lunes, 7 de agosto de 2023

Los Silleteros

El espectáculo es tan grotesco que los participantes no se dan cuenta de ello e incluso lo hacen previas consejas e intrigas entre los mismos vecinos de las veredas de Santa Helena.

Juán Fernando Uribe Duque*/Opinión/ El Pregonero del Darién

Médico/Juán Fernando Uribe Duque
Hasta que no se les muera un silletero, seguirán permitiendo el desfile.

Una cosa son las flores, otra la silleta y otra bien distinta el silletero: una apología del servilismo y la esclavitud. Parecería que se disputaran el latigazo del amo. Incluso piden que se dé el primer premio al término del desfile cuando ya muchos están a punta del colapso. Mucho recuerdo hace un año a una pobre anciana a quien tuvieron que auxiliar con un "cirineo" pues las fuerzas la abandonaron y la sonrisa no le bastó para evitar la muerte.

El espectáculo es tan grotesco que los participantes no se dan cuenta de ello e incluso lo hacen previas consejas e intrigas entre los mismos vecinos de las veredas de Santa Helena.

El desfile debería hacerse en comparsas motorizadas sin la burda ostentación de tener que llevar sobre las espaldas adoloridas el estigma del servilismo colonial como era usual al deber transportar en andas al señorito para que no se le estropearan sus "píes delicados" o a la sofocada niña hija del patrón, después de la piñata.

A todos nos embarga la emoción al exclamar con sentido chovinismo el dicho de "por donde pasa un silletero es Antioquia misma la que pasa", pero no, no es así, no es Antioquia la que desfila, es el sentimiento esclavista y colonial que pervive a través del tiempo convertido en fiesta y carnaval. No otra cosa que una corrida de toros.

Se prohibió la llamada "Cabalgata de las flores" por mal trato animal, pues se debe hacer lo mismo con este espectáculo degradante.

Es el "Viejo malestar del Nuevo Mundo" como lo define Mauricio García en su libro, ese sentimiento de tristeza, culpa y resignación creado a partir del mal trato de los colonizadores hacia los esclavos, indígenas, mestizos y negros. Incluso los mismos criollos blancos como mecanismo de desquite por su exclusión ante el "Chapetón" altivo, recurrían al desprecio, la azotaina... y a la silleta. Ahora es la misma decorada como un escarnio a la vileza haciendo de la fatiga del campesino un premio lleno de flores.

Los tiempos van cambiando y ya es tiempo para reflexionar y optar por una actitud más interesante de estética y libertad.

Lo que faltó en el desfile fue la fusta y el cadalso.

*Médico Pediatra.