Un acuerdo nacional es un cambio en las formas de hacer política en Colombia; servirá para acabar con la exclusión y para garantizar la gobernabilidad.
Por:
Fabián Acuña*/Razón Pública/El Pregonero del Darién/Análisis de la noticia.
Un acuerdo sin antecedentes
El
gobierno electo de Gustavo Petro y Francia Márquez está logrando algo
impensable: reunir sectores políticos contradictorios en un acuerdo nacional
que garantice un gobierno democrático.
La
primera acción de los gobiernos electos en Colombia suele consistir en el
rechazo, la estigmatización y el desconocimiento de la oposición.
Como
sostiene Hernando Valencia Villa en Cartas de Batalla, desde la
independencia quienes ganaron las guerras civiles (liberales y conservadores)
se encargaron de promulgar las constituciones.
El movimiento
de la Regeneración concibió la Constitución de 1886, la más duradera que se ha
tenido. Rafael Núñez emprendió este movimiento que se reafirmó con la Guerra de
los Mil días (1898-1902), consolidando así la Hegemonía Conservadora. Más
adelante, con el triunfo en las urnas de Enrique Olaya Herrera, comenzó la
denominada República Liberal (1930-1946).
Ambas
“repúblicas”, la conservadora y la liberal, excluyeron del gobierno a los
contrarios. De esta manera se produjo una bipolaridad extrema que, como explica
Anthony Downs en Una teoría económica de la democracia, se tradujo en
marcada inestabilidad social. Eventualmente, dicha inestabilidad condujo a los
conflictos civiles de la época de la Violencia partidista.
Esto
trajo consigo la dictadura de Rojas Pinilla y la posterior resolución de los
conflictos mediante un acuerdo bipartidista, el Frente Nacional, que
consideraba las dos mitades de Colombia y dejaba por fuera de la competencia
política a cualquier fuerza alternativa.
Las tres últimas décadas
La
exclusión formal se superó con la Constitución de 1991, pero las prácticas
informales se mantuvieron. Desde 1991 se ordenó un Estatuto de la Oposición,
pero las garantías tardaron once intentos legislativos y más de 25 años en
llegar.
Mientras
tanto ocurrían “chuzadas” ilegales a las comunicaciones de los magistrados y
congresistas de otras líneas políticas que el gobierno uribista consideraba
opositores, y se estigmatizaba y reprendía el movimiento social cuando se
manifestaba. Este desconocimiento de la oposición se resume en la actitud
irrespetuosa del presidente saliente, quien se ha caracterizado por la
displicencia con la oposición —por ejemplo, cuando no oyó la réplica de la
oposición en la reciente posesión del nuevo Congreso—.
![]() |
| Un acuerdo necesario para la gobernabilidad |
Consenso y gobernabilidad
El país
está tan acostumbrado a esto que sospecha cuando se plantea un diálogo amplio
que incluya a sectores contrarios. Por eso la iniciativa del presidente Petro
es innovadora y representa un cambio en las formas de hacer política en
Colombia.
"El Pacto Histórico no puede ignorar las fuerzas políticas distintas si pretende garantizar la gobernabilidad. Algunas de estas fuerzas pueden resentir la llegada de los sectores políticos antagonistas en la campaña, pero es necesario"
Aunque
hay quienes critican el acuerdo nacional, es indudable que se trata de un
diálogo necesario para el gobierno entrante. Pero la llegada de los sectores
opositores causa distintas reacciones:
quienes
siempre han estado a favor de Petro, pueden considerar que la llegada de estos
sectores es favorable, pues suman más personas con las cuales podrían
garantizar la viabilidad de sus proyectos,
otros
también cercanos al proyecto desconfían de la llegada de los sectores
tradicionales, pues creen que puede pervertir el programa original,
por el
lado de quienes votaron contra Petro o a favor de otras opciones políticas,
pueden considerar que la entrada de estas al acuerdo nacional es positiva, pues
ayudaría a despolarizar y evitar las ideas extremas del presidente electo o por
lo menos lo que les causaba más temor de sus propuestas,
en
otros votantes de la política tradicional puede haber también un sentimiento de
decepción, pues sienten que sus representantes traicionaron su voto y
decidieron apoyar al gobierno electo.
Este
acuerdo nacional es necesario para que el gobierno entrante pueda sacar
adelante su agenda. Aunque el Pacto Histórico sea de las bancadas más grandes
en el Congreso, no le alcanza por sí sola para aprobar los proyectos del
gobierno.
Dependiendo
de si un gobierno es mayoritario o no, y de su ánimo para negociar, pueden
presentarse diversos escenarios en términos de gobernabilidad que podrían
afectar la democracia. Dichos escenarios se muestran en la siguiente tabla:
|
Gobierno
minoritario |
Gobierno
mayoritario |
|
|
No
negociación |
A.
