miércoles, 10 de enero de 2024

Ecuador y el narcotráfico (Una historia circular)

Todo ello sustentado en la aparición de un potente inconsciente delincuencial colectivo que todo lo permite y perdona.

Por: Juán Fernando Uribe Duque /Opinión/ El pregonero del Darién

Médico/Juán Fernando Uribe Duque
Ya florece violentamente la crisis del narcotráfico en Ecuador. En Colombia se vivió en los tiempos de Pablo Escobar cuando se quisieron tomar el poder sin ambages, así, de frente y con nombres propios. La pelea entre dos carteles impidió que un hombre como Santofimio y su parlamentario estrella optaran por el poder, el primero como presidente y el segundo como jefe político de una horda de asesinos y parlamentarios.

Con la muerte del capo abaleado en un tejado, el perfil cambió mimetizándose y acudiendo otra estrategia: asolando y desplazando, apoderándose de la tierra fértil y dominando las ciudades con la economía informal derivada de su lavado de activos y la cooptación de la vida política:

Desde presidentes y casi todo un congreso financiados y apoyados logísticamente por su poder económico y militar; también los medios de comunicación que se encargaron de difundir una ideología neoliberal multifacética donde una permitida corrupción facilitó que una pequeña franja social se enriqueciera a expensas del lavado de sus activos: constructores, centros comerciales dedicados al contrabando, empresarios del espectáculo, la moda y hasta muchos religiosos aceptaron felices sus dádivas.

Toda la sociedad colombiana tuvo y tiene que ver con el narcotráfico, desde el pequeño vendedor callejero de baratijas de contrabando, hasta los grandes políticos, militares y fiscales cobijados y protegidos por su poder. Todo ello sustentado en la aparición de un potente inconsciente delincuencial colectivo que todo lo permite y perdona.

Ecuador apenas vive la fase inicial, aquella de los grandes capos que se fugan de las cárceles ayudados por sus guardianes; después vendrá la persecución y el envalentonamiento de un presidente joven cono Novoa (entre nosotros fue Gaviria, a la sazón de 47 años) para -luego de la muerte del líder de pistola y cadena de oro-, entrar en una tercera etapa de consolidación y disimulo.

La historia se repite

En Colombia se inició y evolucionó como toda actividad criminal, degenerando en falsas posturas moralistas que llevaron la guerra al campo mientras los cultivos se expandían y el campesino migraba a las ciudades a sobrevivir de la economía informal y a engrosar los cordones de miseria.

Expresiones culturales decadentes como el reguetón aparecieron con fuerza inusitada confirmando la degradación moral de la mujer como una simple muñeca sexual empoderada en un primario poder de seducción, el fenómeno del turismo de carácter sexual y prostibulario rotuló a una ciudad como su capital mundial.

Todos recordamos en Medellín la muerte reciente por sobredosis de sexo y cocaína de un famoso baterista de rock. También de Medellín son las grandes estrellas del reguetón, los ídolos del despecho y la llamada música popular, no otra que emula toda la cultura del sicario tatuado con aires de charro mexicano, jefes de una corte de meretrices luminosas de silicona y piscina.

Pronto Ecuador nos emulará, de no quebrarle el espinazo a este monstruo que nos devoró fingiendo cruzadas en su contra.