sábado, 26 de agosto de 2023

 

La tentación del cretinismo parlamentario

Por otra parte, la ingenuidad del cretinismo parlamentario, en nuestro contexto, es desconocer que el sistema parlamentario no está exento de los manejos fraudulentos y corruptos.

Marino Alzate Salazar*/Opinión/ El Pregonero del Darién

Marino Alzate S.
Dentro de las discusiones políticas de la izquierda existe un término que se denomina “cretinismo parlamentario”. Federico Engels fue el primero en mencionarlo en su escrito Revolución y Contrarrevolución en Alemania (1852) para referirse a la actuación de la izquierda en la Asamblea de Frankfurt.

“La izquierda de la Asamblea, desde el mismo comienzo de su carrera legislativa ha estado más contagiada que cualquier otra minoría de la Asamblea de la incurable enfermedad denominada cretinismo parlamentario, afección que imbuye en sus desgraciadas víctimas la solemne convicción de que todo el mundo, toda su historia, todo su porvenir se rige y determina por una mayoría de votos emitidos en esa singular institución representativa que tiene el honor de contarlos entre sus miembros y que cuanto sucede extramuros de su sede:

Las guerras, las revoluciones, la construcción de ferrocarriles, la colonización de continentes enteros, los descubrimientos de oro en California, los canales de América Central, los ejércitos rusos y cualquier otra cosa más que pueda pretender influir algo en los destinos de la humanidad no es nada en comparación con los inconmensurables sucesos que dependen de la solución de cada problema importante, cualquiera que sea, de los que ocupa justamente en esos momentos la atención de su honorable Cámara.” (Engels, 1852, p.378, Obras Escogidas Marx-Engels, Tomo I).

A su vez Marx, en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, hizo referencia a “aquella peculiar enfermedad que desde 1848 viene haciendo estragos en todo el continente, el cretinismo parlamentario, enfermedad que aprisiona como por encantamiento a los contagiados en un mundo imaginario, privándoles de todo sentido, de toda memoria, de toda comprensión del rudo mundo exterior… (Marx, 1852, p. 81, edición Fundación Federico Engels, Madrid).

Con el correr de los años, este concepto ha venido siendo asumido por organizaciones de izquierda para desmitificar el poder absoluto del sistema parlamentario. Es necesario aclarar, con el objeto de evitar falsas polémicas, que Marx y Engels jamás negaron la utilidad de la acción electoral en pro de reformas favorables a la clase obrera y al pueblo en general y de otro lado, se debe precisar que si bien las circunstancias en las cuales les correspondió actuar a estos luchadores han variado mucho, para bien y para mal; no obstante, es posible identificar dicho concepto en nuestro quehacer político, encarnado en la fe absoluta que algunos profesan por el sistema parlamentario de gobierno, considerándolo omnipotente y asumiendo la parlamentaria como la única y principal forma de lucha política, en todas las circunstancias.

Esta concepción conduce a confundir los fines y los medios de la política, desdibujando su objetivo central, el cual no es obtener unos cargos de representación sino alcanzar el cambio de una sociedad inequitativa e injusta. Desde los griegos, con Platón y Aristóteles, hemos sabido que la política es el arte de gobernar la polis, o ciudad-estado, entendida como la comunidad social más importante para ellos y, la política era la forma de organizarla y darle cohesión, la cual se entendía como una actividad colectiva, en la que todos los ciudadanos tenían el deber de participar para asegurar una vida justa y feliz. La política, entonces, tenía como objetivo el bien común, o el bienestar de todos los ciudadanos; asimismo esbozaron la estructura de lo que hoy es la democracia.

Lo que se cuestiona es que quienes promulgan el cretinismo parlamentario hagan todas sus apuestas a este escenario político, dejando de lado otros espacios de lucha como el empoderamiento popular, la concientización de las masas, su organización, movilización y lucha por imponer reformas y cambios a su realidad en lo nacional, lo regional y lo local, sin descartar, por supuesto, el empeño por ocupar cargos en el legislativo y ejecutivo, pero ello no debe llevar a pensar que la única forma de alcanzar los objetivos políticos es a través de la representación parlamentaria, que ejercen unos pocos, en contravía de la democracia directa, ejercida por las masas, la cual es reconocida incluso en nuestra Constitución, al establecer la prevalencia del pueblo como el constituyente primario.

Por tal razón, es común observar que pasadas las jornadas electorales se vive cierta atmosfera de desmovilización, hasta que llegan las siguientes elecciones, en las cuales se vuelve a convocar a las ciudadanos, desperdiciando este tiempo que puede ser aprovechado para movilizarlos y conquistar por otras vías logros importantes para mejorar sus condiciones de vida e incluso para las acciones de los elegidos, como es el caso actual de la defensa de las reformas que propone el gobierno que encabeza el presidente Petro.

