La tentación del cretinismo parlamentario
Por otra parte, la ingenuidad del cretinismo parlamentario, en nuestro contexto, es desconocer que el sistema parlamentario no está exento de los manejos fraudulentos y corruptos.
Marino Alzate Salazar*/Opinión/ El Pregonero del Darién
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| Marino Alzate S. |
Dentro
de las discusiones políticas de la izquierda existe un término que se denomina “cretinismo
parlamentario”. Federico Engels fue el primero en mencionarlo en su escrito
Revolución y Contrarrevolución en Alemania (1852) para referirse a la actuación
de la izquierda en la Asamblea de Frankfurt.
“La
izquierda de la Asamblea, desde el mismo comienzo de su carrera legislativa ha
estado más contagiada que cualquier otra minoría de la Asamblea de la incurable
enfermedad denominada cretinismo parlamentario, afección que imbuye en sus
desgraciadas víctimas la solemne convicción de que todo el mundo, toda su
historia, todo su porvenir se rige y determina por una mayoría de votos
emitidos en esa singular institución representativa que tiene el honor de
contarlos entre sus miembros y que cuanto sucede extramuros de su sede:
Las
guerras, las revoluciones, la construcción de ferrocarriles, la colonización de
continentes enteros, los descubrimientos de oro en California, los canales de
América Central, los ejércitos rusos y cualquier otra cosa más que pueda
pretender influir algo en los destinos de la humanidad no es nada en
comparación con los inconmensurables sucesos que dependen de la solución de
cada problema importante, cualquiera que sea, de los que ocupa justamente en
esos momentos la atención de su honorable Cámara.” (Engels, 1852, p.378, Obras
Escogidas Marx-Engels, Tomo I).
A
su vez Marx, en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, hizo referencia a “aquella
peculiar enfermedad que desde 1848 viene haciendo estragos en todo el
continente, el cretinismo parlamentario, enfermedad que aprisiona como por
encantamiento a los contagiados en un mundo imaginario, privándoles de todo sentido,
de toda memoria, de toda comprensión del rudo mundo exterior… (Marx, 1852, p.
81, edición Fundación Federico Engels, Madrid).
Con
el correr de los años, este concepto ha venido siendo asumido por
organizaciones de izquierda para desmitificar el poder absoluto del sistema
parlamentario. Es necesario aclarar, con el objeto de evitar falsas polémicas,
que Marx y Engels jamás negaron la utilidad de la acción electoral en pro de
reformas favorables a la clase obrera y al pueblo en general y de otro lado, se
debe precisar que si bien las circunstancias en las cuales les correspondió
actuar a estos luchadores han variado mucho, para bien y para mal; no obstante,
es posible identificar dicho concepto en nuestro quehacer político, encarnado
en la fe absoluta que algunos profesan por el sistema parlamentario de
gobierno, considerándolo omnipotente y asumiendo la parlamentaria como la única
y principal forma de lucha política, en todas las circunstancias.
Esta
concepción conduce a confundir los fines y los medios de la política,
desdibujando su objetivo central, el cual no es obtener unos cargos de
representación sino alcanzar el cambio de una sociedad inequitativa e injusta.
Desde los griegos, con Platón y Aristóteles, hemos sabido que la política es el
arte de gobernar la polis, o ciudad-estado, entendida como la comunidad social
más importante para ellos y, la política era la forma de organizarla y darle
cohesión, la cual se entendía como una actividad colectiva, en la que todos los
ciudadanos tenían el deber de participar para asegurar una vida justa y feliz.
La política, entonces, tenía como objetivo el bien común, o el bienestar de
todos los ciudadanos; asimismo esbozaron la estructura de lo que hoy es la
democracia.
Lo
que se cuestiona es que quienes promulgan el cretinismo parlamentario hagan
todas sus apuestas a este escenario político, dejando de lado otros espacios de
lucha como el empoderamiento popular, la concientización de las masas, su
organización, movilización y lucha por imponer reformas y cambios a su realidad
en lo nacional, lo regional y lo local, sin descartar, por supuesto, el empeño
por ocupar cargos en el legislativo y ejecutivo, pero ello no debe llevar a
pensar que la única forma de alcanzar los objetivos políticos es a través de la
representación parlamentaria, que ejercen unos pocos, en contravía de la
democracia directa, ejercida por las masas, la cual es reconocida incluso en
nuestra Constitución, al establecer la prevalencia del pueblo como el
constituyente primario.
Por tal razón, es común observar que pasadas las
jornadas electorales se vive cierta atmosfera de desmovilización, hasta que
llegan las siguientes elecciones, en las cuales se vuelve a convocar a las
ciudadanos, desperdiciando este tiempo que puede ser aprovechado para movilizarlos
y conquistar por otras vías logros importantes para mejorar sus condiciones de
vida e incluso para las acciones de los elegidos, como es el caso actual de la
defensa de las reformas que propone el gobierno que encabeza el presidente
Petro.
