lunes, 2 de octubre de 2023

El Mártir pecador

De otra parte, el tiempo de las Palomas Valencia, las María Fernandas y los Polo Polo gritones y agresivos, cae en el canasto propio del sainete de una piñata de vampiros.

Juán Fernando Uribe Duque*/Opinión/El Pregonero del Darién.

Medico/Juán Fernando Uribe Duque
Ante la contundencia y lo avasallante del apoyo popular, la oposición al llamado Gobierno del Cambio va entrando en un pasmo tal que sus argumentos y vociferancia alimentan un mundo irreal sólo construido con una gran dosis de odio, rabia y miedo. Miedo a perder privilegios y rabia al tener que enfrentar un país que pretenden negar. Aún no aceptan que la vicepresidenta sea negra y que al lado del presidente se sienten indígenas, mestizos y colombianos para ellos desconocidos y estrambóticos.

Pues sí, llegó el cambio, así de simple. Colombia ha despertado y una multiplicidad de voces inundan con sus ecos todos los rincones de la patria, desde la Guajira, ardiente y pobre, hasta la selva amazónica ahora habitada por la esperanza de ser conservada como patrimonio básico de la humanidad con sus ríos aéreos y su espesura verde creadora de vida. Antes importaba sólo como depositaria de anécdotas guerrilleras, asesinatos de líderes ambientales, bloqueos a carreteras o agresiones a colonos sembradores de coca.

De otra parte, el tiempo de las Palomas Valencia, las María Fernandas y los Polo Polo gritones y agresivos cae en el canasto propio del sainete de una piñata de vampiros, pues el desangre ha terminado y Colombia lo sabe y los hechos hablan por sí mismos, las cifras están para ser consultadas y el sólo hecho de caminar por los campos o las comunas populares llenas de desplazados y sobrevivientes de las dos últimas guerras ( la interpartidista y la del narcotráfico, ambas contra los campesinos y las comunidades más pobres), así lo demuestran.

La novela trágica en la que convirtieron a Colombia tampoco se agota como inspiración de pintores, literatos y cineastas. El narcotráfico y sus prolongaciones mimetizadas ya han sido puestas en evidencia, también todo su influjo y la podredumbre perfumada. Es tanto el drama que ya la única rama viva del árbol mustio en que han convertido a Colombia, empieza a dar frutos amargos, tal vez los últimos, todos llenos de veneno y resentimiento.

La constante pedagogía del presidente Petro y sus agudos colaboradores ahora ya dentro de un más depurado equipo de gobierno, han mostrado al mundo y a la atónita sociedad colombiana acostumbrada a medrar en un somnoliento temperamento sadomasoquista, como las cosas pueden cambiar con una actitud más inteligente e inclusiva.

Como tantas veces lo hemos mencionado, las realizaciones están por verse y todos confiamos que Colombia deje de ser un país hipotecado a los intereses de multinacionales y a las oscuras maquinaciones de los que siempre han gobernado para su propio pecunio, usando el patrimonio público como trampolín para lograr grandes fortunas muchas veces acudiendo al robo frontal como es el caso del Cartel del Petróleo ( Silva Beckenbach y Cia), hasta el momento desconocido por la justicia para ser castigado.

Ahora nos enteramos de la renuncia del alcalde Quintero para apoyar a su amigo el candidato Juan Carlos Upegüi, todo ello después de otro escándalo mediático cuando una conocida periodista lo increpó para que explicara una serie de contratos con empresas ficticias creadas con el fin de robarse 267.000 millones de pesos.

De ser verdad estaremos ya cayendo en un fondo casi absurdo de corrupción a gran escala trabajando bajo una máscara que de ser ciertas las acusaciones, raya con un infantilismo delincuencial muy fácil de detectar.

 Tan expertos serían en mentir como ingenuos en actuar motivados por un resentimiento de clase que los obliga a un desquite primario y casi ridículo. Ya sobrará el tiempo para demostrar o desmentir las acusaciones en toda esta comedia mediática que entretiene a un público polarizado y ávido de espectáculo. El presidente no debe tolerar ese tipo de desafueros, menos en estos momentos cuando su gestión puede ser deslucida por el actuar torpe de funcionarios que dicen apoyar su gobierno.

Todos dicen que Quintero es alfil protegido de Petro, pero ya sabemos que a éste ni las tropelías de su hijo o el mal proceder de los más cercanos le harán temblar la mano para hacer respetar el talante de su gestión.

Si Quintero es enfático en afirmar que la clase popular le dará su apoyo para continuar su administración en cabeza de Upegüi, veremos hasta qué punto sus electores se han dado por bien servidos logrando mejorar su calidad de vida en un país injusto en vía de redención.

Ya vendrán las reformas y el apoyo definitivo, por lo pronto el ciudadano de a pie debería culturizarse accediendo a las redes sociales donde un grupo de excelentes realizadores dan día a día cuenta de los logros de este gobierno novedoso, al tiempo que aclaran el método para conocer nuestra historia y todas las barbaridades y aciertos a los que nos han sometido quienes han gobernado casi siempre con pretensiones muy diferentes al bienestar ciudadano.

Algo si nos asombra: la multitud de candidatos, incluso muchos con la pretensión de repetir. ¿Será que el botín es así de pingüe? ¿O tal vez el sólo hecho de reincidir es necesario para arreglar pendientes cuyas consecuencias ya afloran amenazantes al soltarse las lenguas y hacer vulnerables tantos rabos de paja?

Nos preguntamos al final si la condición de hacer parecer a Fico como un posible mártir es una estrategia de campaña o … pero ¿mártir de qué? De resultar electo muchos se tranquilizarán, pero las instituciones ya más fortalecidas con el nombramiento de un nuevo fiscal y jueces más probos, darán buena cuenta de tanto delincuente refinado y sabrán hacer su trabajo. Por algo la justicia cojea, pero llega.

Confiemos en que así sea.

*Médico Pediatra.