El águila no medra volitiva, vuela por encima del abismo que oculta la niebla, goza y digiere.
Por:
Juán Fernando Uribe Duque/Opinión El Pregonero del Darién.
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| Médico/Juán Fernando Uribe Duque |
Toda
vanidad es inhabilidad ante la trascendencia, aunque ésta sea sólo un dulce
canto a la pequeñez.
Muchas
veces la expresión desesperada (rebuscadora loca), es confundida con una simple
singladura de vanidad. Pero no hay tal, es sólo un intento de huirle a la
muerte, a la nada pastosa, la no expresión, silencio en el silencio, común
denominador de aburridos por reflejo, no a la otra "Nada" de la cual
es expresión y canto vital: nuevo traje en la secreta incertidumbre, beatitud
en el asombro, sorpresa constante de belleza e intimidad.
Resurgimiento
cuando la muralla es derribada para entrar a otra estancia llena de nuevos
paisajes, otro decorado, espontáneas ínsulas. No por desconocidas menos
interesantes. Observación del movimiento, grácil trasegar, equilibrio sutil,
desplazamiento constante, amena y acogedora indiferencia, balance suspicaz,
mesura por sí.
El águila no medra volitiva, vuela por encima del abismo que oculta la niebla, goza y digiere. ¿Qué más nos queda por hacer si la carne late y la sangre circula? ¿Ver el noticiero? ¿Sumar y restar? ¿Pagar servicios? ¿Calcular intereses? ¿Estar entretenido o pretender estarlo? Mejor "morir".

