Petro logró mayoría parlamentaria e integró un gabinete que tranquiliza a los empresarios y da campo a los socios del Congreso.
Por Yann Baseet /Razón Publica/el Pregonero del Darién/Análisis de la noticia.
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| "El nuevo presidente ha generado confianza" |
Aliados
El gobierno de Gustavo Petro comienza con pie derecho.
El nuevo mandatario ha logrado desmentir por ahora los pronósticos sobre un Congreso donde no tendría el apoyo suficiente para sacar adelante sus proyectos. Petro consiguió esta mayoría y además le añadió el componente pluralista que tranquiliza al país que no votó por él.
Petro
sabía que necesitaba esta mayoría y que no podía gobernar con el apoyo apenas
de la izquierda, por más de que el Pacto Histórico haya logrado resultados
históricos.
Por eso
durante la campaña buscó sin mucho éxito el apoyo del Partido Liberal.
César Gaviria le fue esquivo, y se fue detrás de Federico Gutiérrez. Pero
lo que sembró durante la campaña los cosechó después de la elección, y el jefe
liberal no tuvo otro camino que apoyar al ganador.
La
coalición de la Esperanza hizo lo propio en su casi totalidad por la cercanía
ideológica con el nuevo gobierno, lo mismo que el Partido de la U, consciente
de que sus bases electorales están en regiones petristas. Más sorprendente, el
Partido Conservador se sumó a pesar de la distancia que lo separa de la
izquierda.
De esta
manera, el nuevo gobierno se aseguró una coalición ampliamente mayoritaria en
ambas cámaras, mientras que el Centro Democrático queda solo en la oposición
junto con Cambio Radical, posiblemente, y la Coalición cristiana en la
independencia.
Por
supuesto, los cálculos no están ausentes detrás de esta llegada de las bancadas
tradicionales a la coalición petrista. Cada cual espera obtener sus cuotas en
la nueva administración.
Hay
también una buena dosis de realismo o de fatalismo en ello. El nuevo mandatario
ganó con buena parte de la clase política en contra y su victoria lo ha llevado
a un nivel de popularidad que nunca había alcanzado en el pasado. Hay muchas
expectativas de cambios y los tradicionales sienten que no se pueden quedar por
fuera.
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| Con respaldo de las presidencia de Senado y Cámara |
Gabinete bien pensado
La
segunda prueba de fuego para Petro consistió en organizar un gobierno que
alcanzara simultáneamente varios propósitos difícilmente compatibles.
Por un
lado, el de satisfacer las aspiraciones legítimas de la izquierda y, por otro,
tranquilizar a los sectores empresariales y financieros preocupados por la
llegada de esta misma izquierda y contentar a los nuevos socios de la coalición
de gobierno.
En
cuanto a lo primero, la composición del gobierno ofrece efectivamente una
imagen de cambio con la llegada de varias figuras de izquierda con trayectorias
de activismo social o gremial.
Es el caso de la ministra de Salud, Carolina Corcho, de la ministra de Ambiente, Susana Muhamad, de Minas, Irene Vélez, de Deportes, Isabel Urrutia, de Vivienda, Catalina Velasco, de Cultura, Patricia Ariza, o de la misma Francia Márquez que se encargará de un nuevo Ministerio de la Igualdad.
"Esos temores se atenúan sobre todo porque las carteras más importantes son ocupadas por figuras veteranas, no tan asimiladas a la izquierda, y que tienen sólidas credenciales técnicas, como en el caso del equipo económico encabezado por José Antonio Ocampo"
Por
otra parte, la jugada audaz y arriesgada de nombrar a Iván Velásquez,
reconocido por su trayectoria en defensa de los derechos humanos en el
ministerio de Defensa, señala claramente la ambición de reforma del nuevo
gobierno en las Fuerzas Armadas que no le son afines.
Hay que
señalar en particular el caso de Gloria Inés Ramírez, ministra de Trabajo,
quien militó en el Partico Comunista y la Unión Patriótica y después en el Polo
Democrático, lo que permite considerarla como la primera ministra comunista en
la historia del país.
El
compromiso con la paridad de género es igualmente una señal importante, aunque
Iván Duque había empezado también con un gabinete paritario.
