El espectáculo es tan grotesco que los participantes no se dan cuenta de ello e incluso lo hacen previas consejas e intrigas entre los mismos vecinos de las veredas de Santa Helena.
Juán Fernando Uribe Duque*/Opinión/ El Pregonero del Darién
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| Médico/Juán Fernando Uribe Duque |
Una
cosa son las flores, otra la silleta y otra bien distinta el silletero: una
apología del servilismo y la esclavitud. Parecería que se disputaran el
latigazo del amo. Incluso piden que se dé el primer premio al término del
desfile cuando ya muchos están a punta del colapso. Mucho recuerdo hace un año
a una pobre anciana a quien tuvieron que auxiliar con un "cirineo"
pues las fuerzas la abandonaron y la sonrisa no le bastó para evitar la muerte.
El
espectáculo es tan grotesco que los participantes no se dan cuenta de ello e
incluso lo hacen previas consejas e intrigas entre los mismos vecinos de las
veredas de Santa Helena.
El
desfile debería hacerse en comparsas motorizadas sin la burda ostentación de
tener que llevar sobre las espaldas adoloridas el estigma del servilismo
colonial como era usual al deber transportar en andas al señorito para que no
se le estropearan sus "píes delicados" o a la sofocada niña hija del
patrón, después de la piñata.
A todos
nos embarga la emoción al exclamar con sentido chovinismo el dicho de "por
donde pasa un silletero es Antioquia misma la que pasa", pero no, no es
así, no es Antioquia la que desfila, es el sentimiento esclavista y colonial
que pervive a través del tiempo convertido en fiesta y carnaval. No otra cosa
que una corrida de toros.
Se
prohibió la llamada "Cabalgata de las flores" por mal trato animal,
pues se debe hacer lo mismo con este espectáculo degradante.
Es el
"Viejo malestar del Nuevo Mundo" como lo define Mauricio García en su
libro, ese sentimiento de tristeza, culpa y resignación creado a partir del mal
trato de los colonizadores hacia los esclavos, indígenas, mestizos y negros.
Incluso los mismos criollos blancos como mecanismo de desquite por su exclusión
ante el "Chapetón" altivo, recurrían al desprecio, la azotaina... y a
la silleta. Ahora es la misma decorada como un escarnio a la vileza haciendo de
la fatiga del campesino un premio lleno de flores.
Los
tiempos van cambiando y ya es tiempo para reflexionar y optar por una actitud más
interesante de estética y libertad.
Lo que
faltó en el desfile fue la fusta y el cadalso.
*Médico
Pediatra.

