jueves, 17 de agosto de 2023

Inicia el segundo año

Las declaraciones de Mancuso haciendo referencia al conflicto en los campos y al papel del ejército y ciertos políticos son conmovedoras.

Juán Fernando Uribe Duque*/Opinión/El Pregonero del Darién.

Médico/Juán Fernando Uribe Duque.
Vivir de la renta no trae ningún desarrollo, ni menos conocimiento. El único que se lucra es el rentista y este generalmente no tiene otro beneficio distinto a su propio pecunio.

El caso de Colombia es bien diciente, pues vivimos básicamente de la renta de la explotación de petróleo, carbón y cocaína. Los dos primeros cada uno con una renta de 12.000 millones dólares, y la cocaína, a pesar de la amenaza del fentanilo, entre 15 y 20.000 millones de dólares anuales. El café en sus mejores años nunca ha logrado superar los 6.000 millones.

¿Esto qué significa? que tanto el desarrollo y el conocimiento que se genera es poco. O sino ¿qué desarrollo trae para el país la extracción de un barril de petróleo por parte de una multinacional? Ninguno. ¿Qué tipo de conocimiento? Muy poco, prácticamente nulo; lo mismo sucede con la explotación del carbón y el gas. En el caso de la cocaína solamente miseria, deforestación y muerte.

Dice el presidente que el país al vivir de estas rentas y de una economía informal derivada del lavado de activos, dejó de incentivar la educación y el conocimiento, puesto que se olvidó de construir universidades; para ilustrar trae a colación el ejemplo de la Universidad Nacional que está igual desde hace 50 años, con el mismo número de estudiantes y con los mismos seis edificios, pero en ruinas. El presupuesto para la educación pública proporcionalmente es el mismo y el desarrollo institucional, muy poco.

Es una triste realidad que pareciera no afectarnos y que, en lugar de emprender una acción por cambiarla, la aceptamos indiferentes y simplemente nos adaptamos sin otra opción que el estar conformes.

El gobierno pretende remover desde los cimientos un cambio basado en la educación, el conocimiento, el trabajo productivo del campesino y el empresario popular fomentando el crédito público, la reforma agraria y la asociatividad.

"Yo no vine a expropiar sino a apropiar", dice el presidente, pues pretende devolver la tierra al campesino, incentivar la agricultura y renegociar los tratados de libre comercio (TLC) para no vernos obligados a seguir importando 22 millones de toneladas de alimentos especialmente el maíz (en un país con vocación agrícola, ¡habráse visto!) pudiendo cosecharlo aquí, incluso de mejor calidad.

Los gobiernos de los últimos treinta años vendieron, hipotecaron y atrasaron al país en una forma desmedida, casi miserable (que diría Luis Carlos Galán del gobierno de Gaviria y su llamada "Apertura Económica"), fortaleciendo una casta de importadores y políticos a sueldo para favorecer multinacionales y arrasar con la industria y la producción internas.

Es un hecho que con el advenimiento de la mafia narcotraficante se instauró una economía del rebusque, y el delito permeó toda la sociedad produciendo lo que hemos llamado el "Inconsciente delincuencial colectivo" además de un sentido fatalista en el que nos condenamos a ser simples lacayos de intereses extranjeros, fortaleciendo además de una raquítica economía feudal y rentística, otra derivada del narcotráfico que ha inundado el país de todo tipo de centros comerciales dedicados al contrabando ("sanandrecitos").

Miles de chazas callejeras, casinos y establecimientos de diversión para que una juventud dedicada al rebusque o a las llamadas "economías naranja" (emprendimientos de anexos especulativos a los intereses de multinacionales del entretenimiento y la moda), refuerce una vida carente de sentido crítico y una actitud egoísta muy de acuerdo al sentir neoliberal ("cada cual sálvese y consiga lo que pueda"), sin conciencia de grupo y con la formación de familias evanescentes donde es más importante la mascota humanizada que los mismos hijos, si es que pretenden tenerlos.

