Ni el congreso cobarde y contaminado, ni el presidente Petro, tienen los pantalones para poner en cintura el cartel de los medios de comunicación.
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| Wilmar Jaramillo Velásquez |
Los
medios de comunicación en Colombia son cómplices de múltiples delitos, de crímenes
de lesa humanidad, han amparado por décadas la corrupción y han vivido de ella.
Pero como en todas las reglas, aquí también hay valerosas excepciones.
Rafael
Correa en Ecuador tuvo el valor de enfrentar el poderío de la prensa que como
en Colombia se había convertido en un concierto para delinquir, logró romper el
monopolio de los medios, pero en nuestro país el señor Gabriel Gilinski que, sí
se sabe que es y para qué sirve un oligopolio, compró la revista Semana para
convertirla en el parlante oficial de la extrema derecha y sus acólitos.
La
antigua revista por donde pasaron los más preclaros periodistas de Colombia, que
vivió una verdadera época de oro, es hoy la peor alcantarilla de la información
nacional.
Ante el
éxito logrado con Semana, al convertirla en jefe de la oposición a todo lo que
les huela a reformas del nuevo gobierno y aprovechando la crisis financiera de los
medios tradicionales, la familia Gilinski silenciosamente se apodera del país
de Cali y del Heraldo de Barranquilla, fracasó por un pelo de quedarse con El
Colombiano de la godarria antioqueña.
Un
grupo de empresarios inescrupulosos descubrió que bajo el ropaje de la libertad
de prensa y de opinión, podía camuflar otros oscuros negocios y entramados del
poder, que podían manipular los gobiernos de turno y al que no se doblegue, entonces
le propiciarían un golpe de estado y le soltarían toda una jauría de perros de
caza, disfrazados de periodistas.
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Hay que
legislar y duro contra estos carteles protegidos bajo el emparo de las
libertades.
Una simple
carta del presidente Petro exigiendo el mínimo respeto por su gobierno y su
persona desató de inmediato el grito de personas tan retardatarias como José María
Aznar, Andrés Pastrana e Iván Duques, quienes pusieron el grito en el cielo por
una supuesta amenaza a la libertad de prensa
en Colombia, que no es ni
prensa ni es libre, son simples
tentáculos del poder político y económico defendiendo sus intereses particulares,
lejos quedó la información, el derecho que nos dio la constitución a estar bien
informados.
A los dueños
de este poder se le olvidó al igual que a todas las autoridades, que la misma
Constitución reza que los medios son libres, pero responsables ante la ley, que
difamar y calumniar, fomentar golpes de estado contra la democracia y,
distorsionar la verdad son delitos que se deben investigar y sancionar.
El señor
Gabriel Gilinski, está transitando por un peligroso camino y de paso está
arrastrando al país por tenebrosos espacios de incertidumbre. Su poder económico
no podrá ser superior a los intereses de la nación y es ahí donde este Congreso
cobarde y genuflexo debe actuar.
La
revista Semana no le puede hacer un montaje al presidente de esconder millones
de pesos en males y quedar como si nada, como si fuese un chiste flojo y de mal
gusto.
El
columnista Felipe A, Priats, nos recordó en una de sus opiniones que, Cuando
Daniel Ellsberg filtró los “papeles del Pentágono” al New York Times, en 1971,
este periódico fue hasta la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos
para defender su publicación. Acá, en nuestro caso en Colombia, Gabriel
Gilinski tiró la toalla con un comunicado moderado de Petro publicado en
Twitter y agrega:
“Ahora
lo que toca hacer es introducir legislación para regular esos
“lanzaderos-de-mierda” de los grupos económicos, porque, tal como dice Bill
Gates, el periodismo se acabó, ya no existe.
Y de
Murdoch y su Imperio mediático mejor no hablo, porque no hace falta. Una corte
de los Estados Unidos le acaba de meter casi un billón de dólares de multa por
difamación”
¿Si en
Estados Unidos “¿Modelo” de nuestras libertades se puede, Colombia tiene que
estar sometida esta pesadilla?
Felipe
advierte además en su columna: “La primera pregunta que yo me hago no es si la
libertad de prensa está amenazada, sino si Vicky Dávila califica como
periodista y si “Semana” califica como medio periodístico, y mi respuesta es un
rotundo “NO” a ambas preguntas”
En síntesis,
lo que necesitamos es una legislación firme y clara que le quite la patente de corso
a los empresarios de la mentira y la difamación, esos que hoy se arropan bajo
una falsa libertad de expresión.
Urabá/julio/
2023.


