lunes, 15 de enero de 2024

Los médicos

"El paciente es sagrado y así insulten, pataleen, griten o lloren, recuerden siempre que sólo es un paciente y que somos nosotros, los médicos, lo único que tienen"

Por: Juán Fernando Uribe Duque /Opinión/ El pregonero del Darién

Médico/Juán Fernando
 Uribe Duque.
"Cuando el médico durante un turno va a pensar en su bienestar y no en el de sus pacientes... o cuando su sitio de trabajo es motivo de burlas o comentarios despectivos, cuando critica el estado de miseria, degradación o simplemente la pobreza y la condición social de sus pacientes o cuando añora con angustia trabajar con pacientes de estrato social alto, erró de profesión y debe optar por otro oficio como la ganadería por ejemplo".

 Esto nos decían nuestros profesores además de exigirnos buena presentación y cumplimiento de horarios para una adecuada atención a los pacientes. "El paciente es sagrado y así insulten, pataleen, griten o lloren, recuerden siempre que sólo es un paciente y que somos nosotros, los médicos, lo único que tienen"

La época y la enseñanza de la medicina han cambiado, el humanismo y la mística se han perdido, la visión, si se quiere romántica de la profesión, parece que ya no existe. El muchacho que quiere ser médico generalmente lo hace para ganar prestancia social o dinero.

Las amenazas a una demanda o el acceso rápido a una información deformada por parte del paciente convirtieron al médico -principalmente al especialista- en un defensor de sus propios intereses y en un aplicador de protocolos técnicos en el manejo de ciertas enfermedades.

Se está más pendiente del computador o del endoscopio que del paciente mismo (llamado ahora usuario).

El paciente estorba, el paciente ya es un peligro, pues puede demandar en contubernio con abogados dispuestos a hacerlo; también es violento, insulta y ha perdido el respeto, consecuencias todas de un trato frío y prevenido por parte del médico, este a su vez producto de un sistema que permitió que economistas y administradores se tomarán para si la práctica médica, convirtiéndola, en la más de las veces, en negocios de fachadas atractivas ocultando nidos de corrupción.

El gusto por la medicina prácticamente se ha perdido en series de televisión extranjeras que vulgarizan la profesión, y que, en consonancia con una carencia de cultura humanista, han hecho del médico en muchos casos un tecnócrata cumpliendo protocolos y evadiendo demandas.

La ley 100 deshumanizó la medicina al convertirla en un negocio de intermediarios. Esperemos que con la reforma que suprime la intermediación y refuerza la contratación directa con el Estado basada en poderosos mecanismos de prevención, control e información, el servicio mejore y le dé al profesional de la salud otra vez la prestancia y la idoneidad que se han perdido, como también a las escuelas de medicina, la facultad de recuperar los antiguos programas de enseñanza basados en el arte que brindan la ciencia y la filosofía de una práctica que, de suyo, es sagrada.