Así lo pide el coronel Jaime Humberto Pinzón Amézquita, al confesar sus crímenes de estado, pedir perdón y acogerse a la JEP.
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| Wilmar Jaramillo Velásquez |
El
anterior fin de semana, cuando el país estaba extasiado en la rumba de fin de
año, Noticias Uno sorprendió al país con un documental sobre crímenes de
estado, mal llamados falsos positivos, porque ni son falsos, ni mucho menos
positivos, son simplemente crímenes de estado.
La
Confesión: Una producción, disponible en la red de este noticiero, la financió
el canal catarí, Al Jazeera y estuvo a cargo de los documentalistas italianos,
Simone Bruno y Federico Bruno, con el apoyo de Pulitzer Center.
Si bien
lo justo y lo recomendado tanto en desarrollo de la ley de víctimas, los
talleres con la Justicia Especial para
la Paz o la Fundación Gabo, es situar en el centro de atención a las víctimas,
no deja de sorprender el testimonio del coronel, Jaime Humberto Pinzón Amézquita,
quien oficiaba como comandante del
batallón de Infantería Girardot, adscrito a la Cuarta Brigada de Medellín y
quien asumió la confesión y responsabilidad
en 53 crímenes de personas inocentes a quienes hicieron pasar por delincuentes.
El
oficial quien devolvió, entregó a las víctimas la medalla de “Servicios
Distinguidos” con la cual sus superiores premiaron la matanza, ha hecho una
revelación, que hoy debería ser el foco del alto mando militar:
“Que
mis superiores se quiten la máscara del negacionismo y dar paso a la verdad y
la reparación”, esta valiente solicitud, da a los testimonios del coronel
Pinzón gran relevancia, pues no solamente él asume la responsabilidad ante tan
cruda y dolorosa realidad, sino que conmina a quienes hoy se siguen ocultando
tras la cobarde y cómoda máscara del negacionismo, para que hagan su aporte a
la verdad.
El
encuentro del oficial con las víctimas no es nada fácil, ni para él ni para
ellos, con las heridas abiertas, encontrarse frente a frente con el victimario
es un escenario en el que nadie quisiera estar, sin embargo, ambos afrontan la
situación con valor, lo increpan, lo interrogan, le reclaman.
“Que
tenga los pantalones de decir la verdad” le dice la madre de un muchacho
asesinado en el municipio de Campamento Antioquia, otra le increpa: “Lo
queríamos mirar a los ojos”, es un cuadro trágico, de esta violencia que no
cesa.
El
coronel atribuye en su testimonio el haber caído en esta orgia de sangre, a la
fuerte presión de sus superiores: “Era día y noche, me llamaban, ¿qué está
haciendo coronel, durmiendo? Yo trasladaba esta presión a mis hombres, a pesar
que no disparé el gatillo, pude haberlo evitado y no lo hice, esa es mi
responsabilidad, le pido perdón a las familias” afirma el oficial, con voz temblorosa
y entrecortada.
Lo más
doloroso es que el caso del coronel Pinzón se replicó por toda la geografía
nacional, las cifras más conservadoras de crímenes de estado durante este
siniestro episodio que marcó la llamada “seguridad democrática” del entonces
presidente Uribe, hablan 6.402 asesinatos, pero otras organizaciones y
entidades estatales ya la sitúan en diez mil y la cifra va en aumento. Un
verdadero genocidio que ni las dictaduras del cono sur igualaron.
Así
como varios negacionistas hoy niegan el holocausto nazi, la llamada “escuela
uribista” se empeña en negar esta matanza, y los defensores de oficio pululan
en las redes sociales, tapando el sol con las manos, argumentando pobremente
que son montajes y calumnias del comunismo, no quieren ver ni aceptar los
macabros testimonios de militares de todos los rangos, que hacen fila en la JEP
para confesar sus crímenes.
Todo el documental es conmovedor, los años de lucha de los sobrevivientes por
reivindicar, limpiar el nombre de sus seres queridos presentados por los
militares ante los medios de comunicación como criminales, enfrentarse a los
victimarios.
Igualmente,
los victimarios asombrados de saber cómo y en qué momento resultaron metidos en
esta maraña de muerte y violaciones a los derechos humanos, los mismos que
juraron proteger.
“Quisiera
tener el remedio para este sufrimiento y dolor injusto” le dijo el coronel
Pinzón a varias víctimas con quienes habló cara a cara. Pinzón Amézquita ya
estuvo privado de la libertad durante tres años y goza de libertad al acogerse
a la Justicia Especial para la Paz y el fallo final esta pendiente.
“Si la versión
del oficial contribuye a la verdad, merece los beneficios” dijo un abogado de
las víctimas, mientras que el hermano de uno de los asesinados dijo: “Si
olvidamos esta historia, fácilmente se vuelve a repetir”.
Estoy
totalmente de acuerdo con el coronel Pinzón cuando le dice a sus superiores, “Que
se quiten la máscara del negacionismo y den paso a la verdad y la reparación”
Felicitaciones
a Noticias UNO, por la primicia con la cual cerró el año noticioso del 2023, también,
aunque suene irónico y difícil, reconozco la valentía del coronel Pinzón, al
tomar el camino correcto de la verdad y poner la cara a tan compleja y difícil
situación.