A raíz del despojo y la violencia paramilitar- guerrillera, dos facciones del conflicto convertidas en simples bandas criminales en guerra con el objetivo de conservar las rentas y las rutas del narcotráfico, el despojo de tierras al campesino convirtió a Colombia en un país feudal con una economía apenas balbuciente y un campo postrado por la violencia en donde a diario son asesinados decenas de muchachos pobres, fenómeno que también sucede en las ciudades donde las rutas comerciales de la cocaína han convertido en áreas de conflicto y muerte extensas barriadas populares.

Las declaraciones de Mancuso haciendo referencia al conflicto en los campos y al papel del ejército y ciertos políticos son conmovedoras, tanto, así como las evidencias cada vez más claras de los abusos y los delitos contra el erario público del sector financiero.

La acción pedagógica del gobierno y su acercamiento a las necesidades reales del pueblo han puesto en evidencia la verdadera realidad colombiana, descubriendo un país fragmentado, desconectado y en manos de una plutocracia dirigida por el narcotráfico en asocio con un sector financiero corrupto.

En este año de gobierno, sorteando todas las dificultades y las que están por venir, el gobierno ha capoteado con éxito el vendaval inflacionario, el desempleo ha cedido, se ha fortalecido la economía popular con nuevos emprendimientos asociativos y se ha logrado, o al menos se intenta, un diálogo con la terrateniencia con miras a llevar a cabo de la manera más consensuada y menos traumática posible, una reforma agraria con el fin de reactivar la producción interna de alimentos. El compromiso es devolverle al campesino tres millones de hectáreas de tierra fértil de los seis millones despojados, pues tenerlo engrosando los cordones de miseria en las ciudades definitivamente es un crimen.

Como crimen también lo fue el haberles quitado a los trabajadores los beneficios salariales del trabajo nocturno, la retroactividad a las cesantías y otros logros. Ni hablar de la atención en salud en manos de privados deshonestos con pretensiones de lucro, aunque ahora se ven más laxas en la prestación de servicios las EPS que sobreviven al desfalco, presumiblemente por la amenaza de una reforma justa y eficaz.

Colombia ha transitado por una senda llena de espinas adornada con jardines de mampostería que se quitan y ponen como en la Feria de las Flores. Se ha construido una falsa imagen de progreso y bienestar que sólo incluye una clase social beneficiaria de una economía que apenas sobrevive de las migajas de los grandes capitales muchos de ellos provenientes del accionar ilícito y otros de emprendimientos personales exitosos, además de una pequeña empresa privada que se niega a morir y una gran nómina estatal alimentada por una burocracia que ha perpetuado en el poder una clase política que en buena parte sigue hipotecando al país. A propósito, dicen que Federico Gutiérrez quiere acceder otra vez a la alcaldía de Medellín para vigilar de cerca el endeudamiento al que sometió la ciudad con los bancos de Sarmiento Ángulo. Casi doscientos mil millones, si no, es más.

El recrudecimiento de la violencia de las bandas multicrímen por el accionar intenso de la fuerza pública en su contra, la crisis del narcotráfico debido a la aparición del fentanilo y el cambio en las rutas y la modificación de su comercio, como también la puesta en evidencia internacional de los descalabros delincuenciales del sector financiero, particularmente del grupo Aval.

Todo este andamiaje de corrupción escandaloso que los medios se niegan a aceptar y dar difusión, los robos continuados de hidrocarburos por parte de un destacamento de aristócratas emparentados con un expresidente, las tropelías de un delfín para darle gusto a sus amantes busconas, y muchas otras muestras de la crisis moral del país, han hecho que este gran absceso en que se ha convertido Colombia empiece a drenar toda su pus  y que las cortes internacionales se llenen de procesos y los directamente implicados empiecen a contratar grupos de abogados o en el mejor de los casos huyan a otros países donde tampoco serán bien recibidos puesto que el presidente se ha encargado de ponerlos en evidencia.

El gobierno del cambio por una Colombia más humana apenas comienza, ya las condiciones y las ideas están expuestas, la realidad se ha hecho palpable, el telón se levanta y se ve el escenario, todos los actores están listos, muchos se han replegado, y otros muestran el rostro aún con sus máscaras. El director ya ha dado la orden y la función apenas comienza…

*Médico pediatra.