viernes, 28 de julio de 2023

¡No más policías ni soldados muertos!

En el país está muriendo asesinado un policía cada 36 horas y no cesará esta tragedia hasta cuando un gobierno sensato establezca un diálogo serio y estable para acabar con este horror.

Juan Fernando Uribe*/Opinión/El Pregonero del Darién.

Médico/Juan Fernando Uribe
La lucha guerrillera es eficaz, incombatible, la mayoría de las guerras se han ganado con sus estrategias. Esa lucha es sagaz, intermitente, a mansalva, espontánea, desde el monte y en la oscuridad.

El guerrillero no camina en grandes destacamentos, lo hace en pequeños grupos, pero siempre en contacto con otros que medran en el monte o en la guarida para coordinar acechanzas, ataques o acciones terroristas llamadas a despertar el temor en sus víctimas, o la indignación en sus enemigos de escritorio y sala de juntas.

El guerrillero está acostumbrado a las inclemencias, al invierno y a los bombardeos, mira desde la espesura el movimiento del ejército y planea el ataque o la incursión. Destruye y arrasa, luego se esconde, activas trampas y es experto confundiendo al adversario, pues conoce el monte y sus caminos, sus animales y su flora, se cura con bebedizos, es amigo de los indígenas y se mimetiza como lo hace el "hombre solo".

La lucha contra la guerrilla siempre será desigual, pues cuentan con la ventaja de la sorpresa y el asedio. Contemplan desde la distancia el batallón del ejército o el caserío.  Sólo son víctimas ocasionales del ataque aéreo, pero las bajas son pocas y no menguan su accionar pues los actuales jefes son nacidos y criados en su seno y tienen el material genético guerrillero pues se han alimentado de su misma sangre y del dinero del narcotráfico que los torna aguerridos y carroñeros, ávidos de sangre y desquite, además protectores de laboratorios y cultivos, dispuestos a guerrear y matar a quien ose disputarles el poder.

Los antiguos jefes murieron o abandonaron la lucha romántica, ahora el objetivo es mantenerse como reyes del narcotráfico y conservar un territorio que, a fuerza de historia y combate, les pertenece.

Grandes guerras se han ganado con base a la lucha guerrillera, recordemos la más famosa: Vietnam, donde arrodillaron después de treinta años de lucha la pretensión francesa y la agresión imperialista de los Estados Unidos; Cuba, donde un puñado de muchachos logró derrocar todo un régimen apoyado por la mafia gringa.

Incluso las primeras confrontaciones de nuestra independencia cifraron sus triunfos en la guerra de guerrillas que implantó el Libertador en su famosa Campaña Admirable, recorriendo y asolando. En esos mismos años el pueblo español derrotaba la invasión napoleónica con una ardorosa contraofensiva de tipo guerrillero.

Pelear contra las guerrillas no tiene fin, menos ahora cuando cuentan con el dinero derivado del narcotráfico que los hace invencibles. Seguir empecinado en combatirla es una falacia y es exponer al campesino y a la juventud colombiana, a la muerte, a habitar una tumba profunda y horrible, llena de restos de muchachos inocentes que solo luchan por sobrevivir.

En el país está muriendo asesinado un policía cada 36 horas y no cesará esta tragedia hasta cuando un gobierno sensato establezca un diálogo serio y estable para acabar con este horror. No más hermanos policías muertos, no más dolor, por favor.

 El buen vivir

La filosofía del Buen Vivir es todo un tratado. Se debe precisar de un mínimo ético para una comunicación efectiva como pilar básico de toda acción democrática. Construir una sociedad a partir de la redención de las necesidades básicas velando por la dignidad y fortaleciendo la existencia de un Estado protector, es imprescindible.

El Contrato Social, la vigilancia del acecho del Leviatán que se apoderó del mundo para sembrar la inequidad, el desamor y la guerra.

La llamada Condición Humana no es pretexto para permitir la expresión de los más brutales instintos. No hay justificación para la guerra y el hambre más allá de la maldad para obtener un triunfo. Ni tampoco para destruir el mundo, menos para odiar y competir. Educar en el amor y el respeto.

Suena cursi, infantil y utópico pero la distopía consecuente por si sola amerita el intento. Pero no se hace, sólo se vocifera y se incide produciendo más distopía, más inequidad, más guerra y más miseria.

El Síndrome del Condominio, el encerrarse como el avestruz para conservar un sitio de confort, sin importar el precio o la flexibilidad para que la codicia actúe.

*Médico pediatra.