sábado, 8 de julio de 2023

Una gran pregunta para el comisionado de paz

Esa mesa heroicamente levantada por el "atrevimiento" y generosidad de los pastores de la iglesia, requería que todas las demás instituciones estuvieran allí.

Luis Alfonso Ossa/Opinión/ El Pregonero del Darién.

Médico/Luis Alfonso Ossa B.
Dónde estaba el Estado cuando la Iglesia Católica bajo el liderazgo de sus obispos  había logrado , de manera increíble hasta ese entonces, sentar en la mesa del diálogo a las radicales bandas de la violencia urbana en Buenaventura, las mismas que se   nutren del narcotráfico  en general y  en particular del microtráfico, el mismo que es el culpable en primera instancia de esas fronteras "invisibles" que se van visibilizando con la sangre y los cadáveres que se producen  en la tarea de conservar cada banda su propio mercado de narcóticos en pequeña escala.

Esa mesa heroicamente levantada por el "atrevimiento" y generosidad de los pastores de la iglesia, requería que todas las demás instituciones estuvieran allí ofreciendo a estos jóvenes de supervivencia incierta las alternativas económicas que fueran sustituyendo el narcotráfico de las bandas como única fuente de sustento.

Pero aun así, sin ese acompañamiento , la Iglesia  heroicamente  logró mantener  increíblemente esa mesa ,esos muchachos enemigos a ultranza, lograron permanecer sentados en esa mesa por varios meses  hablando de paz apoyados en entelequias   porque nunca apareció el Estado para ofrecerles alternativas productivas reales que por lo menos les proporcionara a esos muchachos de la mesa y sus familias, los recursos económicos mínimos  que ya no vendrían del microtráfico porque  habían renunciado a este en aras de borrar las fronteras invisibles y por tanto a reducir los índices de asesinatos y secuestros.

Entendería  la lección la burocracia estatal para que por lo menos en adelante acuda  a sentarse allí de primera en el intento de volver a trabajar, con el liderazgo de la Iglesia, para que las gentes de Buenaventura comiencen a recuperar esa seguridad que hoy en día los tienen confinados en medio de una precarización total de su supervivencia, poniendo  sobre la mesa, como debe hacerlo el Estado, las alternativas económicas mínimas que proporcionen los ingresos necesarios para que esos jóvenes y sus familias puedan efectivamente prescindir poco a poco de los ingresos que el microtráfico les ha garantizado por años.