Entre
los centenares de asistentes a la posesión del nuevo presidente de Colombia,
casi anónimo recorría la capital el reportero gráfico Gabriel Motoa, quien nos
regaló tremendo reportaje gráfico.
Crónicas
del Camino: Por Wilmar Jaramillo Velásquez/El Pregonero del Darién.
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| Al fondo, Nuestra Señora de Las Aguas |
Hablar
de Motoa es hablar de fotografía, de la buena, es un observador sereno que va
sin prisa en su oficio de inmortalizar monumentos, pueblos, rostros,
atardeceres y aquellos paisajes que a nuestra vista pasarían inadvertidos.
Gabriel
Motoa Sánchez, vio la primera luz de su existecia en una vieja casona de Las Vegas, jurisdicción de Palmira, en el valle. Nació para cargar una cámara fotográfica sobre sus
hombros toda su vida, no le estorba, no le incomoda, es como el azadón o el
mache al campesino.
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| Gabriel Motoa Sánchez |
Los
mejores años de su existencia los vivió en el Diario El tiempo en la capital de
la república.
Transitó por las páginas de la prensa regional, en periódicos hoy extintos como
el Pueblo de Cali, allí se colgó en 1985, un Premio Nacional Simón Bolívar de periodismo gráfico, el máximo galardón con el que se premia a los mejores en el país, también pasó por La Tarde de Pereira, siempre con su impecable trabajo.
No es extraño que su Simón Bolívar lo lograra justamente retratando la tragedia de colombia, sus guerras, eternas, sus violencias absurdas.
Hace
poco regresó de un recorrido por Boston y Miami, donde se deleitó fotografiando
la vieja arquitectura y resplandecientes atardeceres. Estaba en lo suyo, donde se
mueve como pez en el agua.
Motoa
tiene ojo clínico para la fotografía, como dice la vieja frase de cajón, sabe enmarcar
perfectamente su foto, los encuadres son celosamente calculados, conoce sin
mucho esfuerzo donde hay una buena fotografía y no pierde la ocasión.
Hace
unos años visitó a Urabá y se quedó fascinado por el verde sus bananeras, el calor
de su gente, pero también tocado por la impresionante brecha de desigualdades
sociales, porque antes que fotógrafo, Gabriel es un ser humano de enorme sensibilidad
social, le correspondió retratar la guerra en el Cauca, como pocos lo hicieron.
Hoy
retirado del bullicio de la “gran prensa”, no puede dejar quietos, ni el obturador
de su cámara ni sus ojos cazadores, que le muestran aún las maravilla de lo que
puede hacer la fotografía.
El
pasado fin de semana, visitó la ciudad de Bogotá, emocionado por el cambio y
los nuevos aires que soplan sobre la patria, si bien los trámites burocráticos
no le permitieron hacer el trabajo que deseaba, sin amilanarse se dedicó a lo
que mejor sabe, a retratar momentos capitalinos, rostros y paisajes que en el siguiente
reportaje gráfico les entregamos:
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| Su vieja escuela en el Tiempo |
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| Capilla en el Chorro de Quevedo |
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Bogotá de fiesta por el cambio
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| Sátira y arte |
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| Estampa bogotana |
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| El encuadre perfecto |
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No me diga más, tu mirada lo dice todo. |
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| La dicha que no cabe |
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Un poco de espera antes de llegar a la plaza de Bolívar |
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| La imagen pluricultural |
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| Nuestra riqueza étnica |
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Una foto muy dificil, Bolivar testigo del cambio de gobierno, fuera de su espada |
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| Por el Palacio Liévano |
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| La Casa del Florero |
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| Otra panorámica de la Casa del Florero |
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| Una selva de cemento |
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| Al fondo, El Cerro de Guadalupe |
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| Otra panorámica del Cerro de Guadalupe |
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Otro marco para el Cerro de Guadalupe
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| Resistencia ante los rascacielos |
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Motoa, con el entonces presidente Belisario Betancurt |
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| La "Pola" capitalina |
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Al fondo, Monserrate.
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