La
tendencia de izquierda de todas estas figuras puede confirmar la preocupación
de quienes ven en Petro a un radical, pero se atenúa por el hecho de que se
trata, con pocas excepciones, de figuras nuevas o no tan conocidas.
Esos
temores se atenúan sobre todo porque las carteras más importantes son ocupadas
por figuras veteranas, no tan asimiladas a la izquierda, y que tienen sólidas
credenciales técnicas, como en el caso del equipo económico encabezado por José
Antonio Ocampo.
De este
modo, Petro quiere tranquilizar a los sectores económicos y anunciar una
reforma tributaria que propone mayores niveles de igualdad.
Los
nombramientos de Álvaro Leyva como canciller, Alfonso Prada como ministro de
Interior, Alejandro Gaviria como ministro de Educación o Cecilia López en el
ministerio de Agricultura, todos muy reconocidos y cercanos a sectores más
tradicionales que el grupo anterior, pueden ser vistos como garantía de
moderación y experiencia en los principales ministerios.
Finalmente,
están las cuotas de las bancadas políticas que son siempre impopulares pero
necesarias para obtener los apoyos en el Congreso. La selección ha sido
probablemente más difícil para Gustavo Petro, que se guardó el anuncio de estos
nombres para el final. Estos anuncios polémicos muestran la dificultad de
encontrar nombres que satisfagan a las bancadas, por un lado, y a la opinión
general, por otra.
Y en
efecto, los dos ministros de este grupo fueron lo que levantaron más ampollas:
Guillermo Reyes, acusado de plagio, ocupará la cartera de Transporte para el
Partido Conservador, mientras que Mery Gutiérrez se encargará posiblemente de
las Tecnologías de la Información y Comunicación para el Partido de la U.
Néstor Osuna, presentado por el Partido Liberal para la cartera de
Justicia, es finalmente quien fue mejor recibido en su sector.
Es
importante anotar que Petro no ha dado continuidad a las cuotas de los partidos
que hacían parte de la coalición de gobierno anterior. Así, el Partido
Conservador perdió su baluarte del ministerio de Agricultura y el Partido de la
U, el ministerio del Trabajo.
Una agenda abultada
El
presidente empezó su mandato con la presentación de la reforma tributaria,
indispensable para sanear las finanzas, pero también para costear las otras
reformas que se intentará realizar.
Además,
el mandatario anunció otras reformas que hacen parte de un programa sumamente
ambicioso: reforma pensional, laboral, política, agraria y del sistema de
salud.
Por
otra parte, se proponen negociaciones de paz con el ELN, de sometimiento con el
Clan del Golfo, extensión del acceso a la educación superior pública, traspaso
de la policía al ministerio del Interior, moratoria sobre nuevas exploraciones
de hidrocarburos y plan de protección de la selva amazónica.
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Si este
empalme ha sido reconocido por su seriedad, no ha permitido del todo ordenar
las prioridades de las ambiciosas propuestas del nuevo gobierno. Cumplir estos
propósitos supone un riesgo de desgaste y el riesgo de que no se consigan a
cabalidad.
Se
trata de una apuesta arriesgada que obliga al gobierno a arrancar a toda
velocidad mientras tiene el apoyo de la opinión y del Congreso. Gustavo Petro
tiene suficiente experiencia para saber que, después de su primer año, la
situación será diferente.
Por eso
ha puesto todas sus cartas sobre la mesa reclamando y obteniendo las
presidencias de las dos cámaras para el Pacto Histórico en el primer año, con
Roy Barreras en el Senado, y David Racero en la Cámara. La habilidad del
primero, la frescura del segundo y la experiencia de Alfonso Prada en el
ministerio del Interior pueden ayudar a Petro a ejecutar sus proyectos de forma
rápida.
Sin
embargo, su coalición no significa que tenga un cheque en blanco puesto que
está compuesta de fuerzas políticas que, hace un par de meses, se movilizaban
contra el programa reformista del candidato Petro.
El Pacto Histórico y parte de la Coalición de la Esperanza están más convencidos, pero sus bancadas se componen en parte de primíparas y activistas que tendrán que aprender rápido. De este modo, el nuevo gobierno tiene que prepararse para un primer año de muchos embates.
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| Yann Baseet |
*Director
del Grupo de Estudios de la Democracia (DEMOS UR) de la Facultad de Estudios Internacionales,
Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario.









