La lucha contra la corrupción en este gobierno ha sido intensa y pone contra las cuerdas a los clanes corruptos y mafiosos que nos han gobernado.
Juan
Fernando Uribe Duque*/Opinión/ El Pregonero del Darién
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| Médico/Juan Fernando Uribe Duque. |
Ya la adoración por el Ñoño Elías se expresó en su totalidad y lo único que falta es la sumatoria de votos. Extraño pero real, una prueba más del inconsciente delincuencial colectivo que nos caracteriza.
Pero
Colombia se está cansando de la maquinación corrupta y es la actitud del
presidente Petro un claro símbolo de que algo bueno emerge dentro de una
conciencia nacional apenas balbuciente: la fortaleza moral nunca antes vista en
un líder político en contravía de la costumbre de salvar el pellejo sin
importar las evidencias de un mal proceder, es claro indicio de un renacer
moral en la política colombiana.
No bastó con el desafuero de Zuluaga y toda su andanada de corrupción, para que el último escándalo del robo continuado al oleoducto tratara de ser atenuado hiriendo en lo más profundo la dignidad personal del presidente. Pero está muy claro que, para el mandatario, está por encima su país, y a pesar del dolor de ver a un hijo en la cárcel, el talante que lo ha distinguido a través de su vida personal y política, le ratifica una honestidad y una fortaleza a toda prueba; es más, se puede derrumbar todo a su lado -como ya ha sucedido en la retaliación continua a su accionar contra la corrupción- y él mantendrá su talante de ecuanimidad y valor.
Podrán decir que lo de las bolsas con billetes
de cinco mil fue horrible (video malintencionadamente editado), que el desmedro
con los edredones de plumas de ganso fue horroroso, que el bailoteo de su mujer
es indigno en una primera dama (provocadora de la envidia de fofas
cuarentonas), pero en lo que a él se refiere, nada, ni una sola sombra de
corrupción, ni un mal proceder, ni un solo insulto, ni un comentario ominoso
contra sus adversarios y enemigos políticos. Un hombre correcto, un político
inteligente y respetuoso.
La
ignominia contra Gustavo Petro ha pretendido ser nefasta desde la declaratoria
de inhabilidad por el procurador Ordoñez durante la alcaldía, sumada a los
insultos e improperios de Paloma Valencia, la Mafe Cabal, y Ficóptero -
permítanme llamarlo por su apelativo- y toda la sorna infantil de Polo Polo o
Miguelito Uribe que "evidentemente" como su abuelo, es un vociferante
sin argumentos. Todos recordamos ese "sicario… sicario… sicario"
dicho con la vergüenza de haber procedido con odio y ordinariez.
La
lucha contra la corrupción en este gobierno ha sido intensa y pone contra las
cuerdas a los clanes corruptos y mafiosos que nos han gobernado. Es la primera
vez que se destapa con tanta rapidez todo el entramado de robo, saqueo y
expoliación contra el país… y eso les preocupa. Además, también es la primera
vez que tenemos la esperanza en un cambio definitivo para una Colombia que aún
resiste y se organiza en una sola conciencia nacional.
Estamos
seguros que no bastarán los escándalos de alcoba ni las futuras pataletas de
Armando Benedetti para sofocar los grandes daños que todos estos delincuentes
de cuello blanco han cometido. El presidente Petro es un faro de fortaleza
moral y todos a su lado -aún los más cercanos-, lo saben, y de no caminar por
la senda que ha trazado, el líder del Pacto Histórico seguirá haciendo de su
soledad y su dolor, un canto de amor por Colombia.
*Médico/pediatra.