Es necesario aclarar que no se trata de reciclar la manida visón de la
combinación de las formas de lucha, que traía implícito el sometimiento de la
lucha política a una concepción militarista en donde se daba prelación a la
lucha armada y lo que no permitió una acumulación de fuerzas a favor del
cambio; la realidad actual de nuestro país ha demostrado con creces el fracaso
de esta tesis y hoy lo que se impone es la política legal; es más, si se
quiere, bajo la forma de lucha parlamentaria como la principal, más no la
única, sin pontificar que esto siempre
será así, porque las circunstanciar políticas cambian, téngase en cuenta, por
ejemplo, la implantación de una dictadura, en la cual sería necesario recurrir
de nuevo a la rebelión.
Asimismo,
el cretinismo parlamentario tiende a que se confunda el “poder” con el acceso
al gobierno, dos conceptos diferentes, los cuales podemos identificar en la lo
que acontece hoy en Colombia, pues es claro que un movimiento de izquierda, el
Pacto Histórico, con Gustavo Petro a la Cabeza, ostenta la presidencia del
país, pero no se tiene el poder, lo cual se evidencia en la imposibilidad de
avanzar eficazmente en las reformas del cambio y en la ejecución cabal del
programa de gobierno prometido, por la oposición férrea de otras fuerzas que
ostentan poder en diferentes instancias del estado (legislativo, Procuraduría,
Fiscalía, Cortes, etc), de la economía (Gremios y conglomerados) y de la sociedad (Medios de comunicación, cultura
política, etc.).
Por
otra parte, la ingenuidad del cretinismo parlamentario, en nuestro contexto, es
desconocer que el sistema parlamentario no está exento de los manejos
fraudulentos y corruptos de la denominada clase política tradicional, que no es
absolutamente transparente; que el poder del dinero y la influencia de factores
externos a las vivencias de las personas, como el influjo nocivo de los medios
de comunicación, en manos de potentados que agencian sus intereses con el
estado, mella las posibilidades genuinamente democráticas del derecho al
sufragio universal, el cual fue, valga la pena reconocerlo, una conquista que
costó vidas y grandes esfuerzos.
Por
otra parte, los sectores alternativos en política carecen de la “experticia” de
las maquinarias electoreras tradicionales y por ello sus posibilidades de
actuación en el campo eleccionario se ven limitadas; ello quiere decir debemos
aprender a desenvolvernos en estos espacios y adquirir las habilidades
necesarias para obtener éxitos, sin caer en los manejos fraudulentos y
corruptos, pues tampoco se trata de eso, lo que corresponde es actuar en el
marco de la ley y de nuestros principios políticos pero con eficacia y
eficiencia.
Los
impactos que acarrea el cretinismo parlamentario se centran en sembrar
expectativas de que solo basta elegir unos representantes, ya sea al
legislativo o en los cargos ejecutivos para que las condiciones sociales y
económicas se transformen de manera milagrosa y no posibilitar que las masas
comprendan que la trasformación de un sistema o modelo político implica un
arduo proceso de lucha y movilización permanente para hacer realidad las
aspiraciones populares; por eso mismo, es que pasadas las elecciones se
evidencia una desmovilización de los ciudadanos que participaron por el cambio
y se sientan a esperar que sus problemas le sean resueltos desde las esferas
del “poder” que no viene a ser tal.
Esta
discusión se ha suscitado con ocasión de las enormes dificultades que ha
enfrentado el proyecto político Pacto Histórico para participar de una manera
planificada, organizada y efectiva en el próximo debate electoral.
Lo que queda
claro hasta el momento es que no se gestionaron, desde el Comité Nacional
Electoral, los mecanismos democráticos adecuados para garantizar la unidad de
todas las fuerzas del Pacto o por lo menos de su mayoría y poder dirimir las
aspiraciones, intereses, y ambiciones de las diferentes candidaturas para los
cargos ejecutivos y de las corporaciones públicas.
Se convirtió en un
principio, lo que es la forma de presentar las listas a corporaciones, en el
sentido de imponer el criterio de listas cerradas, descartando las
posibilidades de las listas de voto preferente, sin haber agotado mecanismos
internos democráticos para la escogencia de dichos candidatos y vulnerando la
autonomía de las regiones, esto llevó al traste la posibilidad de presentar
listas y candidaturas unificadas en la mayoría de departamentos y municipios
del país, lo que sin duda se reflejará en unos resultados precarios para el
Pacto Histórico en la contienda electoral que se avecina.
Pereira,
agosto de 2023
*Marino
Alzate-Ingeniero-empresario del sector cooperativo y Académico.