miércoles, 15 de noviembre de 2023

Fueron los políticos quienes me enseñaron

Por ellos supe que la mentira y la mezcla de Dios en la política, eran pilares fundamentales para conseguir votos y mantenerse en el poder.

Wilmar Jaramillo Velásquez/Opinión/ El Pregonero del Darién.

Wilmar Jaramillo Velázquez.

Este artículo no es apto para analfabetos disfuncionales.

“Soy temeroso de Dios dicen”, mientras se roban la plata de la comida de los niños pobres, “Estoy acá por la gracia de Dios y todo lo hago y se lo dejo a su nombre” predican, al tiempo que se echan al bolsillo el último peso de los contribuyentes.

La primera característica de un político es mentir, en esto se hicieron profesionales, incluso pueden llegar cada cuatro años con las mismas mentiras y el pueblo sigue votando por ellos; por eso, todo lo que el pueblo les pide o reclama, dicen que sí, están seguros que no lo harán, pero ese pueblo iletrado políticamente le gusta escuchar eso y ese es el menú que les sirven en cada elección popular. Cuando un político está diciendo si, debe leerse NO y viceversa.

¿Por qué creen que, en la mayoría de los casos son los más mentirosos, los más delincuentes, quienes finalmente resultan favorecidos en las urnas?, ¿por qué el candidato honesto que les habla con la verdad, basados en los presupuestos reales, es rechazado y derrotado en las urnas.?

En las elecciones pasadas eligieron hasta aspirantes presos, otros en la puerta de la cárcel y pese a que las autoridades y medios de comunicación alertaron sobre estos casos, los electores como ovejas al esquiladero votaron por ellos y los eligieron.

 Validados por el elector

El electorado validó, legalizó la corrupción y se la sirvió en bandeja de plata a estos ladrones, acuñando frases perversas como estas: “Todos roban, robó menos que el otro, robó, pero hizo obras”, es decir saben que está robando o que robó y todo lo vuelven paisaje, de ahí la prosperidad de estos hampones que se pavonean por todo el país haciendo negocios con los dineros públicos en total impunidad.

Fueron ellos, los políticos quienes me enseñaron a conocerlos y muy bien, por eso no les creo, ese chiste de mal gusto que trabajan por la comunidad, ese amor por el pueblo que nadie les está pidiendo, esa “voluntad de servicio” no es más que un chiste flojo, al menos para mí, otros se lo creen todo, aplauden frenéticamente y siguen votando por el verdugo, en un extremo de masoquismo digno de un tratado de psiquiatría o de psicología de masas.

El capital más grande de un político es la mentira, sin ella no alcanzarían el éxito en las urnas y ellos lo saben, por eso la perfecciona a diario, la actualizan, le hacen constante reingeniería para hacerla más digerible y atractiva a su incauto electorado.

Dios, caballito de batalla

La utilización de Dios por los inescrupulosos políticos, se convirtió junto a la mentira, en otra poderosa herramienta para conseguir votos, incluso varias sectas religiosas mutaron en partidos políticos y hoy trabajan al lado de lo más podrido de la política para truncar las reformas y los grandes anhelos de los pobres, aliados de matarifes y carniceros, de los ladrones más reconocidos en la historia política de Colombia y todo lo hacen en nombre de Dios, con una alta rentabilidad económica que es lo importante para ellos.

No olviden, incluso póngalo en práctica, el político que más invoca a Dios en campaña será el más ladrón, el más corrupto, el más pervertido, esta hipótesis se puede comprobar estadísticamente y hasta científicamente.

Los políticos convirtieron una ciencia como la política que debería, tendría que estar al servicio de la humanidad, en carteles de negocios, la prostituyeron y la volcaron al servicio de sus mezquinos intereses, lo que cogen lo pudren. No sé qué dirá hoy la academia frente a semejante adefesio.

Es un cuadro aterrador, con agravantes como la esperanza que tenían algunos colombianos en las nuevas generaciones, pero estas ya vienen con el chip de la corrupción, la traen en los genes, heredan los altos cargos de la política y del sector empresarial con todos los vicios incluidos. Solamente miren los hijos de Galán, Rodrigo Lara o Álvaro Uribe y por qué no, ahora también apareció un hijo de Petro en las mismas andanzas, como si algo faltara.

De Guatemala para Guatepeor

Para añadir otra perla a la descomposición de la política, de un tiempo acá comenzaron a hacer carrera las microempresas de la politiquería, unos avivatos que montan de cero una campaña sin ninguna opción de triunfo, la publicitan, montan un par de vallas, se hacen invitar a los debates y cuando la contienda entra en todo su furor de polarización, la venden al mejor postor.

Poco o nada les importa haber jurado que irían hasta el final, venden a sus pocos seguidores como vacas y terminan asegurando contratos, una secretaria o algunas migajas del poder y a este esperpento también lo apodan democracia.

Me dirán los críticos que esto es fatalismo, que hay políticos buenos, yo diría que sí, toda regla tiene su excepción, tan pocos que se cuentan con los dedos de la mano y sobran dedos.

Yo como el noble Diógenes, sigo con la lámpara encendida a plena luz del día buscando un hombre, o mejor un político honesto.

Finalmente agradezco a los políticos por esta lección, fueron ellos con sus acciones, con su comportamiento, quienes me enseñaron a conocerlos como la palma de mi mano.

Pereira/Risaralda/noviembre/2023.