Es horroroso el declive moral del neoliberalismo en Colombia. La corrupción se tragó el país, la violencia como síntoma principal ha creado un accionar político totalmente polarizado.
Por: Juán Fernando Uribe Duque/Opinión El Pregonero del Darién.
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| Médico/Juán Fernando Uribe Duque |
Es la
corrupción en estado puro y salvaje, la ambición sin límites de los
contratistas muchos de ellos banqueros empalagados como abejas malditas en las
mieles del erario público. Construyen obras aparentemente hermosas de pura
filigrana con materiales de mala calidad, baratos; ¡todos las admiran, los
medios las aplauden, un mes, tres meses, y antes del año PLASH!
Se caen
o en el caso de las 4G, con el primer invierno se deterioran (menos mal que con
los viaductos parece que no se han ahorrado en materiales, pues ya tienen el
ejemplo del Chirajara y no se pueden "boletiar" tanto).
Es
horroroso el declive moral del neoliberalismo en Colombia. La corrupción se
tragó el país, la violencia como síntoma principal ha creado un accionar
político totalmente polarizado y la dinámica no acepta ambivalencias, pues de
no emprender una pronta lucha contra toda esta cultura del delito perfumado
pronto nos veremos ad portas de una tragedia de proporciones insospechadas
puesto que el hambre ya se habrá tomado la población y la selección -digamos
que natural- crea una pequeña capa de la población favorecida en unas mieles
cada vez más escasas, advenedizas y transitorias.
El
cambio debe ser radical pero consensuado en un pacto donde lo primero debe ser
el país, y no sus enemigos.

