Cuando en las escrituras se habla de “ahí están tu madre y tus hermanos”, la referencia histórica es a hermanos carnales, hijos de María.
Jaime Bedoya Medina/Opinión/El Pregonero del Darién.
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| Jaime Bedoya Medina |
El
capítulo que más me impactó es el referente a la virginidad de María. Dice el escritor
que los teólogos han pasado siglos defendiendo un hecho absolutamente falso.
María no fue virgen en sentido corporal.
Su
virginidad es de tipo espiritual, por ser la madre de un hombre que tampoco fue
Dios, sino que hizo de tal manera su voluntad que, fue como absorbido por la
divinidad. La virginidad no era bien vista en el pueblo de Israel.
El
ideal de todo hombre y mujer era casarse tempranamente y tener muchos hijos,
seguramente fundamentados en una esperanza de vida muy corta. Tampoco es cierto
que, en lengua hebrea o aramea, las que hablaron Jesús y su familia, el término
hermanos fuera extensivo a todos los parientes cercanos; no se devanen los
sesos para introducir en la mente de los fieles ese falso concepto.
Cuando
en las escrituras se habla de “ahí están tu madre y tus hermanos”, la
referencia histórica es a hermanos carnales, hijos de María. Más forzado aún es
lo que alguna vez leí, en el sentido que eran hermanos medios de Jesús porque
José, a quien pintan como un viejito cacreco, había tenido un matrimonio
anterior. Primos, son primos y basta.
Dice
el religioso que las familias tenían siempre su independencia y que no fue
visto con buenos ojos que los primos vivieran metidos en la casa de otros
familiares. Cuando la escritura habla de primos se entiende la relación de
consanguinidad que hay, diferente a la fraternidad.
Recordemos,
que María fue a visitar a su prima Isabel quien, en la vejez había concebido un
hijo: “Tu prima Isabel, aunque ya es muy vieja, también va a tener un hijo,
Lucas 1-36”. Se refiere a Juan Bautista, primo tercero de María.
El
ángel no le habló de tu “hermana” Isabel. El jesuita documentó que, a partir
del siglo V, con la aparición de San Agustín, la historia del nacimiento
virginal de Jesús quedaba muy bien moldeada porque al acto sexual se le puso
una careta de pecaminoso.
Llano,
también fue profético en su cátedra de teología cuando afirmó que Cristo no
resucitó en el sentido de “haber tomado una nueva corporeidad”. El cuerpo, un
compuesto químico material, corrió la misma suerte de todos los mortales.
Hubo
sí “una conciencia de resurrección” pues su mensaje de paz, perdón,
misericordia y bondad fue tan revolucionario que nadie pudo permanecer
indiferente aún después de su desaparición mortal.
El
padre Llano fue purgado por el insufrible cardenal Muñoz Duque, el maligno que
anuló el matrimonio y volvió a casar al narco-liberal, Turbay Ayala.
El
libro es un manjar, léanlo, vale la pena.
**Colombia
lamenta y de qué manera, la muerte del jurista Juan Carlos Henao Pérez.

