En el país está muriendo asesinado un policía cada 36 horas y no cesará esta tragedia hasta cuando un gobierno sensato establezca un diálogo serio y estable para acabar con este horror.
Juan
Fernando Uribe*/Opinión/El Pregonero del Darién.
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| Médico/Juan Fernando Uribe |
El guerrillero no camina en grandes destacamentos, lo hace en pequeños grupos, pero siempre en contacto con otros que medran en el monte o en la guarida para coordinar acechanzas, ataques o acciones terroristas llamadas a despertar el temor en sus víctimas, o la indignación en sus enemigos de escritorio y sala de juntas.
El
guerrillero está acostumbrado a las inclemencias, al invierno y a los
bombardeos, mira desde la espesura el movimiento del ejército y planea el
ataque o la incursión. Destruye y arrasa, luego se esconde, activas trampas y
es experto confundiendo al adversario, pues conoce el monte y sus caminos, sus
animales y su flora, se cura con bebedizos, es amigo de los indígenas y se
mimetiza como lo hace el "hombre solo".
La lucha contra la guerrilla siempre será desigual, pues cuentan con la ventaja de la sorpresa y el asedio. Contemplan desde la distancia el batallón del ejército o el caserío. Sólo son víctimas ocasionales del ataque aéreo, pero las bajas son pocas y no menguan su accionar pues los actuales jefes son nacidos y criados en su seno y tienen el material genético guerrillero pues se han alimentado de su misma sangre y del dinero del narcotráfico que los torna aguerridos y carroñeros, ávidos de sangre y desquite, además protectores de laboratorios y cultivos, dispuestos a guerrear y matar a quien ose disputarles el poder.
Los antiguos jefes murieron o
abandonaron la lucha romántica, ahora el objetivo es mantenerse como reyes del
narcotráfico y conservar un territorio que, a fuerza de historia y combate, les
pertenece.
Grandes guerras se han ganado con base a la lucha guerrillera, recordemos la más famosa: Vietnam, donde arrodillaron después de treinta años de lucha la pretensión francesa y la agresión imperialista de los Estados Unidos; Cuba, donde un puñado de muchachos logró derrocar todo un régimen apoyado por la mafia gringa.
Incluso las primeras confrontaciones de nuestra independencia
cifraron sus triunfos en la guerra de guerrillas que implantó el Libertador en
su famosa Campaña Admirable, recorriendo y asolando. En esos mismos años el pueblo
español derrotaba la invasión napoleónica con una ardorosa contraofensiva de
tipo guerrillero.
Pelear
contra las guerrillas no tiene fin, menos ahora cuando cuentan con el dinero
derivado del narcotráfico que los hace invencibles. Seguir empecinado en
combatirla es una falacia y es exponer al campesino y a la juventud colombiana,
a la muerte, a habitar una tumba profunda y horrible, llena de restos de
muchachos inocentes que solo luchan por sobrevivir.
En el país está muriendo asesinado un policía cada 36 horas y no cesará esta tragedia hasta cuando un gobierno sensato establezca un diálogo serio y estable para acabar con este horror. No más hermanos policías muertos, no más dolor, por favor.
El buen
vivir
La filosofía del Buen Vivir es todo un tratado. Se debe precisar de un mínimo ético para una comunicación efectiva como pilar básico de toda acción democrática. Construir una sociedad a partir de la redención de las necesidades básicas velando por la dignidad y fortaleciendo la existencia de un Estado protector, es imprescindible.
El
Contrato Social, la vigilancia del acecho del Leviatán que se apoderó del mundo
para sembrar la inequidad, el desamor y la guerra.
La llamada Condición Humana no es pretexto para permitir la expresión de los más brutales instintos. No hay justificación para la guerra y el hambre más allá de la maldad para obtener un triunfo. Ni tampoco para destruir el mundo, menos para odiar y competir. Educar en el amor y el respeto.
Suena cursi, infantil y
utópico pero la distopía consecuente por si sola amerita el intento. Pero no se
hace, sólo se vocifera y se incide produciendo más distopía, más inequidad, más
guerra y más miseria.
El
Síndrome del Condominio, el encerrarse como el avestruz para conservar un sitio
de confort, sin importar el precio o la flexibilidad para que la codicia actúe.
*Médico
pediatra.

