"El paciente es sagrado y así insulten, pataleen, griten o lloren, recuerden siempre que sólo es un paciente y que somos nosotros, los médicos, lo único que tienen"
Por:
Juán Fernando Uribe Duque /Opinión/ El pregonero del Darién
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| Médico/Juán Fernando Uribe Duque. |
Esto nos decían nuestros profesores además de
exigirnos buena presentación y cumplimiento de horarios para una adecuada
atención a los pacientes. "El paciente es sagrado y así insulten,
pataleen, griten o lloren, recuerden siempre que sólo es un paciente y que
somos nosotros, los médicos, lo único que tienen"
La
época y la enseñanza de la medicina han cambiado, el humanismo y la mística se
han perdido, la visión, si se quiere romántica de la profesión, parece que ya
no existe. El muchacho que quiere ser médico generalmente lo hace para ganar
prestancia social o dinero.
Las
amenazas a una demanda o el acceso rápido a una información deformada por parte
del paciente convirtieron al médico -principalmente al especialista- en un
defensor de sus propios intereses y en un aplicador de protocolos técnicos en
el manejo de ciertas enfermedades.
Se está
más pendiente del computador o del endoscopio que del paciente mismo (llamado
ahora usuario).
El
paciente estorba, el paciente ya es un peligro, pues puede demandar en
contubernio con abogados dispuestos a hacerlo; también es violento, insulta y
ha perdido el respeto, consecuencias todas de un trato frío y prevenido por
parte del médico, este a su vez producto de un sistema que permitió que
economistas y administradores se tomarán para si la práctica médica,
convirtiéndola, en la más de las veces, en negocios de fachadas atractivas
ocultando nidos de corrupción.
El
gusto por la medicina prácticamente se ha perdido en series de televisión
extranjeras que vulgarizan la profesión, y que, en consonancia con una carencia
de cultura humanista, han hecho del médico en muchos casos un tecnócrata
cumpliendo protocolos y evadiendo demandas.
La ley
100 deshumanizó la medicina al convertirla en un negocio de intermediarios.
Esperemos que con la reforma que suprime la intermediación y refuerza la
contratación directa con el Estado basada en poderosos mecanismos de
prevención, control e información, el servicio mejore y le dé al profesional de
la salud otra vez la prestancia y la idoneidad que se han perdido, como también
a las escuelas de medicina, la facultad de recuperar los antiguos programas de
enseñanza basados en el arte que brindan la ciencia y la filosofía de una
práctica que, de suyo, es sagrada.

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