martes, 9 de agosto de 2022

Caen 200 años de hegemonía y tiranía

  • Una vez liberados del yugo español se inició el montaje de una hegemonía liberal-conservadora, que se prolongaría por más de dos siglos. Bolívar y Santander los protagonistas.


María José Pizarro impone
 la banda presidencial

Por: Wilmar Jaramillo Velásquez* Análisis de la noticia

Para quienes desde los cómodos rincones de una extrema derecha diezmada y derrotada en las urnas por una propuesta progresista, quieren mostrar el relevo presidencial ocurrido el siete de agosto como un manotazo del comunismo o del “castrochavismo”, término que acuñaron con éxito hace cuatro años para infundir miedo y frustrar el cambio, vale la pena recordarles que esto no es más que el resultado de un proceso construido en décadas.

Siempre bajo el imperio del terror y de la guerra, desde sus inicios estos partidos se aseguraron que ninguna otra fuerza política se les cruzara en su siniestro camino, pagarían con su vida, con el destierro y el despojo.

Se aseguraron de plegarse a poderosos aliados como los Estados Unidos para que los protegiera de la “amenaza comunista”, los grandes potentados fundaron poderosos medios de comunicación y propaganda para ambientar su poderío y para invisibilidad a sus contrarios. A estos esperpentos los apodarían democracia y libertad de expresión.

Sobre la marcha fueron creando fuertes instituciones para su servicio, organismos de seguridad para perseguir a los opositores hasta asesinarlos, fiscalías y contralorías para proteger a sus apadrinados y con la fuerza de las armas exigían respeto por esa “Institucionalidad”

La nueva esperanza de los colombianos

Así se hicieron al poder, se adueñaron de las mejores tierras, de los cargos públicos y de los presupuestos los que repartían en festines bipartidistas y mostraban a sus sucios de negocios en el mundo como “la democracia más antigua de América Latina.

Eran intocables, invencibles, dueños y señores de la patria, de todo lo que en su interior había, incluyendo la voluntad de los ciudadanos.

Esos medios de comunicación que fundaron para su servicio, se dedicaban a la defensa de estos poderes, a inflar sus logros, promocionar sus negocios y aplastar a sus contradictores, todo en nombre de la libertad y la democracia.

Así vivían en un paraíso construido para ellos, su familia y los lacayos, de otras esferas del poder que se acostumbraron a vivir de sus migajas.

La Espada de Bolívar en la posesión

"El domingo pudimos ver como el nuevo mandatario ordenaba que trajeran la espada de Bolívar a la ceremonia de su posesión, que fuera de todo el simbolismo que representa para la libertad de América, fue también una bofetada para el rey de España"

Pero hay de aquel que se atreviera a confrontarlos, a denunciarlos, sería perseguido hasta la muerte, la tortura o la desaparición forzosa.

Nuevos inquilinos de la Casa de Nariño

La historia reciente registra crímenes y persecuciones a osados dirigentes que intentaron enfrentar esta hegemonía, Gaitán uno de los más emblemáticos, Guadalupe Salcedo, Jaime Pardo, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro y e incluso hombres nacidos en sus entrañas como Álvaro Gómez Hurtado o Luis Carlos Galán Sarmiento, asesinados cuando se atrevieron a confrontarlos.

Un partido Político, la UP, fue exterminado en el peor genocidio político que recuerda la historia reciente en nuestra América Hispana, más de cinco mil de sus integrantes incluyendo senadores, representantes, diputados, concejales y militantes rasos, fueron asesinados a lo largo y ancho del país, sembrando terror, miedo y el exilio entre los sobrevivientes. Fue un contundente mensaje para quienes intentaran destronarlos.

Más adelante emplearon con todo rigor el aparato represivo del Estado para combatir a sus contrarios, seguimientos, chuzadas, asesinatos selectivos y alianzas con grupos extremistas de derecha armados para no dejar avanzar o triunfar una fuerza distinta a ellos, se reinventaron con viejos partidos con nombres nuevos para despistar a los electores.