Es necesario aclarar que no se trata de reciclar la manida visón de la combinación de las formas de lucha, que traía implícito el sometimiento de la lucha política a una concepción militarista en donde se daba prelación a la lucha armada y lo que no permitió una acumulación de fuerzas a favor del cambio; la realidad actual de nuestro país ha demostrado con creces el fracaso de esta tesis y hoy lo que se impone es la política legal; es más, si se quiere, bajo la forma de lucha parlamentaria como la principal, más no la única,  sin pontificar que esto siempre será así, porque las circunstanciar políticas cambian, téngase en cuenta, por ejemplo, la implantación de una dictadura, en la cual sería necesario recurrir de nuevo a la rebelión.

Asimismo, el cretinismo parlamentario tiende a que se confunda el “poder” con el acceso al gobierno, dos conceptos diferentes, los cuales podemos identificar en la lo que acontece hoy en Colombia, pues es claro que un movimiento de izquierda, el Pacto Histórico, con Gustavo Petro a la Cabeza, ostenta la presidencia del país, pero no se tiene el poder, lo cual se evidencia en la imposibilidad de avanzar eficazmente en las reformas del cambio y en la ejecución cabal del programa de gobierno prometido, por la oposición férrea de otras fuerzas que ostentan poder en diferentes instancias del estado (legislativo, Procuraduría, Fiscalía, Cortes, etc), de la economía (Gremios y conglomerados) y de  la sociedad (Medios de comunicación, cultura política, etc.).

Por otra parte, la ingenuidad del cretinismo parlamentario, en nuestro contexto, es desconocer que el sistema parlamentario no está exento de los manejos fraudulentos y corruptos de la denominada clase política tradicional, que no es absolutamente transparente; que el poder del dinero y la influencia de factores externos a las vivencias de las personas, como el influjo nocivo de los medios de comunicación, en manos de potentados que agencian sus intereses con el estado, mella las posibilidades genuinamente democráticas del derecho al sufragio universal, el cual fue, valga la pena reconocerlo, una conquista que costó vidas y grandes esfuerzos.

Por otra parte, los sectores alternativos en política carecen de la “experticia” de las maquinarias electoreras tradicionales y por ello sus posibilidades de actuación en el campo eleccionario se ven limitadas; ello quiere decir debemos aprender a desenvolvernos en estos espacios y adquirir las habilidades necesarias para obtener éxitos, sin caer en los manejos fraudulentos y corruptos, pues tampoco se trata de eso, lo que corresponde es actuar en el marco de la ley y de nuestros principios políticos pero con eficacia y eficiencia.

Los impactos que acarrea el cretinismo parlamentario se centran en sembrar expectativas de que solo basta elegir unos representantes, ya sea al legislativo o en los cargos ejecutivos para que las condiciones sociales y económicas se transformen de manera milagrosa y no posibilitar que las masas comprendan que la trasformación de un sistema o modelo político implica un arduo proceso de lucha y movilización permanente para hacer realidad las aspiraciones populares; por eso mismo, es que pasadas las elecciones se evidencia una desmovilización de los ciudadanos que participaron por el cambio y se sientan a esperar que sus problemas le sean resueltos desde las esferas del “poder” que no viene a ser tal.

Esta discusión se ha suscitado con ocasión de las enormes dificultades que ha enfrentado el proyecto político Pacto Histórico para participar de una manera planificada, organizada y efectiva en el próximo debate electoral.

Lo que queda claro hasta el momento es que no se gestionaron, desde el Comité Nacional Electoral, los mecanismos democráticos adecuados para garantizar la unidad de todas las fuerzas del Pacto o por lo menos de su mayoría y poder dirimir las aspiraciones, intereses, y ambiciones de las diferentes candidaturas para los cargos ejecutivos y de las corporaciones públicas.

Se convirtió en un principio, lo que es la forma de presentar las listas a corporaciones, en el sentido de imponer el criterio de listas cerradas, descartando las posibilidades de las listas de voto preferente, sin haber agotado mecanismos internos democráticos para la escogencia de dichos candidatos y vulnerando la autonomía de las regiones, esto llevó al traste la posibilidad de presentar listas y candidaturas unificadas en la mayoría de departamentos y municipios del país, lo que sin duda se reflejará en unos resultados precarios para el Pacto Histórico en la contienda electoral que se avecina.

Pereira, agosto de 2023

*Marino Alzate-Ingeniero-empresario del sector cooperativo y Académico.