domingo, 8 de octubre de 2023

El dulce retorno y los productos de la tierra

Si bien el desplazamiento y la persecución fue amarga como la hiel, el restablecimiento se empieza a sentir dulce como la miel, por problemas que aun deban afrontar.

Crónicas del Camino/Wilmar Jaramillo Velásquez/El Pregonero del Darién-Vereda Guacamayas- Municipio de Riosucio-Chocó.

Don Rosember Ibáñez Ortega,
un campesino que no se rindió
 ante el desplazamiento.
El clima de octubre en la zona de Guacamayas, un asentamiento de 26 familias, labradoras de la tierra, objeto de fuertes represalias de terratenientes aliados con paramilitares, desplazadas y retornadas, es una mezcla de sol y lluvias, a veces cálidas mañanas y leves lloviznas que hacen agradable la estadía.

Pero también soles inclementes y aguaceros infernales que desbordan los caños adyacentes y hacen casi que imposible los accesos, es una combinación clara de todas las manifestaciones de la naturaleza, que ya sus habitantes sortean con éxitos. Así han vivido y capoteado por décadas.

El trabajo comunitario les ha
 traído amplios beneficios.

Desplazados

Llegamos hasta Guacamayas para verificar en el terreno la situación de estas familias que fueron desplazadas por terratenientes amparados en el poder armado del paramilitarismo, sometidos a todo tipo de vejámenes incluyendo montajes judiciales. Los agresores también eran dueños de la justicia.

La presión contra estos campesinos se agudizó para el año de 1997 cuando prácticamente debieron elegir entre la vida y la tierra, inclinándose por la vida, huyendo con lo poco que logaron salvar. Atrás quedaban años de trabajo, ilusiones, sus casas, cultivos y animales, además de la escuela donde sus hijos se formaban.

Luego llegarían las amplias cercas de alambre y grandes rebaños de ganado, el pastoreo de extensión se estableció por estos predios al tiempo que mayordomos revolver al cinto daban ordenes sobre quienes podía estar en la zona y quienes “eran indeseables”, “los muertos iban apareciendo en caminos y carreteras, recuerda hoy don Rosember Ibáñez Ortega, ya en el reposo de su hogar.

En permanente capacitación
“Yo salí de mi finca un tres de mayo de 1997, con lo poco que pude sacar y que además podía llevar, me fui para un corregimiento de Apartadó que se llama El Reposo, iba con mi mujer y siete hijos pequeños” nos cuenta don Rosember.

Después logró comprar una parcela en el corregimiento El Tres en Turbo, una hectárea y media y allí comenzó a trabajar más tranquilo.

 El retorno

Fue en el año 2012 que se comenzó hablar de retorno, cuando optaron por volver al predio que comprende 35 hectáreas, llegaron como los otros labriegos, sin acompañamiento institucional poniendo sus vidas como escudos, pero estaban dispuestos a lo que fuere.

Don Rosember recuerda que le habían destruido su casa y hasta la escuela del lugar y como construyó una nueva casa de palma, que luego techó con zinc.

“La gran pregunta que hoy se hacen estos retornados es, ¿hasta cuándo durará la calma, se consolidará finalmente la paz, o estarán expuestos nuevamente a la violencia?, pues la calma parece chicha, además en sectores vecinos como Macondo y Nuevo Oriente, la restitución apenas se asoma. ¿Dónde están los paras?”

Comenzaron a cultivar lo de siempre, maíz, yuca, ñame, arroz y plátano, pero los hacendados enviaban a los administradores a romper las cercas y echar el ganado que rápidamente destruían los cultivos, entre tanto los procesos judiciales se movían con la rapidez con la que actúa la justicia en Colombia cuando los pobres, los de abajo reclaman.

Las víctimas habían dado poder a la Fundación Forjando Futuros para que los representara y finalmente lograron un fallo trascendental a su favor. Luego llegaron las escrituras de sus propiedades y a comenzar a rehacer sus vidas.