"El poder es del pueblo"

Desde otro de sus frentes avanzaba el saqueo de los dineros públicos, la plata de la salud, de la educación de las conexiones de internet y hasta de la paz, terminada en los bolsillos de sus contratistas y senadores, de sus aliados en todos los órdenes.

Desde el mismo ejecutivo se firmaban decretos para blindar de prebendas a sus amigotes, protección vitalicia, pasaportes diplomáticos, camionetas blindadas, seguirían tocando fondo, pero aun así se consideraban intocables, cuando la población salía a protestar los asesinaban de frente en las calles y plazas públicas, a los estudiantes que no mataban, le sacaban los ojos.

En la otra orilla, un hombre casi que, en solitario, Gustavo Petro Urrego, contra viento y marea desarrollaba su propia lucha, lucha que fue convirtiendo en lucha de todos, sumaba y sumaba, vencía y vencía trampas, montajes y persecuciones de una Gestapo moderna que el bipartidismo creó con sus organismos de seguridad para perseguir a la oposición.

Primero en la lucha armada bajo las banderas del entonces M-19, luego comprendió que ese no sería el rumbo y optó por el camino de las urnas, congresista, senador, alcalde de Bogotá, siempre perseguido, calumniando, pero firme en sus convicciones de cambio democrático, con la Gestapo a su lado, ni las reuniones privadas en el colegio de sus hijas escaparon a los seguimientos ni sus giras por el exterior.

El Bipartidismo se las ingeniaba para robarle los votos en los entes que dominaba, pero  su propuesta seguía creciendo, comenzó a  llenar plazas, sus propuestas de energías limpias, de educación gratuita, de paz completa, de amor, de libertades, de lucha  contra la corrupción, de grandes reformas,  fue calando día a día entre el pueblo colombiano, el humillado, el esquilmado, el despojado, hasta llegar a la hora  final y enfrentar una extrema derecha asustada ante sus convicciones, ante las masas populares que lo aclamaban en la plaza pública, una extrema derecha desgastada, dividida y hasta enfrentada  con su último bastión, el señor Iván Duque Márquez, el  hombre que con su comportamiento, soberbia e ignorancia de  lo  que significa  el poder,  le pavimentó la parte final del camino a Gustavo Petro para llegar al poder.

Era irreversible que este brillante economista que se supo comunicar con su pueblo, que logró capitalizar todo su descontento llegara a la presidencia de la república, tomando posesión el pasado siete de agosto en una fiesta popular que fue en lo que se convirtió su ascenso al poder.

Este no es un zarpazo del comunismo a la extrema derecha colombiana, ya lo había dicho Gaitán hablando de psicología de masas, la revolución más grande América, no se dio por el préstamo de un florero, se dio por el cúmulo de rabia y de odio en los granadinos ante los abusos y permanentes atropellos de los españoles. Esa rabia acumulada en el subconsciente, fue la que motivó esa gran revolución del 20 de julio de 1810.

El pasado siete de agosto se repitió exactamente lo misma escena, fueron esos dos siglos de dominio, de atropello, de vejámenes cometidos contra el pueblo, lo que volcó a esa masa indignada a llevar en hombros a Gustavo Petro a la presidencia.


Entonces, fue la extrema derecha colombiana, ese bipartidismo obtuso que negó las grandes reformas, que se burló por décadas del pueblo de a pie, exhibiendo como trofeos invencibles lo que llamaron cínicamente “aplastantes mayorías en el Congreso” o “la planadora” quienes abrieron la puerta al progresismo. Gustavo solamente fue el guía de esas masas indefensas.

El domingo pudimos ver como el nuevo mandatario ordenaba que trajeran la espada de Bolívar a la ceremonia de su posesión, que fuera de todo el simbolismo que representa para la libertad de América, fue también una bofetada para el rey de España quien se negó a rendirle tributo como hicieron las demás delegaciones extranjeras, no olvidemos que con esa espada Bolívar los sacó corriendo de sus dominios, como Petro sacó el siete de agosto al bipartidismo.

No hay duda que fue una bofetada también para ese rey, y que lo más paradójico y absurdo, es que más de dos siglos después aún exista esa arcaica y horrenda figura.

Wilmar Jaramillo Velásquez

*Comunicador social periodista/Director de El Pregonero del Darién