viernes, 20 de octubre de 2023

Delito perfumado

Es horroroso el declive moral del neoliberalismo en Colombia. La corrupción se tragó el país, la violencia como síntoma principal ha creado un accionar político totalmente polarizado.

Por: Juán Fernando Uribe Duque/Opinión El Pregonero del Darién.

Médico/Juán Fernando Uribe Duque
Alguien decía que en las carreteras 4G, la G  se refería a las grietas que todos los días siguen pululando. Y es que no es más que la cultura de la pura fachada ( el mejor ejemplo son los edificios bonitos que se caen solos, el Space, Continental Towers - vaya nombre holivudense-, o los que se tienen que repotenciar y repotenciar...). Hidroituango es la cereza del pastel, ni que hablar más de ello.

Es la corrupción en estado puro y salvaje, la ambición sin límites de los contratistas muchos de ellos banqueros empalagados como abejas malditas en las mieles del erario público. Construyen obras aparentemente hermosas de pura filigrana con materiales de mala calidad, baratos; ¡todos las admiran, los medios las aplauden, un mes, tres meses, y antes del año PLASH! 

Se caen o en el caso de las 4G, con el primer invierno se deterioran (menos mal que con los viaductos parece que no se han ahorrado en materiales, pues ya tienen el ejemplo del Chirajara y no se pueden "boletiar" tanto).

Es horroroso el declive moral del neoliberalismo en Colombia. La corrupción se tragó el país, la violencia como síntoma principal ha creado un accionar político totalmente polarizado y la dinámica no acepta ambivalencias, pues de no emprender una pronta lucha contra toda esta cultura del delito perfumado pronto nos veremos ad portas de una tragedia de proporciones insospechadas puesto que el hambre ya se habrá tomado la población y la selección -digamos que natural- crea una pequeña capa de la población favorecida en unas mieles cada vez más escasas, advenedizas y transitorias.

El cambio debe ser radical pero consensuado en un pacto donde lo primero debe ser el país, y no sus enemigos.