Por ellos supe que la mentira y la mezcla de Dios en la política, eran pilares fundamentales para conseguir votos y mantenerse en el poder.
Wilmar
Jaramillo Velásquez/Opinión/ El Pregonero del Darién.
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| Wilmar Jaramillo Velázquez. |
Este artículo no es apto para analfabetos disfuncionales.
La primera característica de un político es mentir, en esto se hicieron profesionales, incluso pueden llegar cada cuatro años con las mismas mentiras y el pueblo sigue votando por ellos; por eso, todo lo que el pueblo les pide o reclama, dicen que sí, están seguros que no lo harán, pero ese pueblo iletrado políticamente le gusta escuchar eso y ese es el menú que les sirven en cada elección popular. Cuando un político está diciendo si, debe leerse NO y viceversa.
¿Por
qué creen que, en la mayoría de los casos son los más mentirosos, los más
delincuentes, quienes finalmente resultan favorecidos en las urnas?, ¿por qué
el candidato honesto que les habla con la verdad, basados en los presupuestos
reales, es rechazado y derrotado en las urnas.?
En las
elecciones pasadas eligieron hasta aspirantes presos, otros en la puerta de la
cárcel y pese a que las autoridades y medios de comunicación alertaron sobre
estos casos, los electores como ovejas al esquiladero votaron por ellos y los
eligieron.
Validados
por el elector
El
electorado validó, legalizó la corrupción y se la sirvió en bandeja de plata a
estos ladrones, acuñando frases perversas como estas: “Todos roban, robó menos
que el otro, robó, pero hizo obras”, es decir saben que está robando o que robó
y todo lo vuelven paisaje, de ahí la prosperidad de estos hampones que se
pavonean por todo el país haciendo negocios con los dineros públicos en total
impunidad.
Fueron
ellos, los políticos quienes me enseñaron a conocerlos y muy bien, por eso no
les creo, ese chiste de mal gusto que trabajan por la comunidad, ese amor por
el pueblo que nadie les está pidiendo, esa “voluntad de servicio” no es más que
un chiste flojo, al menos para mí, otros se lo creen todo, aplauden
frenéticamente y siguen votando por el verdugo, en un extremo de masoquismo
digno de un tratado de psiquiatría o de psicología de masas.
El capital más grande de un político es la mentira, sin ella no alcanzarían el éxito en las urnas y ellos lo saben, por eso la perfecciona a diario, la actualizan, le hacen constante reingeniería para hacerla más digerible y atractiva a su incauto electorado.
Dios, caballito de batalla
La
utilización de Dios por los inescrupulosos políticos, se convirtió junto a la
mentira, en otra poderosa herramienta para conseguir votos, incluso varias
sectas religiosas mutaron en partidos políticos y hoy trabajan al lado de lo
más podrido de la política para truncar las reformas y los grandes anhelos de
los pobres, aliados de matarifes y carniceros, de los ladrones más reconocidos
en la historia política de Colombia y todo lo hacen en nombre de Dios, con una
alta rentabilidad económica que es lo importante para ellos.
No olviden, incluso póngalo en práctica, el político que más invoca a Dios en campaña será el más ladrón, el más corrupto, el más pervertido, esta hipótesis se puede comprobar estadísticamente y hasta científicamente.
Los
políticos convirtieron una ciencia como la política que debería, tendría que
estar al servicio de la humanidad, en carteles de negocios, la prostituyeron y
la volcaron al servicio de sus mezquinos intereses, lo que cogen lo pudren. No
sé qué dirá hoy la academia frente a semejante adefesio.
Es un cuadro aterrador, con agravantes como la esperanza que tenían algunos colombianos en las nuevas generaciones, pero estas ya vienen con el chip de la corrupción, la traen en los genes, heredan los altos cargos de la política y del sector empresarial con todos los vicios incluidos. Solamente miren los hijos de Galán, Rodrigo Lara o Álvaro Uribe y por qué no, ahora también apareció un hijo de Petro en las mismas andanzas, como si algo faltara.
De Guatemala para Guatepeor
Para añadir
otra perla a la descomposición de la política, de un tiempo acá comenzaron a hacer carrera las microempresas de la politiquería, unos avivatos que montan de
cero una campaña sin ninguna opción de triunfo, la publicitan, montan un par de
vallas, se hacen invitar a los debates y cuando la contienda entra en todo su
furor de polarización, la venden al mejor postor.
Poco o
nada les importa haber jurado que irían hasta el final, venden a sus pocos
seguidores como vacas y terminan asegurando contratos, una secretaria o algunas
migajas del poder y a este esperpento también lo apodan democracia.
Me
dirán los críticos que esto es fatalismo, que hay políticos buenos, yo diría
que sí, toda regla tiene su excepción, tan pocos que se cuentan con los dedos
de la mano y sobran dedos.
Yo como
el noble Diógenes, sigo con la lámpara encendida a plena luz del día buscando
un hombre, o mejor un político honesto.
Finalmente
agradezco a los políticos por esta lección, fueron ellos con sus acciones, con
su comportamiento, quienes me enseñaron a conocerlos como la palma de mi mano.
Pereira/Risaralda/noviembre/2023.

