El medico Luis Alfonso Ossa hace hincapié en la columna del profesor Sebastián Gómez y pone el dedo en la llaga sobre tan contundente denuncia alrededor de la UdeA.
Luis Alfonso Ossa/ Opinión/El Pregonero del Darién.
| Médico/Luis Alfonso Ossa B. |
Por supuesto
que ese deterioro que dramáticamente nos describe el Prof. Sebastián es el
producto de la contemporización con la degradación de nuestra academia regional
por excelencia en el transcurso de varios años. Y por supuesto que esa conducta
indiferente de gobernantes, de directivos, de profesores y del estamento
estudiantil, fue la que permitió con su silencio que lo que es el escenario
natural de la cultura, en todas sus diversas expresiones, se fuera deteriorando
de manera acelerada hasta convertirse en esa “Lumpen universitas” que con tanto
valor civil y rigor intelectual el profesor nos describe en este texto.
Y no siendo entonces nuestra intención otra que
aprovechar la columna del Prof.
Sebastián para mostrarla como un detonante que abra de manera abrupta, como ya tendrá que ser, un
necesario debate en el cual no podemos
abstenernos de señalar a quienes de una otra forma son responsables de semejante deterioro por
el cual deberán responder ante la sociedad
al haberlo permitido en aras de
mantener para su propio bien un status
de confort al que los intelectuales siempre
deberían estar dispuestos a renunciar a
cambio de propiciar la confrontación de las ideas a la luz del pensamiento
crítico que debe ser la égida que gobierne el pensamiento en el ámbito universitario.
Creo
que la torpeza de nuestros gobernantes, responsables de la permanencia de la
universidad pública, apenas si los exonera de lo que atañe a su ignorancia y
pobreza intelectual, porque la obligación de respaldar las acciones administrativas
es para ellos impostergable y en el caso del deterioro social, al interior del
campus universitario, ellos deberán responder tarde que temprano.
El microtráfico
por ejemplo lleva años floreciendo allí al interior de ciudad universitaria con
la indiferencia de alcaldes y gobernadores, tras los cuales algunos rectores
terminaron escabullendo su obligación de presionarlos para que cumplieran sus
obligaciones civiles de controlarlo, con mayor razón en relación a la
proliferación de tan corrosiva actividad social que se ha venido dando de
tiempo atrás al interior del Campus universitario.
Por
supuesto que en ese deterioro progresivo que se ha venido dando en la
Universidad el profesorado, como uno de los actores fundamentales de la escena académica,
ha soslayado de alguna manera su responsabilidad en tanto que, estando llamado
a ser un crítico permanente del acontecer universitario, en términos generales
lo que se ha percibido en los últimos años es un desinterés rampante por
abordar esa crítica, no habiéndolo hecho ni siquiera a nivel contestatario por
lo menos.
Al
parecer muchos docentes se han dedicado a cumplir los requerimientos mínimos
para mantener su estado de confort y
aquella crítica del estamento
profesoral que producía debates importantísimos en la década de los 80s y 90s
hoy solo es un mero dato anecdótico
porque el profesorado de hoy en día, con algunas muy valiosas excepciones, se ciñe a rajatabla a los horarios, cuando es que los cumple, para trasladarse con
rapidez a otros frentes de trabajo en otras instituciones para mejorar así sus ingresos.
Y finalmente
ese movimiento estudiantil
de décadas pasadas, cuando se
hacían los famosos encuentros estudiantiles y las asambleas universitarias se
transformaban en escenarios de profundos debates ideológicos
donde las coyunturas se extrapolaban al contexto de la sociedad entera, también
eso hoy es un mero recuerdo que nos
llena de nostalgia porque el estamento estudiantil ha caído en un letargo
cuya actividad ideológica hace
rato desapareció de la vida cotidiana del estudiantado cuyo activismo político
se lo han dejado a un grupúsculo
de encapuchados que episódicamente se toman el campus, interrumpen allí las actividades cotidianas y el tráfico
en sus afueras quemando allí unos
carros para terminar enfrentados al
Esmad sin mayores repercusiones diferentes a las que tienen en el orden
público del entorno de ciudad universitaria
Quiero
finalmente decir que el artículo “Festejar
la lumpen universitas” del
Profesor Sebastián Gómez González no
merece quedarse en la condición de periódico de ayer y por ello quiero utilizarlo para que por lo menos podamos hacerle dar vergüenza a quienes teniendo alguna
responsabilidad en el estado desastroso al que ha llegado nuestra Alma Mater, estado
descrito de manera descarnada por el autor de este artículo y frente al cual
han hecho mutis por el foro quienes ya
van a terminar sus periodos sin decir absolutamente nada al respecto.
