Muchos habitamos las mieles de ser favorecidos y creemos que las cosas marchan bien.
Juan Fernando Uribe Duque*/ Opinión/El Pregonero del Darién
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| Médico/Juan Fernando Uribe Duque |
Es la
ley de los condominios, de los reductos, en los que se construye una historia
propia, un mundo aparte, con sus propios altares y los santos justos para su
devoción; algo así como la vida en la corte francesa de Luis XVI, cuando la
reina grita en una fiesta refiriéndose al hambre que el pueblo soporta:
"Pues si no tienen pan, que coman pasteles".
"Estudien
vagos" "Qué más quieren si lo tienen todo", son frases que a
diario escuchamos cuando se refieren a los "otros", a esos que salen
a las calles o habitan los sectores que muchos quisieran bombardear. No toleran
posibles amenazas, el mundo del confort no acepta alternativas; la cultura del
bienestar que trae el dinero venga de donde viniere es egoísta y salaz, no
soporta críticas, ni advenedizos, no existe la posibilidad de un diálogo donde
la brecha es tan profunda, donde la diferencia es tan notoria, incluso donde la
misma apariencia física es tan disímil. Dos mundos, tres mundos, cuatro mundos
diferentes, unidos por el lenguaje de la segregación y una caridad de amenazas,
impuestos y garrote.
Administrar
las limosnas que se derraman de un estado de corrupción e inequidad es tarea
loable para tecnócratas y planificadores: aún no nos explicamos la magia y la
abundancia, aún mercamos, sobrevivimos, muchos habitamos las mieles de ser
favorecidos y creemos que las cosas marchan bien. Apariencias que vertimos hacia
el espejo traidor que es nuestra Colombia, un país extraño, oculto en mil
caras, lleno de luz y sombras.
*Médico
pediatra.
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