El retorno no ha sido fácil, Alfranio Solano, uno de los líderes sociales más visibles de los desplazados  en Guacamayas, dice que el pastoreo extensivo le hizo mucho daño a las tierras para la agricultura, deben hacer canales, mejorar las vías de acceso, no hay agua potable, ni escuela, ni puesto de salud, que incluso  luego  del retorno armaron una judicialización a varios desplazados, que  por  fortuna y gracias nuevamente a la Fundación Forjando Futuros, lograron salir bien librados, al menos por el momento, sin  embargo  durante una reunión  de evaluación de este proceso, él mismo fue secuestrado y gracias  a la presión de organizaciones sociales y  a la rápida intervención de las autoridades fue liberado.

Rosember Ibáñez Ortega

Don Rosember Ibáñez Ortega, es un labriego curtido por el sol abrazador que cae sobre las montañas y los potreros desnudos; desde niño no aprendió otra cosa distinta que labrar la tierra, no pudo estudiar, en Guacamayas lleva más de cuatro décadas, abrió su parcela a punta de hacha y machete, apoyado por la voluntad inquebrantable de su mujer, Ana Sandiego Correa.

La construcción de armonía es vital
Es un hombre apacible, tranquilo, sonríe cuando muestra orgulloso sus cultivos de arroz, maíz, yuca, sus frutales, el Achiote, y hasta los árboles maderables que hoy siembra para que los disfruten sus nietos.

No sueña con apartamentos en Medellín, ni con lujosas camionetas, sueña con que su mujer, sus hijos y nietos puedan vivir en paz en su tierra y que no les falte comida. Todos son cultivadores de la tierra, quiere que la carretera le llegue a su finca para que el carro le pueda traer los insumos, añora el agua potable, ya que hoy la extraen de pozos contaminados.

Don Rosember en medio
 de su cultivo de arroz
Sentado al pie de un limón, en la frescura de la tarde bañada por una leve brisa  que baja del Cerro Cuchillo, distante varios kilómetros de Guacamayas  don Rosember dice con firmeza y agradecido: “ El doctor  Gerardo Vega se ha dado una pela muy dura por nosotros, sin él no estaríamos acá, estamos  muy agradecidos, recuerdo que cuando nos traían las escrituras, matamos una vaca y todo lo tuvimos que traer del pueblo, hasta los plátanos y él nos dijo, ¿entonces ustedes  que producen allá?

Quiero que venga ahora para mostrarle que es lo que producimos” dice en medio de una sonrisa burlona, con la certeza que hoy si hay comida, que los cultivos están en plena producción, que su sueño de volver en condiciones dignas se cumple cada día con un nuevo amanecer, con una nueva esperanza de mejorar.

Su mujer

Ana Sandiego Correa, es una mujer menuda, de pocas expresiones al hablar, conserva una leve sonrisa en su rostro, tal vez de épocas idas, ella ha sido el soporte de la familia y la cómplice de don Rosemberg, ha jugado papel importante, tanto antes del desplazamiento, como en el retorno y ahora. Aun con sus problemas de salud mantiene la casa en pie, siempre pendiente de su marido.

Cuando andaba desplazada por viejos e inciertos caminos de Turbo, contrajo una enfermedad en una pierna que casi le cuesta la vida. Ella la atribuye a un maleficio.

Ana Sandiego Correa-primera
 a la izquierda
A pesar de haber sido casi totalmente curada, las secuelas la azotan con fuertes dolores que ningún médico ha podido curar, ungüento tras ungüento que le recetan.

En medio de los recuerdos de la violencia que ha vivido, de la tragedia del desplazamiento, Ana Sandiego Correa como madre, recuerda bajo largos y prolongados silencios a su hijo Manuel Enrique, un muchacho que salió con su mujer para el municipio de Valencia en el departamento de Córdoba y allí fue asesinado. “Eso estaba muy revuelto por allá, yo no pude ir a verlo, no supe si lo enterrarían o si se lo comieron los goleros*” Crudo y cruel testimonio de la violencia y la muerte.

