- Una vez
liberados del yugo español se inició el montaje de una hegemonía
liberal-conservadora, que se prolongaría por más de dos siglos. Bolívar y
Santander los protagonistas.
- Una vez liberados del yugo español se inició el montaje de una hegemonía liberal-conservadora, que se prolongaría por más de dos siglos. Bolívar y Santander los protagonistas.
Por: Wilmar Jaramillo Velásquez* Análisis de la noticia
Para
quienes desde los cómodos rincones de una extrema derecha diezmada y derrotada
en las urnas por una propuesta progresista, quieren mostrar el relevo
presidencial ocurrido el siete de agosto como un manotazo del comunismo o del “castrochavismo”,
término que acuñaron con éxito hace cuatro años para infundir miedo y frustrar
el cambio, vale la pena recordarles que esto no es más que el resultado de un
proceso construido en décadas.
Siempre
bajo el imperio del terror y de la guerra, desde sus inicios estos partidos se aseguraron
que ninguna otra fuerza política se les cruzara en su siniestro camino, pagarían
con su vida, con el destierro y el despojo.
Se
aseguraron de plegarse a poderosos aliados como los Estados Unidos para que los
protegiera de la “amenaza comunista”, los grandes potentados fundaron poderosos
medios de comunicación y propaganda para ambientar su poderío y para invisibilidad
a sus contrarios. A estos esperpentos los apodarían democracia y libertad de
expresión.
Sobre
la marcha fueron creando fuertes instituciones para su servicio, organismos de seguridad
para perseguir a los opositores hasta asesinarlos, fiscalías y contralorías
para proteger a sus apadrinados y con la fuerza de las armas exigían respeto
por esa “Institucionalidad”
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| La nueva esperanza de los colombianos |
Así se
hicieron al poder, se adueñaron de las mejores tierras, de los cargos públicos
y de los presupuestos los que repartían en festines bipartidistas y mostraban a
sus sucios de negocios en el mundo como “la democracia más antigua de América
Latina.
Eran
intocables, invencibles, dueños y señores de la patria, de todo lo que en su
interior había, incluyendo la voluntad de los ciudadanos.
Esos
medios de comunicación que fundaron para su servicio, se dedicaban a la defensa
de estos poderes, a inflar sus logros, promocionar sus negocios y aplastar a
sus contradictores, todo en nombre de la libertad y la democracia.
Así
vivían en un paraíso construido para ellos, su familia y los lacayos, de otras esferas
del poder que se acostumbraron a vivir de sus migajas.
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| La Espada de Bolívar en la posesión |
"El domingo pudimos ver como el nuevo mandatario ordenaba que trajeran la espada de Bolívar a la ceremonia de su posesión, que fuera de todo el simbolismo que representa para la libertad de América, fue también una bofetada para el rey de España"
Pero
hay de aquel que se atreviera a confrontarlos, a denunciarlos, sería perseguido
hasta la muerte, la tortura o la desaparición forzosa.
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| Nuevos inquilinos de la Casa de Nariño |
La historia reciente registra crímenes y persecuciones a osados dirigentes que intentaron enfrentar esta hegemonía, Gaitán uno de los más emblemáticos, Guadalupe Salcedo, Jaime Pardo, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro y e incluso hombres nacidos en sus entrañas como Álvaro Gómez Hurtado o Luis Carlos Galán Sarmiento, asesinados cuando se atrevieron a confrontarlos.
Un
partido Político, la UP, fue exterminado en el peor genocidio político que
recuerda la historia reciente en nuestra América Hispana, más de cinco mil de
sus integrantes incluyendo senadores, representantes, diputados, concejales y
militantes rasos, fueron asesinados a lo largo y ancho del país, sembrando
terror, miedo y el exilio entre los sobrevivientes. Fue un contundente mensaje
para quienes intentaran destronarlos.
Más
adelante emplearon con todo rigor el aparato represivo del Estado para combatir
a sus contrarios, seguimientos, chuzadas, asesinatos selectivos y alianzas con
grupos extremistas de derecha armados para no dejar avanzar o triunfar una fuerza
distinta a ellos, se reinventaron con viejos partidos con nombres nuevos para
despistar a los electores.
