortunado comunicado suscrito por los jefes de las
delegaciones negociadoras del gobierno nacional y del EMC-FARC donde anunciaban
que delegados de ambas partes harían presencia en la instalación de la jornada
electoral en Popayán y después en El Plateado.
Dicho
comunicado, como vino a ser conocido horas después, estuvo precedido por
la suscripción de un ‘acuerdo confidencial’ con el gobierno. Se estableció
que el EMC-FARC se retiraría del casco urbano del corregimiento para que los
militares pudieran entrar a El Plateado en el día de elecciones y vigilar su
desarrollo.
"El aumento de la violencia en diversas regiones, la expansión del control territorial y de la gobernanza criminal por parte de las organizaciones armadas, así como la ausencia de respuestas por parte del gobierno, son las principales razones por las cuales la denominada ‘Paz Total’ atraviesa una profunda crisis"
La
negativa del ejército de retirarse provocó indisposición y presión por el
EMC-FARC, lo que obligó a los militares a abandonar el corregimiento. Tanto el
ministro de defensa como el Presidente de la República afirmaron desconocer
dicho pacto, motivando la salida del cargo de Danilo Rueda.
En
su lugar, Otty Patiño —quien fungía como jefe de delegación del gobierno en las
negociaciones con el ELN— fue nombrado como nuevo Alto Comisionado para la Paz.
En
los primeros pronunciamientos, Patiño ha afirmado que es consciente de la
necesidad de replantear algunos aspectos de la ‘Paz Total’, empezando por
delimitar el alcance y promover la construcción de confianza con las
comunidades que han percibido como “la paz en lugar de traer mayor seguridad, está
trayendo mayor inestabilidad y mayor inseguridad”.
En otras palabras, resulta evidente que la tarea del nuevo Comisionado es mostrar resultados positivos en el marco de la ‘Paz Total’ tanto en materia de seguridad, como de acuerdos para el reducir la violencia y finalizar el conflicto con algunas de estas organizaciones.
Prioridades para el redireccionamiento
En diversos pronunciamientos, el nuevo Comisionado de Paz ha sido claro en afirmar que la seguridad y el control territorial deben ir de la mano con las negociaciones de paz.
Esa
suerte de ‘estado de excepción’, que implican las actuales negociaciones con
estas organizaciones en sus áreas de influencia, le restó credibilidad y
legitimidad a la ‘Paz Total’ frente a las comunidades. El aumento de la
violencia en diversas regiones, la expansión del control territorial y de la gobernanza
criminal por parte de las organizaciones armadas, así como la ausencia de
respuestas por parte del gobierno, son las principales razones por las cuales
la denominada ‘Paz Total’ atraviesa una profunda crisis.
Por
eso el diseño de una estrategia de negociación con los grupos armados ilegales
debe ser la prioridad fundamental del gobierno para el 2024.
Ha
quedado demostrado que la ausencia de una estrategia de negociación y la
adopción de un enfoque donde la dinámica de la negociación va marcando el horizonte
estratégico de la ‘Paz Total’ es errado y políticamente costoso para un
gobierno que atraviesa una profunda crisis de gobernabilidad a menos de dos
años de haber asumido el poder. En otras palabras, ha quedado en evidencia que
la improvisación es la peor estrategia de negociación.
Algunas
preguntas que valdría la pena plantear son: ¿Existe voluntad de paz en estos
grupos?, ¿tiene el gobierno la capacidad para adelantar negociaciones
exitosas?, ¿qué se requiere para alcanzar una correlación de fuerzas positiva
que le permita al gobierno mostrar resultados en materia de paz?, ¿cuáles son
los criterios para otorgarle reconocimiento político a unas organizaciones
armadas y a otras no?, ¿con quién se debe negociar y a quién se le deben
ofrecer un sometimiento a la justicia?, entre otras.
En
tercer lugar, el gobierno debe avocarse a crear un marco jurídico para el
sometimiento a la justicia de organizaciones criminales.
Como
es tradición en Colombia, el primer año de un gobierno está marcado por la
influencia que éste ejerce sobre el Congreso para adoptar las principales
reformas de su agenda.
En
el caso del actual gobierno, el primer año terminó con un balance deficitario
y, de ahora en más, el costo político de tramitar cualquier reforma vía
Congreso será muy alto.
La
imposibilidad de lograr la aprobación de un marco jurídico para el sometimiento
a la justicia en el primer año de gobierno ha limitado seriamente el alcance de
la ‘paz total’. Por el momento el gobierno no cuenta con herramientas para
propiciar acercamientos y eventuales negociaciones con ciertas organizaciones armadas,
como podrían ser las AGC, las ACSN o aquellas que operan en contextos urbanos.
Ahora
el gobierno debe apelar al realismo y al pragmatismo para redefinir los contornos
de la ‘Paz Total’. La tozudez de los hechos demuestra que, difícilmente,
durante los dos años y ocho meses que le quedan al actual gobierno, se va a
lograr un acuerdo para el desarme y desmovilización de organizaciones
armadas.
Dicho
en otras palabras, es muy improbable que bajo las condiciones actuales el
gobierno logre sacar adelante los cambios o reformas que algunos de estos
grupos arguyen como motivación principal para mantenerse en armas.
En
este escenario, el gobierno debe enfocarse en acelerar y profundizar la
ejecución del Acuerdo de 2016 con las extintas FARC-EP, disminuir la violencia
presente y sentar las bases para una verdadera política de paz que cuente con
las estrategias y herramientas que permitan dejar encaminados procesos de diálogo
y negociación, y eventualmente, en un futuro no muy lejano, las organizaciones
armadas opten por la finalización del conflicto.
Los próximos meses son críticos
La
prisa y los errores estratégicos han marcado la primera fase de la ‘Paz Total’.
Por eso los limitados resultados a la fecha. El proyecto de “paz total” que
hemos visto tiene serias falencias, entre ellas, el desconocimiento de los
interlocutores en las negociaciones, así como sus incentivos o motivaciones, y
no tiene una orientación clara para consolidar unas negociaciones con
perspectiva de éxito.
"Es muy improbable que bajo las condiciones actuales el gobierno logre sacar adelante los cambios o reformas que algunos de estos grupos arguyen como motivación principal para mantenerse en armas"
Además,
perdió el norte sobre el propósito inicial de los diálogos y negociaciones y
desaprovechó la confianza inicial de la ciudadanía. Por el momento se ve muy
distante la meta de pacificar el país.
Las
señales que ha enviado el flamante Alto Comisionado para la Paz, Otty Patiño,
son positivas. Es fundamental que cuente con todo el apoyo institucional que le
permita redirecciconar la ‘Paz Total’ hacia objetivos más realistas y
alcanzables.
Es
esencial que el gobierno desideologice el tema de la paz. Los frecuentes
llamados para obtener la paz deben pasar de la retórica a la práctica, lo cual
requiere un gobierno abierto a dialogar, concertar y trabajar conjuntamente con
quienes percibe como sus contrincantes ideológicos.
No
es posible lograr el éxito en un proceso de paz dejando de lado a quienes no
piensan de la misma manera ni a quienes no se sienten representados por la
agenda del actual gobierno.
La
actual crisis de gobernabilidad que tiende a profundizarse puede encontrar en
la búsqueda de la paz un nuevo aliento que le permita al gobierno pasar a la
historia como un capítulo positivo en el largo y difícil camino de lograr una
paz estable y duradera.
![]() |
| Sebastián Zuleta |



