El arte contribuye a compartir espacios donde la violencia no tiene cabida, a tener una mirada diferente de las cosas y a generar una posición crítica y liberadora frente al mundo existente.
Miguel Ángel Echeverri/Cultural/El Pregonero del Darién
El arte
como creación espiritual del ser humano se materializa en la literatura, la
pintura, la escultura, la danza, el cine, la arquitectura, la música.
Una
sociedad que valore y cultive el arte tiene más posibilidad de sentirse
fortalecida para que la violencia, sea cual fuere, tenga muy poca opción de
generar daño en su seno.
Los
niveles de agresividad disminuyen en comunidades donde las políticas enfocadas
hacia la promoción y difusión cultural tiene la importancia y el apoyo que se
merecen.
Cuando
en una política de gobierno la cultura y el apoyo a la difusión de las artes
pasan a un segundo plano, se genera un caldo de cultivo que favorece a todos
aquellos que no están interesados en que un pueblo se eduque y fortalezca su
desarrollo cultural; ellos saben muy bien que un pueblo ignorante se convierte
en la víctima ideal para ejercer sobre él mayores niveles de sometimiento y
enajenación.

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