Ingobernabilidad-dictadura |
C.
Gobernabilidad excluyente |
|
Negociación |
B.
Gobernabilidad necesaria |
D.
Gobernabilidad democrática |
El
escenario A que denomino ingobernabilidad-dictadura es el de un
gobierno sin mayorías legislativas y sin el interés de negociar. Este escenario
conduce a la ingobernabilidad por la intransigencia del gobierno. Algo similar
vivió Gustavo Petro en la alcaldía de Bogotá, cuando decidió no negociar con el
concejo (no se discutirán las razones) y éste le bloqueó buena parte de sus
iniciativas.
Otros
ejemplos de este escenario serían los gobiernos de Hugo Chávez (izquierda) en
Venezuela y Alberto Fujimori (derecha) en Perú, quienes llegaron al gobierno
sin respaldo en el Congreso, pero con el apoyo popular y de las fuerzas
armadas. En vez de crear consensos con otras fuerzas políticas, decidieron
concentrar el poder y produjeron retrocesos democráticos.
El
escenario opuesto es el D, que llamo gobernabilidad democrática, el
gobierno es mayoría y decide abrir espacios de negociación con la oposición.
Este es el escenario ideal y democrático, pero tristemente es el menos
frecuente en Colombia.
El
escenario C, que denomino gobernabilidad excluyente, se vivió en
Colombia después del Frente Nacional: los gobiernos de coalición mayoritaria
excluyeron sistemáticamente a las fuerzas alternativas. Las mayorías se
consiguen con las fuerzas políticas más cercanas y se excluye, margina o ataca
a las fuerzas políticas contrarias. Es la lógica del amigo o enemigo: quien no
está conmigo, está contra mí.
Finalmente,
el escenario B, que llamo gobernabilidad necesaria, es la posición
donde se encuentra el actual gobierno, es minoritario porque por sí mismo no
logrará que se aprueben sus proyectos. Por eso necesita abrir espacios de
negociación, de no hacerlo, habría una ingobernabilidad que Petro ya conoce;
por eso su apertura es oportuna y necesaria.
Cualquier
político o colectividad desearía tener las mayorías necesarias para evitar negociar
sus posiciones, pero este es un escenario adecuado para limitar cualquier
iniciativa extrema (ya sea de izquierda o derecha) que violente las
instituciones democráticas.
Acuerdo nacional
El
Pacto Histórico es una coalición que congrega fuerzas políticas y sociales de
centro-izquierda y progresistas que avalaron la candidatura presidencial de
Gustavo Petro y Francia Márquez. Así, dichas fuerzas de centro-izquierda,
tradicionalmente excluida, llegan para hacer parte del acuerdo, pues se sienten
representadas en las figuras y trayectorias de Petro y Márquez.
El
Pacto Histórico no puede ignorar las fuerzas políticas distintas si pretende
garantizar la gobernabilidad. Algunas de estas fuerzas pueden resentir la
llegada de los sectores políticos antagonistas en la campaña, pero es
necesario.
Así,
llegan también colectividades que han participado tradicionalmente en la
burocracia estatal acompañando a los gobiernos de turno. Ubicarse en la
oposición tendría un costo muy alto para ellas. Por eso, ante el triunfo de
Petro y su falta de mayorías, aprovechan la oportunidad para incluir sus
proyectos y mantener las cuotas burocráticas a cambio de su apoyo en el
Congreso.
Con la
llegada de estos grupos se garantizan las mayorías necesarias para impulsar
importantes proyectos de gobierno, pero se trata de una mayoría débil: su apoyo
no es programático, por lo cual el gobierno debe aceitar constantemente este
grupo con los beneficios que demanden.
Un
problema adicional es que este apoyo puede estar condicionado a limitar los
alcances de la agenda reformadora y esto puede incidir en la elección de las
personas encargadas de los organismos de control (especialmente Procuraduría,
Contraloría y Fiscalía), pues para estos sectores puede generar desconfianza
tener organismos de control independientes.
Desafortunadamente, se volvió costumbre en Colombia nombrar amigos para estas entidades y condicionar su independencia, envolatando o evadiendo las investigaciones y emprendiendo procesos contra los enemigos políticos. Ojalá la historia cambié con el nuevo
*Fabián Acuña: Candidato a Doctor en Investigación en ciencias sociales de Flacso-México, investigador del Observatorio de Reformas Políticas en América Latina UNAM-OEA https://reformaspoliticas.org/ y docente de la UNAD Colombia.








