jueves, 11 de agosto de 2022

Bogotá bajo la lente de Motoa

Entre los centenares de asistentes a la posesión del nuevo presidente de Colombia, casi anónimo recorría la capital el reportero gráfico Gabriel Motoa, quien nos regaló tremendo reportaje gráfico.

Crónicas del Camino: Por Wilmar Jaramillo Velásquez/El Pregonero del Darién.

Al fondo, Nuestra Señora de Las Aguas

Hablar de Motoa es hablar de fotografía, de la buena, es un observador sereno que va sin prisa en su oficio de inmortalizar monumentos, pueblos, rostros, atardeceres y aquellos paisajes que a nuestra vista pasarían inadvertidos.

Gabriel Motoa Sánchez, vio la primera luz de su existecia en una vieja casona de Las Vegas, jurisdicción de Palmira, en el valle. Nació para cargar una cámara fotográfica sobre sus hombros toda su vida, no le estorba, no le incomoda, es como el azadón o el mache al campesino.

Gabriel Motoa Sánchez

Los mejores años de su existencia los vivió en el Diario El tiempo en la capital de la república.

Transitó por las páginas de la prensa regional, en periódicos hoy extintos como el Pueblo de Cali, allí se colgó en 1985, un Premio Nacional Simón Bolívar de periodismo gráfico, el máximo galardón con el que se premia a los mejores en el país, también pasó por La Tarde de Pereira, siempre con su impecable trabajo.

No es extraño  que  su Simón Bolívar lo lograra justamente retratando la tragedia de colombia, sus guerras, eternas, sus violencias absurdas.

Hace poco regresó de un recorrido por Boston y Miami, donde se deleitó fotografiando la vieja arquitectura y resplandecientes atardeceres. Estaba en lo suyo, donde se mueve  como pez en el agua.

Motoa tiene ojo clínico para la fotografía, como dice la vieja frase de cajón, sabe enmarcar perfectamente su foto, los encuadres son celosamente calculados, conoce sin mucho esfuerzo donde hay una buena fotografía y no pierde la ocasión.

Hace unos años visitó a Urabá y se quedó fascinado por el verde sus bananeras, el calor de su gente, pero también tocado por la impresionante brecha de desigualdades sociales, porque antes que fotógrafo, Gabriel es un ser humano de enorme sensibilidad social, le correspondió retratar la guerra en el Cauca, como pocos lo hicieron.

Hoy retirado del bullicio de la “gran prensa”, no puede dejar quietos, ni el obturador de su cámara ni sus ojos cazadores, que le muestran aún las maravilla de lo que puede hacer la fotografía.

El pasado fin de semana, visitó la ciudad de Bogotá, emocionado por el cambio y los nuevos aires que soplan sobre la patria, si bien los trámites burocráticos no le permitieron hacer el trabajo que deseaba, sin amilanarse se dedicó a lo que mejor sabe, a retratar momentos capitalinos, rostros y paisajes que en el siguiente reportaje gráfico les entregamos:

Su vieja escuela en el Tiempo

Capilla en el Chorro de Quevedo

Bogotá de fiesta por el cambio



Sátira y arte

Estampa bogotana

El encuadre perfecto

No me diga más, tu
mirada lo dice  todo.

La dicha que no cabe

Un poco de espera antes de
 llegar a la plaza de Bolívar

La imagen pluricultural

Nuestra riqueza étnica 

Una foto muy dificil, Bolivar testigo del
 cambio de gobierno, fuera de su espada

Por el Palacio Liévano

La Casa del Florero

Otra panorámica de la Casa  del Florero

Una selva de cemento

Al fondo, El Cerro de Guadalupe

Otra panorámica del Cerro de Guadalupe

Otro marco para el Cerro de Guadalupe


Resistencia ante los rascacielos

Motoa, con el entonces presidente
 Belisario Betancurt

La "Pola" capitalina

 

Al fondo, Monserrate.