El Centro Democrático no deja pasar ocasión para intentar revivir el paramilitarismo en Colombia, a todas luces quieren otra orgía de terror y sangre de la que salieron casi impunes.
Wilmar
Jaramillo Velásquez/Opinión/ El Pregonero del Darién.
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| Wilmar Jaramillo Velásquez. |
Con
rimbombantes nombres como “Frentes de Seguridad o “Red de Cooperantes” el
gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón quiere revivir los trágicos
tiempos del poder paramilitar del que tanto se lucraron y por cuyas masacres y
despojo de tierras, la mayoría de los determinadores quedaron en completa
impunidad.
Muy
pronto olvidaron que esos fueron los primeros pasos dados por su mentor, “Red
de Informantes y Convivir” “son unos muchachos que van por el campo desarmados,
con un radio para apoyar a la fuerza pública” decía el jefe para vender la idea
que desencadenó en la peor matanza de colombianos de que se tenga registro en
el último siglo.
Actúa
de manera ligera, revanchista e irresponsable el gobernador de Antioquia al
querer involucrar a un grupo de desempleados, con hambre y por unos pesos al
conflicto armado, ponerlos como carne de cañón para que el clan del golfo los
asesine, ¿acaso no conoce el despistado mandatario que cuando dicho clan ordena
un paro armado en la zona de influencia los primeros acuartelados son la fuerza
pública, mientras la sociedad civil, queda a merced del crimen?
Sueñan
estos prepotentes mandatarios, tanto Federico Gutiérrez y Andes Julián, con sus
republiquetas bananeras independientes del gobierno central, ¿por qué
desconocen que el presidente de la nación es el responsable del orden público
en todo el país, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas? ¿De cuál institucionalidad
es que hablan; de una creada por ellos para defender sus intereses?
Intentan
fraccionar la fuerza pública, dividirla y curiosamente han vuelto con el
embeleco ese de Antioquia Federal, muy autosuficientes ellos ante el poder
central, pero guardan silencio con los 98 billones de pesos destinados por el
gobierno de Gustavo Petro para Antioquia y se dedican a montar la narrativa del
odio y de la división con el cuento peregrino que el presidente odia a
Antioquia.
Involucrar
a la sociedad civil en el conflicto armado, mezclarla con los cuerpos armados,
con el nombre que le quieran poner, simplemente los convierte en objetivos de
los criminales, todos sabemos cómo comienza este proceso y todos sabemos cómo
termina, esa experiencia ya la vivió Colombia y repetirla sería un grave error.
Todo
este entramado se resume en la falta de justicia, sin los responsables del
paramilitarismo, sus actores intelectuales y materiales, sus financistas,
hubiesen sido sometidos a la justicia, los promotores de estos aberrantes
hechos no intentarían siquiera volver al pasado, pero que podemos esperar si el
cerebro lleva dos décadas echándole
zancadillas a la justicia, saltándose la
Constitución a los brincos, burlándose de la justicia, apoyado por altos
magistrados y de la mano del propio fiscal general de la nación, por fortuna ya
en el ocaso, porque nunca habrá un mal
que dure cien años ni pueblo que lo resista.