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| "El poder es del pueblo" |
Desde
otro de sus frentes avanzaba el saqueo de los dineros públicos, la plata de la
salud, de la educación de las conexiones de internet y hasta de la paz, terminada
en los bolsillos de sus contratistas y senadores, de sus aliados en todos los
órdenes.
Desde
el mismo ejecutivo se firmaban decretos para blindar de prebendas a sus amigotes,
protección vitalicia, pasaportes diplomáticos, camionetas blindadas, seguirían
tocando fondo, pero aun así se consideraban intocables, cuando la población
salía a protestar los asesinaban de frente en las calles y plazas públicas, a los
estudiantes que no mataban, le sacaban los ojos.
En la otra
orilla, un hombre casi que, en solitario, Gustavo Petro Urrego, contra viento y
marea desarrollaba su propia lucha, lucha que fue convirtiendo en lucha de
todos, sumaba y sumaba, vencía y vencía trampas, montajes y persecuciones de
una Gestapo moderna que el bipartidismo creó con sus organismos de seguridad para
perseguir a la oposición.
Primero
en la lucha armada bajo las banderas del entonces M-19, luego comprendió que
ese no sería el rumbo y optó por el camino de las urnas, congresista, senador,
alcalde de Bogotá, siempre perseguido, calumniando, pero firme en sus
convicciones de cambio democrático, con la Gestapo a su lado, ni las reuniones privadas
en el colegio de sus hijas escaparon a los seguimientos ni sus giras por el
exterior.
El Bipartidismo
se las ingeniaba para robarle los votos en los entes que dominaba, pero su propuesta seguía creciendo, comenzó a llenar plazas, sus propuestas de energías limpias,
de educación gratuita, de paz completa, de amor, de libertades, de lucha contra la corrupción, de grandes reformas, fue calando día a día entre el pueblo
colombiano, el humillado, el esquilmado, el despojado, hasta llegar a la
hora final y enfrentar una extrema
derecha asustada ante sus convicciones, ante las masas populares que lo aclamaban
en la plaza pública, una extrema derecha desgastada, dividida y hasta enfrentada con su último bastión, el señor Iván Duque
Márquez, el hombre que con su
comportamiento, soberbia e ignorancia de
lo que significa el poder,
le pavimentó la parte final del camino a Gustavo Petro para llegar al
poder.
Era
irreversible que este brillante economista que se supo comunicar con su pueblo,
que logró capitalizar todo su descontento llegara a la presidencia de la república,
tomando posesión el pasado siete de agosto en una fiesta popular que fue en lo
que se convirtió su ascenso al poder.
Este no
es un zarpazo del comunismo a la extrema derecha colombiana, ya lo había dicho Gaitán
hablando de psicología de masas, la revolución más grande América, no se dio
por el préstamo de un florero, se dio por el cúmulo de rabia y de odio en los
granadinos ante los abusos y permanentes atropellos de los españoles. Esa rabia
acumulada en el subconsciente, fue la que motivó esa gran revolución del 20 de
julio de 1810.
El
pasado siete de agosto se repitió exactamente lo misma escena, fueron esos dos
siglos de dominio, de atropello, de vejámenes cometidos contra el pueblo, lo
que volcó a esa masa indignada a llevar en hombros a Gustavo Petro a la
presidencia.
Entonces,
fue la extrema derecha colombiana, ese bipartidismo obtuso que negó las grandes
reformas, que se burló por décadas del pueblo de a pie, exhibiendo como trofeos
invencibles lo que llamaron cínicamente “aplastantes mayorías en el Congreso” o
“la planadora” quienes abrieron la puerta al progresismo. Gustavo solamente fue
el guía de esas masas indefensas.
El
domingo pudimos ver como el nuevo mandatario ordenaba que trajeran la espada de
Bolívar a la ceremonia de su posesión, que fuera de todo el simbolismo que
representa para la libertad de América, fue también una bofetada para el rey de
España quien se negó a rendirle tributo como hicieron las demás delegaciones extranjeras,
no olvidemos que con esa espada Bolívar los sacó corriendo de sus dominios,
como Petro sacó el siete de agosto al bipartidismo.
No hay duda
que fue una bofetada también para ese rey, y que lo más paradójico y absurdo,
es que más de dos siglos después aún exista esa arcaica y horrenda figura.
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| Wilmar Jaramillo Velásquez |
*Comunicador
social periodista/Director de El Pregonero del Darién