Vuelve la tragedia

Como bien dicen los mismos campesinos en su argot popular, no hay dicha completa, una mañana del 19 de noviembre del año 2019, don Rosember estaba ensillando un caballo para irse a vacunar un ganado cuando fue sorprendido por un impresionante operativo de la fuerza pública, el mismo que se extendió por otros predios más, fueron en total nueve campesinos capturados y llevados esposados a la estación de policía del municipio de Chigorodó.

Ni para capturar a alias Otoniel hubo tal despliegue de fuerza, el delito más decente del que los acusaban era de violadores. Los amenazaban con doce años de cárcel.

Don Rosember goza hoy 
 de paz y tranquilidad.
De nuevo sale en escena su mecenas, la Fundación Forjando Futuros hizo todo un despliegue de solidaridad nacional e internacional y dirigió las baterías de su equipo jurídico en la defensa de los campesinos que ya estaban internados en la cárcel Villa Inés de Apartadó, los ocho hombres allí y una mujer en Medellín. Entre los capturados estaban dos sobrinos y un cuñado de don Rosemberg.

Tres meses y medio duraron presos, mientras los abogados demostraron su no culpabilidad en los delitos que les imputaban, sin-embargo  aun siguen vinculados al proceso.

“Yo no comía, no hacía sino llorar, me puse flaco, además una gripa casi me mata, que cosa tan horrible, uno toda la vida dedicado al trabajo para ir a caer en una cárcel” cuenta don Rosember, ya recuperado de semejante impacto. Incluso se cree que todo es parte de una estrategia de los victimarios de seguir hostigándolos con procesos judiciales como retaliación ante la recuperación de las tierras.

Los niños representan la esperanza,
 el futuro de esta comunidad.

Una mano amiga

En Guacamayas coinciden que sin el apoyo resuelto de la Fundación Forjando Futuros, no habrían recorrido el camino que recorrieron para llegar donde están hoy, apoyo que se inició con el acompañamiento jurídico en la reclamación de sus predios, luego la escrituración, apoyo a los campesinos capturados y en la actual asistencia en diferentes proyectos productivos y organizativos.

La cooperación
Para este respaldo dicha Fundación se apuntala en la Asamblea de Cooperación por la Paz de España y Comunidad de Madrid.

Es así como estos campesinos aprenden procesos para la elaboración de abonos orgánicos, siempre amigables con el medio ambiente, hacen reforestación con maderables, implementan huertas con plantas aromáticas, elaboran conservas para aprovechar sus frutales e incluso han aprendido a elaborar jamón, siempre con la mira en la soberanía alimentaria. “El tema alimentario ha mejorado mucho, con la intervención de la Fundación Forjando Futuros” relató, don Rosember.

Aprendiendo hacer jamón
La Fundación ha dispuesto allí de un equipo interdisciplinario que abarca a varios profesionales para garantizar la asistencia técnica, ya el Sena, se asoma tímidamente por allí.

Una de estas funcionarias, es la señora Aleya Gaitán Pedraza, quien ya hace parte del inventario de esta comunidad, le ha puesto alma corazón y vida a estos procesos. Allí dicen que ya tiene el stickers de Guacamayas.

Haciendo conservas
El retorno se hace dulce hoy, menos amargo que ayer, y los frutos de la tierra empiezan a brotar bajo el tesón de labriegos como don Rosember y las 26 familias que hacen parte del Consejo Comunitario La Larga y Tumaradó.

Cae la tarde y nosotros también debemos retornar, nuestro anfitrión reposa en su hamaca, con la tranquilidad soñada. También sueña con que nadie vuelva a perturbar su paz, que tanto les ha costado, que cuando encienta su televisor, poder escuchar menos mentiras de las que dicen del presidente Petro, de quien dice no se arrepiente de haber acompañado con su voto.

Cultivando plantas aromáticas

*Golero: Nombre común con el que también se conoce el gallinazo, Chulo o Buitre Negro.

Nombre científico: Coragyps atratus.

Octubre-08-2023- Vereda Guacamayas - Municipio de Riosucio-Chocó.

Don Rosemberg se quedó en la
tranquilidad de su hogar, con la
esperanza que la paz sea duradera.