Si bien el desplazamiento y la persecución fue amarga como la hiel, el restablecimiento se empieza a sentir dulce como la miel, por problemas que aun deban afrontar.
Crónicas
del Camino/Wilmar Jaramillo Velásquez/El Pregonero del Darién-Vereda Guacamayas- Municipio de Riosucio-Chocó.
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| Don Rosember Ibáñez Ortega, un campesino que no se rindió ante el desplazamiento. |
Pero también
soles inclementes y aguaceros infernales que desbordan los caños adyacentes y
hacen casi que imposible los accesos, es una combinación clara de todas las manifestaciones
de la naturaleza, que ya sus habitantes sortean con éxitos. Así han vivido y capoteado
por décadas.
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| El trabajo comunitario les ha traído amplios beneficios. |
Desplazados
Llegamos
hasta Guacamayas para verificar en el terreno la situación de estas familias
que fueron desplazadas por terratenientes amparados en el poder armado del
paramilitarismo, sometidos a todo tipo de vejámenes incluyendo montajes
judiciales. Los agresores también eran dueños de la justicia.
La presión contra estos campesinos se agudizó para el año de 1997 cuando prácticamente debieron elegir entre la vida y la tierra, inclinándose por la vida, huyendo con lo poco que logaron salvar. Atrás quedaban años de trabajo, ilusiones, sus casas, cultivos y animales, además de la escuela donde sus hijos se formaban.
Luego llegarían
las amplias cercas de alambre y grandes rebaños de ganado, el pastoreo de extensión
se estableció por estos predios al tiempo que mayordomos revolver al cinto
daban ordenes sobre quienes podía estar en la zona y quienes “eran indeseables”,
“los muertos iban apareciendo en caminos y carreteras, recuerda hoy don
Rosember Ibáñez Ortega, ya en el reposo de su hogar.
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| En permanente capacitación |
Después
logró comprar una parcela en el corregimiento El Tres en Turbo, una hectárea y
media y allí comenzó a trabajar más tranquilo.
El
retorno
Fue en
el año 2012 que se comenzó hablar de retorno, cuando optaron por volver al
predio que comprende 35 hectáreas, llegaron como los otros labriegos, sin
acompañamiento institucional poniendo sus vidas como escudos, pero estaban dispuestos
a lo que fuere.
Don
Rosember recuerda que le habían destruido su casa y hasta la escuela del lugar y como construyó una nueva casa de palma, que luego techó con zinc.
“La gran pregunta que hoy se hacen estos retornados es, ¿hasta cuándo durará la calma, se consolidará finalmente la paz, o estarán expuestos nuevamente a la violencia?, pues la calma parece chicha, además en sectores vecinos como Macondo y Nuevo Oriente, la restitución apenas se asoma. ¿Dónde están los paras?”
Comenzaron a cultivar lo de siempre, maíz, yuca, ñame, arroz y plátano, pero los hacendados enviaban a los administradores a romper las cercas y echar el ganado que rápidamente destruían los cultivos, entre tanto los procesos judiciales se movían con la rapidez con la que actúa la justicia en Colombia cuando los pobres, los de abajo reclaman.
Las víctimas
habían dado poder a la Fundación Forjando Futuros para que los representara y
finalmente lograron un fallo trascendental a su favor. Luego llegaron las escrituras
de sus propiedades y a comenzar a rehacer sus vidas.
Rosember Ibáñez Ortega
Don
Rosember Ibáñez Ortega, es un labriego curtido por el sol abrazador que cae sobre
las montañas y los potreros desnudos; desde niño no aprendió otra cosa distinta
que labrar la tierra, no pudo estudiar, en Guacamayas lleva más de cuatro décadas,
abrió su parcela a punta de hacha y machete, apoyado por la voluntad inquebrantable
de su mujer, Ana Sandiego Correa.
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| La construcción de armonía es vital |
No sueña
con apartamentos en Medellín, ni con lujosas camionetas, sueña con que su mujer,
sus hijos y nietos puedan vivir en paz en su tierra y que no les falte comida.
Todos son cultivadores de la tierra, quiere que la carretera le llegue a su finca
para que el carro le pueda traer los insumos, añora el agua potable, ya que hoy
la extraen de pozos contaminados.
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| Don Rosember en medio de su cultivo de arroz |
Quiero que venga ahora para mostrarle que es lo que producimos” dice en medio de una sonrisa burlona, con la certeza que hoy si hay comida, que los cultivos están en plena producción, que su sueño de volver en condiciones dignas se cumple cada día con un nuevo amanecer, con una nueva esperanza de mejorar.
