El erario colombiano fue diseñado desde la colonia para ser saqueado a través del tiempo por los políticos de turno que arman sus grupos para tal efecto.
Luis Fernando
Uribe*/Opinión/El Pregonero del Darién.
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| Médico/Juan Fernando Uribe. |
Desde la colonia nos llegan las raíces de la corrupción. En el libro de Max Weber "La ética protestante y el espíritu del capitalismo" vemos como para el reformado luterano el trabajo es una dignificación del amor a Dios, mientras que en la concepción colonial católica del cristianismo los únicos que deberían sufrir las penurias del tener que "conseguir el pan con el sudor de la frente", son los pobres criollos, indios, negros y esclavos al contrario de las élites blancas, para quienes mediante leyes y reformas, hicieron de la expoliación de los dineros públicos un derecho prácticamente inalienable, de ahí que aún sean ellos los representantes de la llamada "Corrupción Competente" en la que amparados en obras de carácter suntuario justifican el robo al erario conservando una imagen de pulcritud y eficiencia entre sus mismos áulicos convencidos de una probidad ajena a toda sospecha.
El caso de los hermanos Nule, representantes de esa élite blanca costeña, es claro ejemplo- -tuvieron además la osadía de demandar al Estado- e incluso con el reciente escándalo de Oscar Iván Zuluaga y todo su grupo de beneficiados con los sobornos de Odebrecht, es más que notorio. Dicen que su confesor y amigo del Opus Dei le tranquilizó efectivamente la conciencia fortaleciéndole el ánimo para tener el valor no aceptar los cargos - a pesar de las pruebas contundentes en su contra- y así tener la desfachatez de iniciar un proceso, que, en el caso de la justicia colombiana, alcanza un 97% de impunidad.
Ya Oscar
Iván - buen bailarín él- iniciará toda una pelea con abogados y trapisondas con
la fiscalía amiga para quedar libre con su hijo - filósofo de Harvard- y
tratar, porque ya nunca lo logrará, de conservar una imagen de honesto y "
transparente" como un celofán opaco.
El erario colombiano fue diseñado desde la colonia para ser saqueado a través del tiempo por los políticos de turno que arman sus grupos para tal efecto, y que según ganancias, persisten o se retiran, ahora también en contubernio con las mafias del narcotráfico que dio origen a toda una cultura de la corrupción que permeó todos los estamentos de la sociedad y produjo, para nuestra desgracia, una aceptación constitutiva de una idiosincrasia que en lugar de condenar, admira - entre perdones y disimulos-, la osadía de los más inteligentes para acceder a las mieles del delito.
No se concibe que un buen muchacho hijo de
fervientes católicos "temerosos de Dios" y bien educado sea un
delincuente, menos un ladrón y que haya pretendido ser presidente de un país
donde el 40% de su población padece hambre y exclusión.
La dádiva del perdón en Colombia a veces sofoca la razón al hacernos entrar al mundo de un surrealismo extraño: se roban más de 50 billones al año y nadie dice nada, se caen edificios, puentes y carreteras y todo sigue en paz; llega Aida Merlano con las pruebas de la corrupción del clan Char, y toda Barranquilla prefiere pasear por el nuevo malecón o babearse con los centros comerciales construidos con sus dineros mal habidos; sale de la cárcel un bandido como el Ñoño Elías y todo el pueblo le hace venias y lo lleva en andas.
Se roban todas las dependencias del Estado y
quiebran a miles de ahorradores, y lo único que vemos es a los culpables
terminando de cumplir unas condenas irrisorias en sus mansiones
campestres. Se cae el edificio Space - y
otros veinte más-, y la ignominia persiste sólo en un lote lleno de ruinas y en
un pleito eterno contra los estafados.
La ley
se hace para violarla con otras leyes, todo está dispuesto para que las élites
y ahora los advenedizos emergentes del narcotráfico y sus nuevos representantes
en la política, -todos esos muchachos avispados y "entucadores" como
se denominan entre ellos- accedan al erario para acabar con él falsificando
títulos, robando aquí o allá, ideando artimañas, soltando dádivas a medida que
se acercan las elecciones, incluso disputando al inicio de sus administraciones
el manejo de entes como las Empresas Públicas para después convertirlas en
fortines burocráticos para seguir robando o hacer de ellas víctimas de la
incompetencia de directivos improvisados.
Siempre
he dicho que es mejor votar por un burgués ilustrado honesto - que parece NO
existir- que, por un advenedizo de las
clases populares educado con hambre, hambre que en nuestro medio se traduce, no
en deseo de superación y servicio, sino en agallas para depredar y
enriquecerse.
*Médico Pediatra.