Su mujer
Ana Sandiego
Correa, es una mujer menuda, de pocas expresiones al hablar, conserva una leve sonrisa
en su rostro, tal vez de épocas idas, ella ha sido el soporte de la familia y
la cómplice de don Rosemberg, ha jugado papel importante, tanto antes del desplazamiento,
como en el retorno y ahora. Aun con sus problemas de salud mantiene la casa en pie,
siempre pendiente de su marido.
Cuando andaba
desplazada por viejos e inciertos caminos de Turbo, contrajo una enfermedad en
una pierna que casi le cuesta la vida. Ella la atribuye a un maleficio.
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| Ana Sandiego Correa-primera a la izquierda |
En medio de los recuerdos de la violencia que ha vivido, de la tragedia del desplazamiento, Ana Sandiego Correa como madre, recuerda bajo largos y prolongados silencios a su hijo Manuel Enrique, un muchacho que salió con su mujer para el municipio de Valencia en el departamento de Córdoba y allí fue asesinado. “Eso estaba muy revuelto por allá, yo no pude ir a verlo, no supe si lo enterrarían o si se lo comieron los goleros*” Crudo y cruel testimonio de la violencia y la muerte.
Vuelve la tragedia
Como
bien dicen los mismos campesinos en su argot popular, no hay dicha completa, una mañana del 19 de noviembre del año 2019, don Rosember estaba ensillando un
caballo para irse a vacunar un ganado cuando fue sorprendido por un impresionante
operativo de la fuerza pública, el mismo que se extendió por otros predios más,
fueron en total nueve campesinos capturados y llevados esposados a la estación de
policía del municipio de Chigorodó.
Ni para
capturar a alias Otoniel hubo tal despliegue de fuerza, el delito más decente del
que los acusaban era de violadores. Los amenazaban con doce años de cárcel.
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| Don Rosember goza hoy de paz y tranquilidad. |
Tres meses
y medio duraron presos, mientras los abogados demostraron su no culpabilidad en
los delitos que les imputaban, sin-embargo aun siguen vinculados al proceso.
“Yo no comía, no hacía sino llorar, me puse flaco, además una gripa casi me mata, que cosa tan horrible, uno toda la vida dedicado al trabajo para ir a caer en una cárcel” cuenta don Rosember, ya recuperado de semejante impacto. Incluso se cree que todo es parte de una estrategia de los victimarios de seguir hostigándolos con procesos judiciales como retaliación ante la recuperación de las tierras.
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| Los niños representan la esperanza, el futuro de esta comunidad. |
Una mano amiga
En Guacamayas coinciden que sin el apoyo resuelto de la Fundación Forjando Futuros, no habrían
recorrido el camino que recorrieron para llegar donde están hoy, apoyo que se inició
con el acompañamiento jurídico en la reclamación de sus predios, luego la escrituración,
apoyo a los campesinos capturados y en la actual asistencia en diferentes
proyectos productivos y organizativos.
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| La cooperación |
Es así
como estos campesinos aprenden procesos para la elaboración de abonos orgánicos,
siempre amigables con el medio ambiente, hacen reforestación con maderables, implementan
huertas con plantas aromáticas, elaboran conservas para aprovechar sus frutales
e incluso han aprendido a elaborar jamón, siempre con la mira en la soberanía alimentaria.
“El tema alimentario ha mejorado mucho, con la intervención de la Fundación
Forjando Futuros” relató, don Rosember.
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| Aprendiendo hacer jamón |
Una de estas
funcionarias, es la señora Aleya Gaitán Pedraza, quien ya hace parte del
inventario de esta comunidad, le ha puesto alma corazón y vida a estos
procesos. Allí dicen que ya tiene el stickers de Guacamayas.
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| Haciendo conservas |
Cae la
tarde y nosotros también debemos retornar, nuestro anfitrión reposa en su hamaca,
con la tranquilidad soñada. También sueña con que nadie vuelva a perturbar su
paz, que tanto les ha costado, que cuando encienta su televisor, poder escuchar
menos mentiras de las que dicen del presidente Petro, de quien dice no se arrepiente
de haber acompañado con su voto.
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| Cultivando plantas aromáticas |
*Golero:
Nombre común con el que también se conoce el gallinazo, Chulo o Buitre Negro.
Nombre científico:
Coragyps atratus.
Octubre-08-2023-
Vereda Guacamayas - Municipio de Riosucio-Chocó.
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| Don Rosemberg se quedó en la tranquilidad de su hogar, con la esperanza que la paz sea duradera. |






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